Los informes actuales han puesto de manifiesto que nos encontramos ante una situación social complicada. Sobre todo, en cuanto a los cambios en las relaciones entre los jóvenes, el fácil acceso a la pornografía y el incremento de la violencia de género, la homofobia y la transfobia. Consiguientemente, en los últimos años las prácticas sexuales de riesgo entre adolescentes han incrementado el doble. Algunas de las actitudes más extendidas son la reducción de uso de preservativos, la presión para realizar prácticas no deseadas, la simplificación de las relaciones interpersonales y la violencia. Estas tendencias evidencian la necesidad de una educación afectivo-sexual de calidad y adaptada a las necesidades de los adolescentes. Además, se ha demostrado como este tipo de educación promueve actitudes positivas como el uso de preservativos, la igualdad de género y las preferencias sexuales entre otras.
Palabras clave:
Educación afectivo-sexual, prevención, adolescencia, conductas sexuales de riesgo
Current reports indicate that we are facing a complex social landscape, characterized by shifting relational dynamics among youth, unrestricted access to pornography, and an increase in gender-based violence, homophobia, and transphobia. Consequently, high-risk sexual practices among adolescents have doubled in recent years. Among the most prevalent behaviours are the decline in condom use, coercion into unwanted practices, the simplification of interpersonal relationships, and violence. These trends highlight the urgent need for comprehensive, high-quality affective-sexual education tailored to adolescents' needs. Evidence shows that this educational approach fosters positive attitudes, such as consistent condom use, gender equality, and respect for diverse sexual preferences.
Keywords:
Affective-sexual education, prevention, adolescence, sexual risk behaviours
Generalmente, los programas de educación afectivo-sexual que se imparten en los centros educativos se centran en la prevención de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y los métodos anticonceptivos como herramienta de prevención de embarazos no deseados. Este enfoque obvia otros aspectos de la sexualidad como el placer, la identidad, la comunicación y los vínculos afectivos entre otros.
La educación sexual tendría que estar presente en los centros educativos desde edades tempranas, adaptadas a las necesidades y desarrollo de cada etapa, siendo de gran importancia en la adolescencia (Barriuso-Ortega et al., 2022). Durante la adolescencia pueden acontecer situaciones de riesgo causadas por las influencias entre iguales, la mayor exposición a materias aditivas (Ballester et al., 2018) y el inicio de los primeros contactos afectivos y sexuales entre otras situaciones de experimentación propias de esta etapa de desarrollo (Orte et al., 2022). Además, coincide el estadio de descubrimiento de la propia identidad y la construcción de género con una de las etapas donde más susceptible es la influencia del entorno (Orte et al., 2022; Regueira et al., 2020).
Por este motivo, es importante abordar este tema, el cual se incluye dentro del objetivo número 5 de Desarrollo Sostenible del 2030 (ODS): “Igualdad de género”, por el cual se pretende conseguir un acceso universal a la salud sexual y reproductiva entre otras (Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, 2021). Además, en España la Ley Orgánica 2/2010, de 3 marzo de salud sexual y reproductiva dicta que “el sistema educativo tiene que prever la formación en salud sexual y reproductiva como parte del desarrollo integral de la personalidad y de la formación de valores” (Aranguren et al., 2020).
En cuanto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea junto con la Organización de las Naciones Unidas por la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la necesidad de una educación afectivo-sexual con perspectiva holística. Finalmente, este marco de actuación y prevención también es impulsado por el Plan Estratégico Nacional de Prevención y Control de la infección del Virus de Inmunodeficiencia humana (VIH) y otras ITS.
En los últimos años ha crecido la preocupación por los cambios en las relaciones entre los jóvenes a causa del fácil acceso a la pornografía y el incremento de la homofobia, la transfobia y la violencia de género. Por este motivo, tanto la política como algunas asociaciones sociales han puesto interés en la educación afectivo-sexual (Sedano & Ballester, 2020).
La educación afectivo-sexual es el tipo de educación que da las herramientas necesarias para enseñar a conocerse y respetarse a un mismo y a los otros, implicando la autonomía y la gestión del cuerpo y emociones, así como aprender a querer y ser querido de manera libre. Este tipo de educación es una de las mejores estrategias disponibles que se puede estructurar en 5 líneas de trabajo: prevención, protección, participación, persecución de los delitos y promoción de la salud sexual. La investigación ha demostrado que la educación afectivo-sexual promueve actitudes positivas en cuanto al uso de preservativos, equidad de género y preferencias sexuales entre otras (Boniel-Nissim et al., 2020; Davis et al., 2021). En cuanto a la prevención, las investigaciones muestran mejores resultados con la aplicación de programas de educación afectivo-sexual que contemple habilidades relacionales y sociales, control del efecto, roles de género, toma de conciencia sobre estereotipos, relaciones familiares y comunitarias, orientación e identidad sexual, violencia sexual e interpersonal, comunicación y pensamiento crítico (Orte et al., 2022).
