Este artículo analiza de manera crítica la creencia de que "cuanto antes, mejor" en el aprendizaje de segundas lenguas (L2) en el contexto escolar. Al comparar a niños/as y adultos/as, los estudios científicos indican que, cuando el tiempo de exposición es limitado, personas adultas y adolescentes adquieren estructuras sintácticas y léxicas más rápidamente. Esta ventaja se atribuye a su madurez cognitiva, habilidades de análisis metalingüístico, funciones ejecutivas y procesamiento dual de la información. Sin embargo, los adultos enfrentan diversos obstáculos, como la ansiedad y un filtro afectivo elevado, que restringen su producción oral. La conclusión es que el éxito en el aprendizaje de idiomas no solo está determinado por la edad biológica, sino por su interacción con el tipo de input, el ambiente del aula y el diseño instruccional. Asimismo, se sugiere la necesidad de avanzar hacia modelos pedagógicos que sean andragógicos, constructivistas y centrados en tareas, adaptados a las necesidades de desarrollo del estudiante.
Palabras clave:
Edad, adquisición de segundas lenguas, aprendizaje explícito, aprendizaje implícito, contexto
This article critically analyses the belief that ‘the earlier, the better’ when it comes to second language (L2) learning in a school context. By comparing children and adults, scientific studies indicate that, when exposure time is limited, adults and adolescents acquire syntactic and lexical structures more quickly. This advantage is attributed to their cognitive maturity, metalinguistic analysis skills, executive functions and dual information processing. However, adults face various obstacles, such as anxiety and a high affective filter, which restrict their oral production. The conclusion is that success in language learning is determined not only by biological age, but by its interaction with the type of input, the classroom environment and instructional design. Furthermore, it is suggested that there is a need to move towards pedagogical models that are andragogical, constructivist and task-centred, tailored to the learner’s developmental needs.
Keywords:
Age, second language acquisition, explicit learning, implicit learning, context
A lo largo de los años, la adquisición de segundas lenguas (ASL) siempre ha estado condicionado por el factor edad. Se entiende como una premisa de corte neurobiológico que se establece como una ventaja temporal, delimitada por la lateralización cerebral y pérdida de plasticidad cortical (Pfenninger, S. E., & Singleton, D. 2023). Esta ventaja temporal se ha visto reflejada en el famoso “cuanto antes, mejor”, cuya implicación se ha observado cada vez más en la introducción de las lenguas extranjeras en etapas cada vez más tempranas (Muñoz, C. 2021b; Wu, 2022).
El gran mito que la ciencia ha desmentido es creer que aprender un idioma en una clase funciona exactamente igual que aprenderlo de forma natural, como cuando emigras a otro país (Pfenninger & Singleton, 2023). En una clase típica de un colegio y donde solo hay dos o tres horas lectivas a la semana, la edad a la que empiezas no es lo más importante. Lo que realmente marca la diferencia es cómo se organiza la clase, además de las estrategias de estudio que usa el/la alumno/a y la calidad del material que recibe por parte del profesor/a (Muñoz, C. 2021a). De hecho, cuando el tiempo es tan limitado, ocurre un fenómeno muy conocido: los estudiantes mayores aprenden más rápido (Muñoz, C. 2021a). Esto les da a adolescentes y adultos una gran ventaja al principio del aprendizaje, ya que logran avanzar a un ritmo mucho más acelerado y retienen mejor las reglas y estructuras complejas del idioma que están aprendiendo (Murphy & Unsworth, 2022; Pfenninger & Singleton, 2023).
Es por ello que el objetivo de este artículo es revisar las investigaciones más recientes para desmontar el mito de que el cerebro adulto ya no sirve para estudiar idiomas, destacando las verdaderas fortalezas que existen al aprender una nueva lengua en estas edades. A lo largo del mismo, se analizará cómo los/as adultos/as combinan su capacidad natural para absorber patrones sin darse cuenta o aprendizaje implícito con lógica y razonamiento para entender las reglas o aprendizaje explícito (Andringa & Curcic, 2021; Ge et al., 2025). Asimismo, se analizará la memorización del vocabulario, cómo y cuándo usar la lengua materna (L1) como una herramienta estratégica favorable, y de qué manera la ansiedad y la presión del entorno afectan en el avance (Chen & Liu, 2026; Lauta & Ramos, 2025).
Por último, se plantearán diversas propuestas prácticas para la enseñanza. La meta es dejar de ver al adulto como un estudiante con desventajas (Murphy, V. A., & Unsworth, S. 2022). En efecto, se evitará ver al/la niño/a como un/a adulto/a pequeño/a o al/la adulto/a como un/a alumno/a lento/a. Por el contrario, se buscará impulsar las capacidades particulares que cada etapa de la vida ofrece (Blanco Navarro, 2024; Butler, 2022).
