La dislexia ha sido tradicionalmente asociada a las dificultades lectoras, lo que ha condicionado su comprensión y la respuesta educativa del alumnado. Sin embargo, los avances muestran que puede implicar procesos lingüísticos y repercutir en el desarrollo de la competencia comunicativa. Este artículo reflexiona sobre las implicaciones de esta perspectiva en la enseñanza de Lengua Castellana y literatura en Educación Secundaria Obligatoria. Se analizan dificultades relacionadas con la comprensión, el vocabulario, la conciencia morfológica y la expresión escrita, así como la necesidad de superar un modelo centrado exclusivamente en la compensación. Desde un enfoque inclusivo y basado en el Diseño Universal para el Aprendizaje, se plantean estrategias que favorecen el acceso al lenguaje y la participación del alumnado, como el trabajo del vocabulario y la morfología, los apoyos multimodales, el andamiaje de la escritura y la diversificación de la evaluación.


Palabras clave:

Dislexia, Competencia Comunicativa, Educación Inclusiva, Conciencia Morfológica, Dificultades Lingüísticas


Dyslexia has traditionally been associated with reading difficulties, which has shaped how it is understood and the educational response provided to pupils. However, recent research suggests that it may involve linguistic processes and have an impact on the development of communicative competence. This article reflects on the implications of this perspective for the teaching of Spanish language and literature in Compulsory Secondary Education. It analyses difficulties relating to comprehension, vocabulary, morphological awareness and written expression, as well as the need to move beyond a model focused exclusively on compensation. From an inclusive approach based on Universal Design for Learning, strategies are proposed that promote access to language and pupil participation, such as work on vocabulary and morphology, multimodal supports, writing scaffolding and the diversification of assessment.


Keywords:

Dyslexia, Communicative Competence, Inclusive Education, Morphological Awareness, Language Difficulties


1. Introducción

En muchas aulas de educación secundaria, cuando un alumno se niega a leer en voz alta, necesita más tiempo para terminar una tarea escrita o comete muchas faltas de ortografía, la explicación suele parecer evidente: «Tiene dificultades para leer, será dislexia». Esta asociación, profundamente arraigada en el imaginario educativo, ha contribuido a identificar la dislexia casi exclusivamente con los problemas de lectura. Sin embargo, reducirla a esta única dimensión implica dejar fuera una parte importante de la realidad que viven los estudiantes en la asignatura de Lengua Castellana y Literatura (Serna Pinto, 2023).

 Durante años, los conocimientos científicos sobre la dislexia han experimentado una notable evolución (IDA, 2025). Lejos de considerarse únicamente como una dificultad relacionada con la lectura, en la actualidad se reconoce como una condición que puede afectar a distintos procesos implicados en el uso y aprendizaje del lenguaje. Esta perspectiva invita a dejar atrás las explicaciones simplistas y a considerar cómo estas dificultades pueden manifestarse también en la comprensión, el desarrollo del vocabulario, la reflexión sobre la lengua o la expresión escrita.

Esta evolución plantea una cuestión especialmente relevante para el profesorado de Lengua Castellana y Literatura. Si la dislexia afecta a diferentes aspectos de la competencia comunicativa, ¿es suficiente aplicar adaptaciones centradas únicamente en facilitar la lectura o ampliar el tiempo para realizar las tareas? Probablemente no. Comprender la naturaleza lingüística de la dislexia también obliga a revisar la manera en que enseñamos, planificamos las actividades y acompañamos los procesos de aprendizaje.

Desde este enfoque, el presente artículo reflexiona sobre las implicaciones de una concepción amplia de la dislexia en la enseñanza de Lengua Castellana y Literatura en la Educación Secundaria Obligatoria. Para ello, se abordan las dificultades lingüísticas que pueden trascender la lectura, la necesidad de avanzar hacia un modelo inclusivo y algunas estrategias para favorecer la comprensión, el vocabulario, la expresión escrita y la participación del alumnado. Así, la inclusión se plantea como una oportunidad para repensar la enseñanza de la lengua desde la diversidad y favorecer el aprendizaje de todo el grupo-clase.