Un 68,8% de los adolescentes ha recibido educación afectivo-sexual, pero el 73,8% de estos han asistido a alguna charla de entre una y cuatro horas. Por lo tanto, la intensidad y el impacto de las sesiones es limitado y bajo. Coherentemente, un 66,9% de los alumnos que han recibido educación afectivo-sexual no ha quedado satisfecho y solo el 33% considera que se han respondido sus dudas, intereses o curiosidades (Milano et al., 2023).
Si casi dos tercios de los adolescentes no ha recibido una educación afectivo-sexual que corresponda con sus dudas, ¿dónde las resuelven? Entre los encuestados, las respuestas declaradas en mayoría son tres. Un 53,4% de los jóvenes afirma que acude a las amistades, un 38,2% pregunta a los padres y un 32,5% a internet (Milano et al., 2023).
Los alumnos de tercero de ESO del Colegio Concertado san Francisco de Asís de Sa Pobla (CCSFA) respondieron una encuesta sobre conocimientos y actitudes de los adolescentes en temas de sexualidad (Cabrera Gómez, 2016). En una muestra de 23 alumnos, 15 hombres y 8 mujeres, el 65,2% (15 alumnos) había recibido una o varias veces educación afectivo-sexual. La satisfacción media de los talleres fue del 6,3 sobre 10. De entre estos, tan solo 2 alumnos afirman que les ha estado muy útil, 7 alumnos afirman que les ha servido, pero no siempre, y 6 afirman que no les ha servido para nada. En definitiva, un 40% de los adolescentes de la clase de tercero de ESO considera que la educación afectivo-sexual recibida no fue útil. Estos datos están en concordancia con la situación generalizada en España.
Mayoritariamente, el grupo de estudio habla de estos temas entre ellos y poco a menudo con los padres o profesores. Concretamente, un 43,5% no habla sobre estos temas con los padres, mientras un 21,7% afirman abordar en casa el tema de forma natural.
Cuando se preguntó a los encuestados sobre la edad para empezar a tener relaciones sexuales, un 73,9% seleccionó la respuesta “cuando yo decida que estoy preparado/da”, mientras que un 26,1% afirmaban que hay una edad determinada. De entre estos, las edades indicadas serían los 18 y 20 años. El principal motivo por el cual los jóvenes quieren iniciarse en las relaciones sexuales es que todo el mundo lo hace y es lo natural (39,1%), por deseo propio (34,8%), tienen la edad (8,7%) y no quieren ser los únicos en no probarlo (4,3%) entre otros.
Analizando la tolerancia con la homosexualidad, en el aula un 26,1% de los alumnos cree que si fuera homosexual sus amistades lo desaprobarían, mientras que el 47,8% afirma que su amistad no se vería afectada si uno de sus amigos fuera homosexual. Los resultados muestran una gran tolerancia en el aula, pero indican cierto miedo al rechazo.
En las preguntas sobre ITS los alumnos mostraron una gran preocupación para ser contagiados, así como una gran preocupación o miedo por un embarazo. Curiosamente, el 30,4% de los adolescentes cree que no hay posibilidad que su pareja se quede embarazada mientras que el 39,1% considera que sería el problema más grande al cual se tendría que enfrentar.
En relación con los métodos anticonceptivos, un 13% de los alumnos afirma que las relaciones sexuales son más placenteras sin preservativo y la gran mayoría afirmó que no lo sabía (78,3%). El preservativo es considerado por un 73,9% el método más adecuado si tuvieran pareja habitual. A pesar de esto, a la encuesta se refleja un gran desconocimiento sobre métodos anticonceptivos y la protección que aportan.
En general, los resultados de la encuesta indican la necesidad de una educación afectivo-sexual adaptada a las necesidades de los adolescentes y que responda sus dudas. Además, de una dedicación y normalización del tema por parte del profesorado en los centros educativos y los padres en casa, puesto que la comunicación hoy en día todavía es escasa en temas afectivo-sexuales.