La idea de que la infancia posee un privilegio biológico exclusivo para aprender idiomas es considerada hoy en día por los especialistas como un mito excesivo. En su principal análisis, Wu (2022) examina cómo influye la edad en el aula. Asimismo, concluye que esta no actúa sola, sino que se combina con factores del entorno, la metodología y la psicología del estudiante. De hecho, Wu (2022) cuestiona la aplicación de la Hipótesis del Periodo Crítico en las escuelas, argumentando que las virtudes naturales como la pronunciación o la imitación de los/as niños/as se diluyen debido a las pocas horas de clase que ofrecen los planes de estudio.
Ahora bien, el cerebro adulto cuenta con mecanismos cognitivos que compensan cualquier cambio en su plasticidad, garantizando un aprendizaje efectivo. Siguiendo esta línea, un estudio longitudinal de Pfenninger y Singleton (2023) desacredita el peso y la importancia de la edad al demostrar que variables como el diseño del plan de estudios, la actitud emocional del alumnado y la calidad del idioma al que está expuesto influyen mucho más en el resultado final que los años que tenga al comenzar.
La velocidad con la que se interioriza la gramática y el vocabulario demuestra que aprender una lengua extranjera en un entorno académico difiere del desarrollo de la lengua materna. Mientras que en la etapa de la infancia exige una inmersión intuitiva y prolongada de gran cantidad de horas para deducir el funcionamiento del idioma, el/la estudiante adulto/a utiliza sus capacidades cognitivas avanzadas para procesar y aplicar reglas casi de inmediato. Esto reduce notablemente el tiempo necesario para avanzar en el aula (Murphy & Unsworth, 2022; Vermeer & van de Guchte, 2024).
Como afirman en el análisis llevado a cabo por Ge et al. (2025), los resultados indicaron que el cerebro es capaz de detectar patrones y aprender el idioma “de oído” a cualquier edad. De hecho, los/as estudiantes adultos/as pueden seguir aprendiendo una lengua de forma natural, desmintiendo así el mito de que los/as adultos/as no pueden aprender un idioma igual de “rápido” y de bien que los/as niños/as.
Según Andringa & Muñoz (2021b), los/as adultos/as son capaces de entender las reglas gramaticales casi de inmediato si su explicación es clara y concisa. En consecuencia, los/as adultos/as tienen una gran ventaja: combinan su capacidad natural de aprender "de oído" con su lógica y razonamiento. Al juntar estas dos destrezas, logran aprender un idioma de forma mucho más eficiente en poco tiempo.
La ciencia actual diferencia entre la velocidad en la que se aprende un idioma y el nivel que se alcanza. Según Carme Muñoz (2021a), en las clases de pocas horas a la semana, los/as adolescentes y adultos/as aprenden mucho más rápido que los/as niños/as. Asimismo, se demuestra que los/as alumnos/as mayores aprovechan mejor cada clase, ya que usan el pensamiento lógico y estrategias mentales para entender reglas difíciles en una fracción del tiempo que un/a niño/a necesita repitiendo juegos (Murphy & Unsworth, 2022; Vermeer & van de Guchte, 2024).
En resumidas cuentas, Pfenninger y Singleton (2023) señalan la necesidad de desmentir el mito de la edad, demostrando que los/as adultos/as aprenden más rápido gracias a un cerebro maduro, con más memoria y mejor capacidad de organización. Asimismo, Vermeer y van de Guchte (2024) afirmaron que la capacidad de los/as adultos/as para analizar el lenguaje les permite entender y usar reglas gramaticales complejas de inmediato. En cambio, los/as niños/as aprenden el idioma de forma natural, lo que requiere mucho tiempo y ejemplos que una clase escolar al uso no les puede dar debido a la falta de horas, entre otros factores.
Esta diferencia se debe a que el cerebro infantil necesita una exposición constante y repetitiva para absorber el idioma de forma natural, algo que una escuela no puede ofrecer por falta de horas. Por el contrario, los/as adultos/as aprovechan el entorno del aula de manera mucho más eficiente, en la que su madurez mental y su capacidad de análisis se utilizan para procesar la información rápidamente y obtener resultados avanzados en poco tiempo (Muñoz, 2021b; Pfenninger y Singleton, 2023).
Por un lado, Şafak y Hopp (2025) investigaron cómo procesan los errores los/as niños/as y los/as adultos/as mediante tareas que activan estructuras gramaticales en la mente. Sus resultados demostraron que ambos grupos procesan los errores de forma muy diferente: los/as niños/as aprenden las reglas del idioma de manera natural y sin darse cuenta. En cambio, los/as adultos/as necesitan apoyos y explicaciones que les hagan pensar conscientemente en la estructura de las palabras y las oraciones (Zhang et al., 2025).