2. La dislexia en la competencia comunicativa

La finalidad de la asignatura de Lengua Castellana y Literatura es desarrollar la competencia comunicativa del alumnado, entendida como la capacidad de comprender, interpretar, producir e intercambiar mensajes de manera eficaz en diferentes contextos y mediante distintos códigos. Este objetivo va más allá del aprendizaje de la lectura y la escritura como habilidades instrumentales, ya que también implica ampliar el vocabulario, reflexionar sobre el funcionamiento del lenguaje, construir discursos coherentes y participar de manera crítica en las prácticas comunicativas propias de la sociedad actual (Ley orgánica 3/2020; Real Decreto 217/2022).

Desde esta perspectiva, considerar la dislexia exclusivamente como una dificultad para leer resulta insuficiente para explicar los desafíos a los que se enfrenta el alumnado en el aula de Lengua. Aunque las dificultades para reconocer las palabras de manera precisa y fluida siguen siendo una de sus manifestaciones más características, la investigación de los últimos años ha puesto de manifiesto que la dislexia afecta a distintos procesos implicados en el lenguaje, lo que explica que sus repercusiones se extiendan a diversas y variadas dimensiones la competencia comunicativa (International Dyslexia Association [IDA], 2025; Serna Pinto, 2023).

La actualización de la definición propuesta por la Asociación Internacional de Dislexia (2025) supone un avance significativo en este sentido. Sin abandonar su origen neurobiológico, la dislexia se entiende ahora como una condición relacionada con alteraciones en la arquitectura del código lingüístico y en los procesos morfofonológicos que intervienen en el aprendizaje del lenguaje escrito. Asimismo, esta definición reconoce su carácter multifactorial y la variabilidad con la que se manifiesta en cada persona, alejándose de las interpretaciones homogéneas que durante años limitaron la comprensión de la dislexia a un único perfil de dificultades. En la misma línea, Serna Pinto (2023) defiende que el análisis de la dislexia debe abordarse desde cierta perspectiva que explique la interacción entre los diferentes niveles del lenguaje y su repercusión en la comunicación.

Esta visión permite comprender por qué las dificultades del alumnado con dislexia no se limitan a la lectura. En el contexto de la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, pueden surgir obstáculos para acceder al significado de palabras poco frecuentes, establecer relaciones entre palabras de una misma familia léxica, reconocer regularidades morfológicas o planificar y revisar una producción escrita. Del mismo modo, la comprensión de textos complejos puede verse condicionada por la carga lingüística que presentan, especialmente cuando exigen integrar información, inferir significados o manejar un vocabulario académico específico (Garayzábal y Codesido, 2015; Rello, 2018). Estas dificultades no aparecen con la misma intensidad en todo el alumnado ni responden a un patrón único, pero ponen de manifiesto que la dislexia afecta a un conjunto de procesos que sustentan el desarrollo de la competencia comunicativa.

Estas implicaciones adquieren una especial relevancia durante la Educación Secundaria Obligatoria. En esta etapa, aumentan las demandas lingüísticas del currículo y el alumnado debe enfrentarse a textos más complejos, contenidos más abstractos y actividades que requieren analizar el funcionamiento de la lengua, interpretar diferentes tipologías textuales y producir discursos cada vez más elaborados. Como señala Paniagua Martín (2018), el paso a la educación secundaria supone, en muchos casos, un punto de inflexión para el alumnado con dislexia, ya que las estrategias compensatorias desarrolladas durante la educación primaria dejan de ser suficientes ante el incremento de las exigencias académicas.

Esto pone de manifiesto que la dislexia no puede entenderse únicamente como una dificultad asociada a la lectura, sino como una condición que puede influir en el desarrollo de la competencia comunicativa en su conjunto. Esta idea es especialmente significativa para el profesorado de Lengua Castellana y Literatura, ya que les invita a reconsiderar el significado de enseñar lengua en un aula diversa. Si las dificultades afectas a diversos procesos lingüísticos, la respuesta educativa no puede limitarse a facilitar el acceso a los textos escritos, sino que debe incorporar estrategias que favorezcan la comprensión, la reflexión sobre la lengua y el uso funcional del lenguaje por parte de todo el alumnado. Sobre esta premisa se articula el siguiente apartado, dedicado a analizar cómo una perspectiva inclusiva puede contribuir a transformar la enseñanza de la asignatura.