Las ITS son infecciones causadas por virus, bacterias u hongos que generalmente se transmiten durante las relaciones o contactos sexuales. Estas son cada vez más comunes entre la población y muy a menudo no presentan síntomas, dificultando su detección y diagnóstico (Ministerio de Sanidad y Consumo,2003). El año 2016, la OMS expuso que aproximadamente se registran 357 millones de casos nuevos en el año de cuatro ITS (clamidia, gonorrea, sífilis y tricomoniasis). En cuanto a las ITS víricas, se estima que alrededor de 417 millones de personas tienen el Virus del Herpes Simple (VHS) y aproximadamente 291 millones de mujeres son portadoras del Virus del Papiloma Humano (VPH). Este último es el responsable de unos 530.000 casos anuales de cáncer de cérvix (Organización Mundial de la Salud, 2016).
La situación en España no se aleja de la realidad mundial. Desde finales del siglo XX algunas ITS como la infección gonococia, la sífilis, la clamidia y el VIH están en un incremento continuo.
Según el informe de Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España (Hernando et al., 2021), las tasas de infección gonococia están en incremento desde el año 2001 (Figura 1). El año 2021 se notificaron 14.338 casos nuevos con una tasa de 32,41 por 100.000 habitantes, registrando las tasas más elevadas en Cataluña (86,90), Madrid (51,53) y Baleares (36,90) (Figura 2). La media de edad de infección son los 32 años, encontrando las tasas más elevadas entre los grupos de 25-30 años seguidas del grupo de 20-24 años. Destacando las tasas más elevadas en mujeres de entre 20-24 años y 15-19 años respectivamente.
Figura 1. Incidencia de infección gonococia en España desde el año 1995 hasta el año 2021 con número de casos y tasas por cada 100.000 habitantes (Hernando et al., 2021).
Figura 2. Incidencia de infección gonococia por Comunidad Autónoma con tasas por cada 100.000 habitantes (Hernando et al., 2021).
En el caso de la Sífilis, en 2021 se notificaron 6.613 nuevos casos con una tasa de 13,97 por 100.000 habitantes, siendo la tasa más elevada desde el año 1995 (Figura 3). En este caso, las Baleares se encuentran entre las cuatro CA con tasas más altas (17,39) (Figura 4) y el grupo de edad con tasas más elevadas fue lo de 25-35 años, seguido del grupo de 20-24 años.
Figura 3. Incidencia de sífilis en España desde el año 1995 hasta el año 2021 con número de casos y tasas por cada 100.000 habitantes (Hernando et al., 2021).
Figura 4. Incidencia de sífilis por Comunidad Autónoma con tasas por cada 100.000 habitantes (Hernando et al., 2021).
En cuanto a las infecciones por Chlamydia trachomatis nos encontramos también en una tendencia al alta con una tasa registrada de 1,66 por 100.000 habitantes en 2021 (649 casos).
En definitiva, hay una clara tendencia creciente de las ITS en España desde el año 2000, sobre todo en los grupos de edad de entre 20-25 años y con una tendencia elevada entre los jóvenes de 15-19 años (Hernando et al., 2021).
Este hecho se puede relacionar con el porcentaje de adolescentes de entre 15-18 años que afirman haber mantenido relaciones sexuales. Este porcentaje ha incrementado pasando del 26% en 2002 al 35% en 2018. El incremento va acompañado de una disminución en el uso de preservativos. El año 2002 el 83% de los adolescentes afirmaban emplear preservativos, mientras que en 2018 solo el 75% lo confirman (Ministerio de Sanidad, 2022).
La pornografía convencional es aquella que se distribuye en papel y formato video en varios establecimientos como sex-shops o comercios. Esta pornografía todavía existe, pero no podemos compararla con el volumen y el impacto de la Nueva Pornografía en línea (NPO). Según Ballester et al., (2018) la NPO tiene cinco características: buena calidad de imagen (1), asequible (2), accesible (3), sin límites (4), anónima o con interactividad (5).
El fácil acceso a la pornografía ha hecho que se convierta en un componente más dentro de la sexualidad del adolescente (Ballester & Orte, 2019; Merlyn et al., 2020), donde cada vez el consumo de pornografía es más temprano y accesible entre los adolescentes.
La NPO es actualmente mucho más extrema y enseña una imagen sometida de la mujer y una versión violenta de la sexualidad. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) expone que la pornografía de acceso libre actual tiene un impacto sobre la integridad y el bienestar de los adolescentes, constituyendo uno de los principales medios de difusión sexista y promotor de la violencia de género (Milano et al., 2023).