Esto significa que las clases para adultos/as funcionan mucho mejor cuando se les explican claramente las reglas de la gramática y se les advierte sobre las trampas o confusiones comunes (Şafak & Hopp, 2025). De esta forma, los/as adultos/as usan su capacidad de análisis para convertir el error en un dato útil que les ayuda a mejorar su nivel de idioma (Şafak & Hopp, 2025).
Por otro lado, aprender un idioma va mucho más allá de simplemente conseguir comunicarse, ya que es una herramienta clave para el crecimiento personal a cualquier edad. Zhang et al. (2025) compararon el impacto de este aprendizaje en distintas etapas de la vida. Descubrieron que, en la infancia, las clases deben centrarse por completo en el desarrollo de las emociones, la empatía y la capacidad de adaptarse a otras culturas, usando el idioma para hacer amigos y socializar.
En cambio, para los/as adultos/os, aprender un idioma debe plantearse como un entrenamiento mental intenso que estimula el cerebro. Aprovechando que los/as adultos/as son muy conscientes de cómo aprenden, estudiar una lengua extranjera funciona como un escudo que protege el cerebro frente al envejecimiento, ya que ejercita la memoria a corto plazo y la concentración de una forma mucho más completa que otras actividades intelectuales (Zhang et al., 2025).
A pesar de que los/as adultos/as tienen grandes ventajas para aprender, en el día a día de las clases se nota que a muchos les cuesta hablar de forma fluida y natural. Este problema no se debe a fallas en la memoria o a que el cerebro ya no pueda cambiar, sino a factores puramente emocionales y psicológicos. De hecho, gracias a los estudios actuales sobre el cerebro, hoy sabemos que la teoría del Filtro Afectivo o la barrera emocional que bloquea el aprendizaje está más vigente que nunca (Chernovaty, 2023).
Chen y Liu (2026) analizaron cómo influye la ansiedad en el compromiso de los/as alumnos/as. Para ello, se fijaron en dos formas de manejar las emociones: la reevaluación cognitiva (cambiar la forma de pensar sobre una situación) y la supresión expresiva (esconder o reprimir lo que se siente). Los resultados demostraron que el miedo al error destruye su aprendizaje. Cuando un/a adulto/a siente que la clase es un lugar donde equivocarse significa pasar vergüenza o ser juzgado, su cerebro entra en modo de alerta. Esto bloquea la memoria de trabajo, impidiendo que entienda bien lo que escucha y que pueda construir oraciones correctamente.
El/la docente debe guiar al/la estudiante para que vea el error no como un fracaso personal, sino como un paso natural y necesario para mejorar. Aquellos/as alumnos/as que intentan reprimir o esconder su miedo y vergüenza pierden muchísima motivación y fluidez. Esto pasa porque gastan la energía mental que necesitan para hablar en intentar controlar los nervios (Chen & Liu, 2026).
En el caso de los/as niños/as, un ambiente de juego y sin estrés es vital para que aprendan el idioma de forma natural. Las emociones negativas y la tensión bloquean la memoria de los niños de forma aún más severa que en los/as adultos/as (Xu, 2025). En el caso de los/as adultos/as, un/a profesor/a empático/a ayuda a bajar las defensas emocionales, logrando que las habilidades lógicas del/la alumno/a funcionen libres de la presión y del perfeccionismo que paraliza (Chernovaty, 2023; Xu, 2025).
Antes se prohibía usar la lengua materna (L1) en clase, pensando que las palabras se debían aprender solo por el contexto. Sin embargo, se ha demostrado que esto no es tan efectivo gracias a la Teoría de la Codificación Dual y los estudios del cerebro (Seyyedrezaei & Shahir, 2024).
Por un lado, Seyyedrezaei y Shahir (2024) descubrieron que aprender palabras sueltas o sin contexto falla a largo plazo a cualquier edad, pero que niños/as y adultos/as necesitan ayudas totalmente opuestas. Los/as niños/as necesitan estímulos visuales y físicos (por ejemplo dibujos, objetos, mímica) porque su mente entiende el mundo a través de lo que ven y tocan en el momento. En cambio, los/as adultos/as necesitan conectar lo visual con explicaciones lógicas y texto (los llamados logogens). Al darle al/la adulto/a la regla formal de la palabra, cómo se conecta con otras, se le crean caminos dobles y triples en la mente para recordar el vocabulario mucho más rápido (Seyyedrezaei & Shahir, 2024).