2.1. Una nueva comprensión de la dislexia

Durante décadas, la dislexia se ha identificado principalmente con las dificultades para aprender a leer y escribir. Esta visión, centrada en la capacidad de reconocer palabras de manera precisa y fluida, ha hecho que la respuesta educativa se haya orientado, en gran medida, a mejorar la decodificación y la precisión lectora. Aunque este enfoque permitió importantes avances en la identificación y el apoyo al alumnado, también favoreció una comprensión parcial de la dislexia al reducirla con frecuencia a un problema vinculado casi exclusivamente a la lectura. Como consecuencia, otros procesos implicados en el funcionamiento del lenguaje han recibido mucha menos atención, tanto en la investigación como en la práctica educativa (IDA, 2025; Serna Pinto, 2023).

En los últimos años, los avances científicos han ampliado significativamente esta concepción. La actualización de la definición publicada por la Asociación Internacional de Dislexia (IDA) en 2025 mantiene que la dislexia es una dificultad específica del aprendizaje de origen neurobiológico, pero introduce elementos que la enriquecen. Entre las principales novedades, se reconoce la arquitectura del código lingüístico como un componente esencial para explicar las dificultades del aprendizaje del lenguaje escrito, se incorpora el procesamiento morfológico como uno de los mecanismos implicados y se considera la dislexia como una condición multifactorial cuya manifestación puede variar de una persona a otra. Además, la nueva definición elimina la exigencia de una discrepancia entre el cociente intelectual y el rendimiento lector para su identificación, lo que refleja un consenso científico que apuesta por modelos más ajustados a la diversidad de perfiles del alumnado (IDA, 2025).

Esta evolución conceptual ha encontrado un importante respaldo en la Lingüística Clínica, disciplina que estudia las alteraciones del lenguaje desde el análisis de sus distintos componentes. Desde esta perspectiva, para comprender la dislexia hay que atender a la interacción entre los procesos fonológicos, morfológicos, ortográficos y léxico-semánticos que intervienen en la comunicación y en el aprendizaje, superando las interpretaciones que se centran únicamente en la lectura (Garayzábal y Codesido, 2015). En este sentido, Serna Pinto (2023) sostiene que la dislexia debe entenderse como una dificultad que afecta al procesamiento del lenguaje, y que su complejidad solo puede explicarse considerando el funcionamiento conjunto de estos procesos lingüísticos.

Este cambio de paradigma es especialmente relevante en el ámbito educativo. Si la dislexia ya no se concibe exclusivamente como una dificultad lectora, también es necesario revisar la forma en que se interpreta y se aborda en las aulas. En la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, en la que el aprendizaje se centra en el desarrollo de la competencia comunicativa, este nuevo enfoque invita a ampliar la perspectiva sobre las necesidades del alumnado y a reconocer que las dificultades pueden manifestarse en una variedad de tareas relacionadas con el uso del lenguaje. Precisamente estas implicaciones se analizan en el siguiente apartado, dedicado a explorar cómo la dislexia puede influir en las diferentes dimensiones de la competencia comunicativa.

2.2. La dislexia más allá de la lectura

Comprender la dislexia desde una perspectiva lingüística implica reconocer que sus repercusiones van más allá del aprendizaje inicial de la lectura y afectan a muchas otras tareas que forman parte de la enseñanza de la Lengua Castellana y Literatura. En la Educación Secundaria Obligatoria, el alumnado debe interpretar textos cada vez más complejos, ampliar su vocabulario, reflexionar sobre el funcionamiento de la lengua y producir discursos orales y escritos adecuados a diferentes contextos comunicativos. Todas estas actividades requieren la participación de procesos lingüísticos que pueden versos comprometidos en el alumnado con dislexia, incluso cuando haya adquirido un nivel lector funcional (Serna Pinto, 2023; Paniagua Martín, 2018).