Además, el consumo de esta tiene un impacto directo sobre las conductas sexuales y las relaciones de género constituyendo una de las causas del acrecentamiento de la desigualdad de género. La NPO normaliza la descontextualización de la sexualidad, la simplificación de las relaciones interpersonales y las prácticas de riesgo entre otros (Ballester & Orte, 2019; Milano et al., 2023).
La evidencia científica ha encontrado una relación entre las conductas de riesgo por la salud de los jóvenes y las conductas aprendidas por la pornografía (Ballester & Orte, 2019). El año 2016, se publicó un metaanálisis que mostró una correlación positiva entre el consumo de pornografía y la comisión de actos de agresión sexual tanto físicos como verbales, siendo estos últimos los de mayor asociación. Como cualquier comportamiento, la agresión sexual es causada por una confluencia de factores y muchos consumidores de pornografía no son sexualmente agresivos. Ahora bien, el estudio evidencia que las personas que consumen pornografía con más frecuencia tienen más probabilidad de tener actitudes que conduzcan a la agresión sexual que aquellas personas que consumen con menor frecuencia la pornografía (Wright et al., 2016). De igual manera, en 2018 se encontraron evidencias de que lo la aparición de violencias de género se asocia significativamente al consumo habitual de pornografía (Ybarra & Thompson, 2018). La educación afectivo-sexual es una estrategia imperativa para fomentar las relaciones libres, igualitarias y prevenir las violencias machistas (Milano et al., 2023; Orte et al., 2022).
Según la encuesta del Instituto de la Juventud de España (INJUVE) realizada en 2020, un 33% de los jóvenes de España declara no haber visto pornografía nunca, de entre los cuales casi la mitad de las mujeres afirman no haber visto frente al 15,3% de los hombres que dicen lo mismo. Los hombres consumen más pornografía y con más frecuencia, siendo un 50% de los entrevistados los que miran pornografía al menos una vez en la semana. Además, uno de cada tres jóvenes se inspira en la pornografía como modelo por sus relaciones sexuales, incluidos el 32% de los hombres y el 24% de las mujeres.
En cuanto al nivel educativo, entre los encuestados se observó como medida que se incrementa el nivel educativo es menos probable que se declare la pornografía como fuente de inspiración. Este hecho nos conduce a corroborar el papel fundamental de la educación en temas de sexualidad entre los jóvenes (Dirección general del INJUVE & Observatorio de la juventud el España, 2021).
Según la Real Academia Española (RAE) la violencia de género es “la violencia física o psicológica cometida contra una mujer que es o ha estado mujer del agresor o está o estaba ligada a él por una análoga relación de afectividad”, mientras que la agresión o violencia sexual es aquel “delito que consiste en la realización de actos atentatorios contra la libertad sexual de una persona empleando la violencia o la intimidación”. Esta es una forma de violencia muy extendida en la sociedad que generalmente es ejercida por las parejas o exparejas y en grado más bajo por personas con las cuales no han mantenido ningún tipo de relación (CIS, 2023).
Según el estudio realizado por la Delegación del Gobierno por la Violencia de género en 2018, un 59,2% de la población cree que las desigualdades de género son menores que hace diez años, de los cuales un 65,4% de los hombres y un 53,3% las mujeres lo consideraban (CIS, 2023). Cinco años después, con la encuesta llevada a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2023 sobre la violencia sexual contra las mujeres vemos que un 67,8% de los españoles cree que ahora las desigualdades entre hombres y mujeres son menores que hace diez años. En este porcentaje encontramos el 81,9% de las personas de entre 18-24 años y el 74% de personas de entre 25-34 años. A pesar de la creencia de una menor desigualdad, un 67,5% de las mujeres consideran que aún las desigualdades son muy grandes o bastante grandes (CIS, 2023). Cómo vemos, los porcentajes en 2023 han incrementado 8,6 puntos respecto al año 2018.
Por lo que respecta al chantaje por la difusión de videos o fotografías de carácter sexual, es considerado inaceptable por el 97,5% de los españoles. A pesar de estos datos, el 73,7% considera que se trata de prácticas bastante extendidos al país. Siendo las mujeres de entre 18 y 24 años las que piensan que más extendidas están (82,7%) (CIS, 2023).
Por otro lado, en 2018 un 43% de la población rechazaba la violencia sexual mientras un 6,1% de la población toleraba esta violencia. Por ejemplo, en una de las preguntas un 83,3% de los entrevistados mostraban su desacuerdo con la afirmación “Si una mujer es agredida sexualmente estando borracha tiene parte de culpa por haber perdido el control”, por lo tanto, el 16,7% se mostraron de acuerdo con la afirmación. Curiosamente, a medida que incrementa el nivel de formación, el porcentaje de personas que rechazan la violencia sexual incrementa. En general, estos datos reflejan un elevado porcentaje de españoles que toleran la violencia sexual (CIS, 2023).