Por otro lado, Lauta y Ramos (2025) analizaron la literatura científica sobre los pros y contras de usar la L1 y concluyeron que es una herramienta valiosísima, siempre y cuando el/la profesor/a la use de forma planeada y estratégica. Sin embargo, los mismos autores advierten que en las clases para niños/as el uso de la lengua materna debe limitarse al máximo. Como el cerebro infantil no tiene la capacidad de comparar dos idiomas de forma abstracta, el/la niño/a usará la L1 como apoyo permanente para frenar su aprendizaje intuitivo y sabotea la necesidad de sumergirse por completo en el nuevo idioma para aprenderlo de forma natural (Lauta & Ramos, 2025).
Por lo tanto, hallazgos recientes confirman la necesidad de separar las metodologías de enseñanza para niños/as (Pedagogía) y adultos/as (Andragogía) según su madurez cerebral. Los/as niños/as progresan con juegos sonoros, repeticiones y estímulos sensoriales adaptados al desarrollo de su memoria de trabajo. Por el contrario, los/as adultos/as aprenden mediante la elaboración semántica, conectando el contenido con sus experiencias. De este modo, la Pedagogía y la Andragogía optimizan el aprendizaje al ajustar el esfuerzo mental a cada etapa cognitiva (Lauta & Ramos, 2025).
Desde otro punto de vista, mientras que los/as niños/as aceptan con entusiasmo temas imaginarios o de fantasía, el/la adulto/a pierde la motivación por completo si no ve una utilidad práctica e inmediata para su vida (Blanco Navarro, 2024). Oluwole y Cunningham (2024) explican que empezar de niño/a aprender un idioma ayuda a tener una pronunciación perfecta y fluidez intuitiva, su estudio demuestra que los/as adultos/as no están en desventaja. De hecho, recomiendan explicarle al/la adulto/a la gramática de forma directa, ya que esta transparencia acelera la comprensión de las estructuras a una velocidad que los/as niños/as no pueden alcanzar (Oluwole & Cunningham, 2024).
Aplicar a los/as niños/as el Enfoque Basado en Tareas (TBLT) diseñado para adultos/as es un grave error metodológico (Butler, 2022). Las actividades que exigen debates o dilemas lógicos fracasan en la infancia porque asumen erróneamente que los/as niños/as son adultos/as en miniatura. Para estos/as alumnos/as, las tareas deben rediseñarse por completo a través de historias fantásticas y movimientos físicos (Butler, 2022). De este modo, se respeta el desarrollo mental y emocional de cada etapa sin forzar procesos cognitivos inadecuados.
Conclusión
La revisión científica que se ha llevado a cabo entre los años 2021 y 2026 indica un elevado grado de certeza empírica, donde la edad en la adquisición de segundas lenguas ha sido malinterpretada por las teorías previas que desconocían y no tenían en cuenta el contexto instruccional.
El dogma relacionado con “cuanto antes, mejor” no tiene una base científica cuando se refiere a la aplicación precisa en entornos formales y escolarizados en un período de tiempo concreto. Por un lado, la “ventaja” neurobiológica de los/as niños/as se ve limitada por la escasez de horas lectivas. Sin embargo, los estudiantes adultos presentan algunas fortalezas a nivel cognitivo, lógico-metacognitivo que aceleran el aprendizaje sintáctico y léxico.
Por su parte, los datos recogidos confirman que el cerebro adulto conserva casi intactos sus mecanismos de aprendizaje estadístico implícito. De hecho, estos mecanismos operan perfectamente con sus capacidades explícitas declarativas. Es por ello que la etapa inicial del aprendizaje está contrastándolos científicamente; lo cual se ve saboteado por un filtro afectivo: miedo por hacer el ridículo, perfeccionismo o ansiedad a ser evaluados/as por otros/as. Por lo tanto, el éxito de la andragogía lingüística no depende de la recuperación cerebral juvenil, sino de un cambio o eliminación de las metodologías de corrección, así como una seguridad emocional.
Teniendo en cuenta lo analizado y expuesto en este artículo, es esencial dejar de tratar a los/as niños/as como adultos/as pequeños/as y a los/as adultos/as como niños/as sin habilidades. Por un lado, la pedagogía infantil debe continuar priorizando la inmersión intuitiva, el estímulo multisensorial y el juego, evitando el uso de la L1 para reforzar la adquisición de la L2. Por otro lado, la Andragogía debe plantearse como un proceso constructivista, autónomo y práctico, el cual utilice una instrucción explícita y se vuelva a restringir el uso de la L1 para mayor adquisición. Por eso, la edad no es un límite sino un elemento más para alcanzar el éxito lingüístico.
Referencias