Una de las primeras dificultades suele apreciarse en la comprensión de textos. Con frecuencia, el esfuerzo que exige identificar y procesar la información escrita reduce los recursos cognitivos disponibles para construir el significado global del texto, realizar inferencias o relacionar ideas. Esto puede provocar que el alumnado comprenda fragmentos aislados, pero tenga dificultades para interpretar el mensaje en su conjunto o para identificar la intención comunicativa del autor. En Secundaria, donde predominan los textos expositivos, argumentativos y literarios cada vez más complejos, estas demandas aumentan considerablemente (Rello, 2018; Paniagua Martín, 2018).

Otro aspecto especialmente relevante es el desarrollo del vocabulario. La adquisición de nuevas palabras depende en gran medida de la experiencia lectora y de la capacidad para establecer relaciones entre su forma y su significado. Cuando este proceso resulta costoso, el crecimiento del léxico puede producirse de forma más lenta, lo que dificulta la comprensión de conceptos académicos y la utilización de un vocabulario preciso en las producciones orales y escritas. Desde esta perspectiva, trabajar el vocabulario deja de ser una actividad complementaria para convertirse en un elemento esencial del aprendizaje lingüístico (Serna Pinto, 20232).

La investigación reciente también ha puesto el foco en el papel de la conciencia morfológica, entendida como la capacidad de identificar, comprender y manipular la estructura interna de las palabras. Aunque la intervención en dislexia ha priorizado tradicionalmente el trabajo sobre la conciencia fonológica, diversos estudios señalan que la reflexión sobre la morfología también es un recurso muy valioso para el aprendizaje lingüístico, especialmente en etapas como la educación secundaria, cuando el vocabulario académico se vuelve más complejo (Serna Pinto, 2023). Comprender cómo se forman las palabras mediante raíces, prefijos y sufijos, reconocer las relaciones entre las familias léxicas o inferir el significado de términos desconocidos a partir de su estructura no solo favorece la ampliación del vocabulario, sino que también mejora la comprensión lectora y la producción escrita (Garayzábal y Codesido, 2015). Desde esta perspectiva, la morfología deja de ser un contenido exclusivamente gramatical para convertirse en una herramienta que facilita el acceso al significado y fortalece el desarrollo de la competencia comunicativa.

Además, estas dificultades pueden manifestarse en la expresión escrita. Organizar las ideas, seleccionar el vocabulario adecuado, mantener la coherencia del discurso y revisar un texto son procesos que exigen coordinar múltiples habilidades lingüísticas y cognitivas de manera simultánea. Estas manifestaciones no se deben a una falta de conocimientos sobre el contenido, sino a la dificultad que supone coordinar los distintos procesos implicados en la escritura (Rello, 2018).

Esta realidad invita a replantear la manera en que se interpretan muchas de las dificultades observadas en el aula. Un estudiante con dislexia puede comprender el contenido de una explicación oral, pero encontrar obstáculos al enfrentarse a un texto con un vocabulario muy específico, conocer un concepto, pero tener dificultades para expresar sus ideas por escrito con la precisión esperada o necesitar más tiempo para identificar las relaciones entre palabras de una misma familia léxica. Entender estas situaciones permite evitar interpretaciones simplistas, como atribuirlas a una falta de interés o de esfuerzo, y orienta al profesorado hacia respuestas educativas más ajustadas a las necesidades reales del alumnado (Rello, 2018; Serna Pinto, 2023).

 

3. La enseñanza de la lengua ante las dificultades lingüísticas asociadas a la dislexia

 

Comprender que la dislexia trasciende las dificultades lectoras también implica asumir que la respuesta educativa no puede limitarse a facilitar el acceso a la lectura o a aplicar adaptaciones puntuales. Si las investigaciones actuales muestran que esta condición puede influir en diferentes procesos implicados en el desarrollo de la competencia comunicativa, resulta necesario revisar la forma en que se enseña Lengua Castellana y Literatura. Esta revisión no implica abandonar las medidas de apoyo que ya han demostrado su eficacia, sino integrarlas en una planificación más amplia que tenga en cuenta la diversidad del alumnado desde el principio (Asociación Dislexia y Familia [DISFAM], 2023; Angulo et al., 2019).