En cuanto a la evolución global de los delitos contra la libertad e indemnidad sexual, en 2021 se produjo un incremento, con una tendencia al alta en delitos de abuso, agresiones sexuales, exhibicionismos, delitos de prostitución y abuso sexual. Pasando de los 2.855 casos de agresiones sexuales (con penetración o sin) en 2015, a 4.456 casos en 2021 (López et al., 2021).
El currículum educativo de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) está regido por la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la cual se Modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE).
En el curso de tercero de ESO, el área de Biología y Geología tiene por finalidad el estudio y el análisis científico y afectivo de la sexualidad. Concretamente, se pretende que el alumnado “comprenda la importancia de las prácticas sexuales responsables y desarrollen rechazo hacia actitudes de discriminación basadas en el género o la identidad sexual”. De entre los saberes básicos del curso, los que explícitamente permiten trabajar la educación afectivo-sexual son los siguientes:
El actual currículum apuesta por la educación afectivo-sexual y le da un espacio en el aula en la asignatura de Biología y Geología. A pesar de esto, hay que tener en cuenta que la transmisión de estos contenidos dependerá de la motivación e implicación del profesorado.
La educación afectivo-sexual se puede transmitir a partir de dos tipos de intervención: metodología expositiva o metodología participativa. La metodología expositiva se basa en la exposición y la explicación del contenido. Esta permite la difusión de conocimiento sobre la sexualidad humana pero estableciendo una relación profesor-alumno donde los alumnos tienen que asimilar los contenidos. Por otro lado, la metodología participativa implica una relación horizontal y promueve la producción de conocimiento y la reflexión. Algunos estudios han demostrado que este es el método más efectivo para enseñar sobre sexualidad puesto que capta la atención y genera cambios de comportamiento en los adolescentes (Torres-Cortés et al., 2023) .
Una revisión sistemática evidencia que una de las claves por que la educación afectivo-sexual sea efectiva en adolescentes es la contextualización significativa de las experiencias de los estudiantes y la reflexión. Dinámicas como el debate abierto y el intercambio de experiencias personales pueden hacer que los contenidos de los programas sean mucho más relevantes y comprensibles por los estudiantes. Este tipo de metodología fomenta el pensamiento crítico y la conciencia crítica sobre los temas tratados (Sell et al., 2023). Por otro lado, la gamificación también es un método innovador que puede potenciar comportamientos saludables y cambiar aquellos comportamientos sexuales de riesgo (Haruna et al., 2018).
Conclusiones
Los estudios e informes actuales han puesto de manifiesto que nos encontramos ante una situación bastante complicada. Tal como hemos ido viendo a lo largo de todo el trabajo, el incremento en conductas de riesgo y violencias sexuales entre la sociedad española pueden ser consecuencia explícita de una educación afectivo-sexual insuficiente, poco adaptada y tradicional. Los datos tendrían que preocupar el suficiente a las instituciones y organismos nacionales y autonómicos para implantar en los centros una educación afectivo-sexual que tenga por objetivo prevenir y educar a las nuevas generaciones en una sexualidad digna, libre e igualitaria.
En el ámbito autonómico disponemos de un programa de educación afectivo-sexual actualizado en cuanto a contenido pero poco innovador, con poca potencialidad práctica y de carácter voluntario. La educación afectivo-sexual no tendría que depender de la motivación e implicación del profesorado, sino que tendría que ser de carácter obligatorio. Favorablemente, al nuevo currículum educativo del área de Biología y Geología se contemplan algunos saberes relacionados con la educación afectivo-sexual. Por otro lado, la manera en la cual se trabajen estos saberes básicos y el énfasis que se dé en el aula todavía depende del profesorado responsable. Ante estas limitaciones, sería importante disponer de propuestas educativas que permitan trabajar la educación afectivo-sexual dentro del área de Biología y Geología.
En el futuro se tendría que incluir transversalmente la educación afectivo-sexual en todas las etapas educativas y adaptados a las necesidades de cada edad. Idealmente, esta tendría que trabajarse de manera obligatoria dentro de una asignatura propia impartida por personal formado en la materia. Esta actuación tendría que tratarse de carácter urgente en relación con el paradigma social actual.
Referencias