Este planteamiento está en consonancia con los principios de la educación inclusiva y del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que proponen anticiparse a la diversidad mediante propuestas flexibles y accesibles, en lugar de intervenir únicamente cuando surgen dificultades. Desde este enfoque, la planificación debe ofrecer diferentes vías para acceder a la información, participar en las actividades y expresar lo aprendido, de modo que las características individuales del alumnado no supongan una barrera para el aprendizaje (Pastor, Sánchez y Zubillaga, 2014). En la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, este enfoque es especialmente pertinente, ya que el desarrollo de la competencia comunicativa exige movilizar diferentes formas de comprender, producir e interpretar el lenguaje.

Adoptar una perspectiva lingüística implica prestar atención no solo a cómo se presenta la información, sino también a los procesos lingüísticos que se trabajan y a la forma en que se trabajan. La comprensión del lenguaje, el desarrollo del vocabulario, la reflexión sobre la estructura de las palabras y la producción escrita son aprendizajes propios de la materia que pueden convertirse en oportunidades para reducir barreras y favorecer un aprendizaje más significativo. Así, la atención a la diversidad no se concibe como una intervención paralela dirigida exclusivamente a estudiantes con dislexia, sino como una forma de enriquecer la experiencia de aprendizaje de todo el grupo-clase. Esta conexión entre conocimiento lingüístico, inclusión y práctica docente constituye precisamente uno de los ejes de la propuesta desarrollada en este artículo (Serna Pinto, 2023; Garayzábal y Codesido, 2015).

Desde esta perspectiva, el reto no consiste únicamente en preguntarse qué necesita un estudiante con dislexia para superar una determinada dificultad, sino también en analizar qué barreras pueden estar generando la propia propuesta de enseñanza y cómo pueden reducirse desde su diseño. Esta cuestión nos lleva a pasar de un modelo centrado fundamentalmente en la compensación de las dificultades a una concepción más inclusiva de la enseñanza. Posteriormente, se abordarán algunas estrategias que permiten concretar este cambio en el desarrollo de la competencia comunicativa.

 

3.1. Del modelo compensatorio a una enseñanza inclusiva

 

Durante años, la atención educativa del alumnado con dislexia se ha basado principalmente en medidas compensatorias para facilitar su acceso a las tareas escolares. Entre estas medidas se encuentran la ampliación del tiempo de realización, la reducción de la cantidad de texto, la adaptación de determinados materiales, la evitación de la lectura en voz alta no preparada y la aplicación de condiciones diferentes para realizar una prueba (Angulo et al., 2019; DISFAM, 2026). El problema surge cuando estas medidas constituyen prácticamente toda la respuesta educativa y se aplican una vez que la dificultad ya se ha manifestado.

La cuestión, por tanto, no es dejar de adaptar, sino ampliar la forma de entender la adaptación. Una enseñanza inclusiva comienza antes de que aparezca la dificultad: al seleccionar los textos, diseñas las actividades, explicar los contenidos y decidir cómo podrá demostrar el alumnado lo que ha aprendido. El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) parte precisamente de esta idea y propone anticiparse a la diversidad ofreciendo diferentes formas de implicación, representación, acción y expresión (Pastor, Sánchez y Zubillaga, 2014; CAST, 2024). Así, no se diseña primero una actividad «general» y después otra para el alumnado con dislexia, sino que se procura que la propuesta inicial incorpore distintas posibilidades de acceso y participación.

En la clase de Lengua Castellana y Literatura, este cambio puede concretarse en decisiones muy sencillas. Por ejemplo, antes de comenzar la lectura de un texto, el profesor puede anticipar el vocabulario que previsiblemente supondrá una dificultad, presentar su significado mediante ejemplos y relacionarlo con palabras que el alumnado ya conoce. En una actividad de comprensión, puede proporcionar un organizador que ayude a identificar las ideas principales antes de solicitar una respuesta por escrito. Al trabajar un contenido gramatical, puede acompañar la explicación verbal con ejemplos visuales y modelos resueltos. Y, cuando se solicite una producción escrita, se puede proporcionar previamente una estructura, preguntas guía o un ejemplo del tipo de texto que se espera producir. Estas decisiones no reducen el nivel de exigencia, sino que hacen explícito el camino que conduce al aprendizaje.

También es posible diversificar las formas de participación sin modificar necesariamente los contenidos curriculares. Un alumno puede demostrar que ha comprendido un contenido mediante una explicación oral, una producción escrita, una representación visual o una combinación de diferentes formatos, siempre que la forma elegida permita evaluar el aprendizaje adquirido. Esta flexibilidad es especialmente relevante en la asignatura de Lengua, donde no se debe confundir la dificultad para expresar por escrito un conocimiento con la ausencia de este. Ofrecer diferentes vías de expresión permite distinguir mejor entre lo que el alumno sabe y las barreras que puede encontrar al comunicarlo (CAST, 2024).

Esta perspectiva también afecta a la evaluación. Una enseñanza inclusiva no implica evaluar menos, sino garantizar que las condiciones de evaluación permitan valorar de manera efectiva la competencia que se pretende evaluar. Si el objetivo de una actividad es comprobar la comprensión de un texto, por ejemplo, es conveniente que las dificultades mecánicas de lectura o escritura no oculten por completo la capacidad del estudiante para interpretar su contenido. Por ello, pueden combinarse diferentes procedimientos de evaluación, incorporar momentos de revisión, proporcionar instrucciones claras y dividir en partes las tareas más complejas. Estas medidas son coherentes con una concepción de la evaluación como parte del propio proceso de aprendizaje y no solo como un momento final de calificación (DISFAM, 2023).

El cambio de modelo también afecta a la manera de interpretar las dificultades del alumnado. Ante un estudiante que tarda mucho en completar una actividad escrita, comete errores recurrentes o necesita más apoyo para comprender una consigna, no debemos limitarnos a preguntar «¿qué le ocurre?», sino que también debemos preguntarnos «¿qué barrera presenta esta tarea y cómo puedo reducirla?». Este enfoque redistribuye parte de la responsabilidad desde el estudiante hacia el diseño de la situación de aprendizaje y permite buscar soluciones que no dependan exclusivamente de adaptaciones individuales. De este modo, la inclusión se convierte en una responsabilidad compartida y en una característica de la propia práctica docente.

Todo ello no significa que dejen de ser necesarias las medidas individualizadas. El alumnado con dislexia puede necesitar apoyos específicos y ajustes acordes a sus necesidades. La enseñanza inclusiva no busca homogeneizar al alumnado ni eliminar la atención individualizada, sino combinar ambas perspectivas: diseñar propuestas accesibles para todos y proporcionar apoyos específicos cuando sean necesarios. Este planteamiento coincide con los principios de inclusión y atención a la diversidad recogidos en la normativa educativa vigente (Ley Orgánica 3/2020; Real Decreto 217/2022).

Por tanto, la transición de un modelo compensatorio a una enseñanza inclusiva no consiste en sustituir unas medidas por otras, sino en cambiar el enfoque. En lugar de esperar a que un alumno se enfrente a una barrera para buscar después una solución, se trata de anticipar la diversidad y diseñar el aprendizaje teniendo en cuenta dicha diversidad desde el principio. En el caso de la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, este cambio adquiere una especial importancia, ya que permite no solo facilitar el acceso a los contenidos, sino también trabajar de manera más consciente los procesos lingüísticos que sustentan la comprensión y la expresión. Desde esta perspectiva, pueden plantearse estrategias concretas para desarrollar la competencia comunicativa y favorecer la participación de todo el alumnado.

3.2. Estrategias para desarrollar la competencia comunicativa

Una vez asumida esta perspectiva, el siguiente paso consiste en aplicarla a las actividades cotidianas del aula. No se trata de aplicar un programa específico para el alumnado con dislexia, sino de incorporar prácticas que faciliten el acceso al lenguaje y que, al mismo tiempo, favorezcan el desarrollo de la competencia comunicativa de todo el grupo. Para ello, es fundamental trabajar de manera explícita los procesos lingüísticos que puedan resultar más complejos y proporcionar apoyos que permitan al alumnado avanzar progresivamente hacia una mayor autonomía (DISFAM, 2026; CAST, 2024).

Una primera línea de actuación se centra en el vocabulario y la comprensión del lenguaje. Antes de enfrentarse a un texto, puede resultar útil anticipar algunas palabras clave, activar conocimientos previos y establecer relaciones entre los términos nuevos y otros que el alumnado ya conoce. Posteriormente, estas palabras pueden organizarse en categorías semánticas, relacionarse con sinónimos y antónimos, o utilizarse en diferentes contextos comunicativos. De este modo, el vocabulario deja de trabajarse como una lista de definiciones que deben memorizarse para convertirse en una herramienta que permite comprender y utilizar el lenguaje con mayor precisión (Martínez y Hernández, 2019; Angulo et al., 2019, Change Dyslexia, 2018).

La conciencia morfológica es una vía especialmente interesante para trabajar el lenguaje en Secundaria. Al analizar cómo se construyen las palabras, el alumnado aprende a identificar raíces, prefijos y sufijos, a establecer relaciones entre palabras de una misma familia y a inferir el significado de términos desconocidos a partir de su estructura. Actividades como descomponer palabras complejas, formar nuevas palabras a partir de una raíz o construir familias léxicas pueden convertir los contenidos gramaticales en herramientas para comprender y ampliar el vocabulario. En el caso del alumnado con dislexia, este trabajo resulta especialmente interesante porque proporciona apoyos basados en la estructura de las palabras y no solo en su procesamiento fonológico (DISFAM, 2026; Serna Pinto, 2023).

También es conveniente incorporar estrategias multisensoriales y multimodales. El lenguaje puede presentarse y manipularse combinando información escrita, oral y visual, o a través de actividades en las que el alumnado participe activamente en la construcción del conocimiento. Por ejemplo, la formación de palabras o la lectura modelada permiten trabajar los contenidos lingüísticos desde diferentes vías de acceso. Estas propuestas no tienen como finalidad simplificar los contenidos, sino ofrecer más de una oportunidad para comprenderlos y consolidarlos (Change Dyslexia, 2018; DISFAM, 2026).

En el ámbito de la expresión escrita, una de las estrategias más útiles consiste en dejar de presentar la escritura como una tarea única y dividirla en fases. Antes de ponerse a escribir, el alumnado puede organizar sus ideas mediante un esquema, un mapa conceptual o un guion. Después, puede elaborar un primer borrador y, por último, revisar el contenido y la forma del texto con ayuda de una pauta. Esta separación entre planificación, redacción y revisión reduce la cantidad de procesos que deben gestionarse simultáneamente y proporciona un andamiaje que facilita la organización de las ideas (Paniagua Martín, 2018). Además, ofrecer modelos de textos, estructuras orientativas o preguntas guía permite hacer explícitas las características del producto que se espera elaborar.

La interacción oral y el aprendizaje cooperativo también ofrecen oportunidades para desarrollar la competencia comunicativa desde una perspectiva menos centrada en la producción escrita. Trabajar en parejas o pequeños grupos, distribuir roles, intercambiar ideas antes de redactar o explicar oralmente un contenido permite que el alumnado utilice el lenguaje como herramienta para construir el conocimiento. Para el alumnado con dislexia, estos espacios pueden favorecer una participación más activa y reducir la carga que supone enfrentarse de manera individual a determinadas tareas escritas. Al mismo tiempo, benefician al conjunto del grupo-clase al potenciar la escucha, la argumentación, la negociación de significados y la expresión de ideas.

Finalmente, estas estrategias deben trasladarse también a la evaluación. Si el objetivo es valorar la comprensión de un contenido y no la corrección ortográfica específicamente, los errores formales no deberían impedir que el docente identificara lo que el alumnado sabe. Para ello, se pueden combinar diferentes procedimientos de evaluación, incorporar momentos de revisión, utilizar rúbricas claras, reducir las tareas de copia mecánica y permitir respuestas orales cuando resulte adecuado. También puede resultar necesario la ampliación del tiempo y la flexibilización de algunas condiciones en función de las características individuales del alumnado (Salas Vallespir et al., 2010; Pastor, Sánchez y Zubillaga, 2014). 

 

Figura 1. Estrategias para desarrollar la competencia comunicativa en el alumnado con dislexia.      
Fuente: elaboración propia con asistencia de inteligencia artificial.

 

 Conclusiones

La dislexia nos invita a considerar el aprendizaje del lenguaje desde una perspectiva más amplia. Comprender que las dificultades de los alumnos con dislexia pueden ir más allá de la lectura permite al profesorado interpretar mejor determinadas situaciones que aparecen en el aula y evitar que se atribuyan únicamente a falta de esfuerzo, atención o motivación.

Este cambio de perspectiva también implica revisar la enseñanza. Las adaptaciones individuales siguen siendo necesarias, pero no deberían ser la única respuesta. Entre las decisiones que pueden hacer que el aprendizaje sea más accesible se encuentran anticipar las dificultades, ofrecer diferentes formas de acceder a los contenidos, trabajar de manera explícita el vocabulario y la estructura de las palabras, facilitar apoyos para la comprensión y escritura y diversificar las formas de participación.

Desde este enfoque, atender al alumnado de manera inclusiva no significa diseñar una enseñanza paralela, sino partir de la diversidad para mejorar la enseñanza de la lengua. Muchas de las medidas que facilitan su aprendizaje también pueden beneficiar al resto del alumnado y favorecer aulas más participativas, flexibles y comunicativas.

En definitiva, el reto docente no consiste únicamente en preguntarse qué necesita un alumno con dislexia, sino en preguntarse qué podemos cambiar en nuestra forma de enseñar para que todos pueden aprender y comunicarse mejor.

Referencias

  • Angulo, M. J., Ocampo, J. G., Luque, J. L., Rodríguez, M. P., Sánchez, R., Satorras, R. M., & Vázquez, M. (2019).
  • Manual de atención al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo derivadas de dificultades específicas de aprendizaje: dislexia. Junta de Andalucía.
  • Asociación Dislexia y Familia (DISFAM). (2026). Estrategias para alumnos con dislexia. DISFAM.
  • CAST. (2024). Universal Design for Learning Guidelines version 3.0. CAST.
  • Change Dyslexia. (2018). Superar la dislexia.
  • Garayzábal, E., & Codesido, A. (2015). Fundamentos de la lingüística clínica. Síntesis.
  • International Dyslexia Association (IDA). (2025). 2025 Dyslexia Definition Project. International Dyslexia Association.
  • Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación. Boletín Oficial del Estado, núm. 340, de 30 de diciembre de 2020.
  • Martínez, C., & Hernández, L. A. (2019). Guía para el éxito escolar del alumnado con dislexia. Región de Murcia.
  • Paniagua Martín, D. (2018). Naturaleza, evaluación y tratamiento de la dislexia en el aula de secundaria. Nuevos horizontes en la enseñanza de Lengua Castellana y Literatura [Trabajo Fin de Máster]. Universidad de Salamanca.
  • Pastor, C. A., Sánchez, J. M., & Zubillaga, A. (2014). Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA): pautas para su introducción en el currículo.
  • Real Decreto 2017/2022, de 29 de marzo, por el que se establece la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Secundaria Obligatoria. Boletín Oficial del Estado, núm. 76, de 30 de marzo de 2022.
  • Rello, L. (2018). Superar la dislexia. Paidós Educación.
  • Salas Vallespir, A., et al. (2010). PRODISLEX: protocolos de detección y actuación en dislexia. DISFAM.
  • Serna-Pinto, M. A. (2023). Dislexia en la etapa universitaria: una mirada desde la lingüística clínica. Revista Médica de Risaralda, 29, 1-18.

 
 
Davante
Recomiéndanos en Google +

Master Distancia, S.A.© Tel. 900 30 40 30 | Fax 976 764 110 | oposiciones@masterd.es | Av. Manuel Rodríguez Ayuso 158 (antigua Ctra. Madrid, km. 314,8) | 50012 Zaragoza, España