Análisis y solución metodológica »
 

Cuando un profesor se presenta ante los alumnos con la intención de enseñar, motivar y sacudir conciencias, puede toparse  con la pared de la indiferencia.

Contrariamente a lo que puede pensar un amante de la historia, esta materia puede convertirse en una de las menos queridas por los alumnos, bien por no saber motivarlos o por utilizar metodologías casi prehistóricas. Este hecho, con el que se pueden sentir identificados varios docentes, dispone de una variante que no poseen otras asignaturas y que hace que choque con una realidad abrumadora: el consumo de ocio histórico desciende en los museos, pero, aumenta en el género audiovisual y literario.

Palabras clave

Historia, educación, metodologías activas, motivación


When a teacher introduces himself to his pupils with the aim of teaching, motivating and shaking consciences, he may run into the indifference wall.

Contrary to what a History lover could think, this subject can become one of the least loved by the students, either for not knowing how to motivate them or for using almost prehistoric methodologies.

This fact, with which several teachers can feel identified, has a variant that other subjects don't have, and that makes it collide with an overwhelming reality: the consumption of historical leisure decreases in museums, but it increases in the audiovisual and literary genre.

Keywords

History, education, active methodologies motivation


1. La problemática de la Historia

La asignatura de Historia es una de las más amadas u odiadas por los estudiantes. Por ello y para analizar esta dicotomía, en un primer lugar, se analizarán los datos propios de la materia y el interés dentro y fuera del aula, contrastándolos con el consumo de ocio histórico; esto mismo servirá de puente para comprobar el fallo metodológico de la asignatura.

Después, se analizará la motivación en el aula y la problemática del anclaje en las metodologías arcaicas por parte de los profesores.

Tras esto, se propondrá una solución metodológica que satisfaga los distintos estilos de aprendizaje.

Finalmente, se observará si estas premisas son o no aplicables al aula y si tiene una solución metodológica real y satisfactoria.

2. Los datos de la h/Historia*

Es imposible generalizar sobre el interés que supone la Historia para los alumnos sin caer en generalidades. Aun así, algunos expertos resaltan que los alumnos creen que esta asignatura “es una materia fácil, aburrida y poco útil” (Sanz, Molero & Rodríguez, 2017); para comprobar si estas informaciones que subyacen en el imaginario colectivo son ciertas, se hace imprescindible hacer un estudio analítico del problema. En este caso, se realiza una encuesta (Otero, 2020) donde se sondean a 119 personas con distintos rangos de edad y nivel de estudios sobre diversos aspectos sobre la Historia y la historia.

Un 42% coincide en la respuesta: se aburren o aburrían en clase de Historia, pese a todo, un 96,6% cree que la historia es imprescindible para comprender la actualidad sociopolítica.

Así, se procedió a consultar acerca del interés que podrían suponer los hechos históricos, un 68,10% respondieron que sí les gusta, un 25,2% solo encuentran interés en algún hecho histórico concreto y tan solo un 6,7% afirmó de forma categórica que no tiene interés alguno por la historia.

Esto, junto con la variable anterior expuesta, es uno de los datos más esclarecedores de la encuesta y que permite la afirmación: la historia, gusta y la asignatura, aburre.

Por otra parte, un 33,6% responde que su profesor no sabe o no supo motivarle, un 40,3% indicó que solo a veces y solo un 26,1% tuvo un profesor que hizo de la materia algo apasionante. Se desprende, de esta forma, un resultado desalentador: es una materia vital para la sociedad pero los profesores no son capaces de despertar el interés que la asignatura merece.

Para comprender el calado de este problema y para comprobar si la materia es o no de fácil aprobado, se observa el número de personas que aprueban la asignatura según los datos aportados por el Ministerio de Educación y Formación Profesional (2020), de ellos se extrae que en la PAU de 2019 un 27,3% de los que se presentaron a las pruebas tuvieron una calificación inferior a 5 en Historia de España; para poseer un buen contexto, se necesitan saber el porcentaje de todos aquellos examinados en el total de las asignaturas que sacaron menos de un 5, que corresponde al 26,11%. Estos datos nos llevan a responder que la dificultad de la asignatura se encuentra algo más elevada a la media. Si acudimos a los encuestados (Otero, 2020), un 82,4% indica que aprobaba la materia, por lo que menos de un 20% la suspendía.

Sin embargo, estos datos se encuentran sesgados al ser imposible comprobar los datos globales de la Educación Secundaria.

Los distintos datos aportados, contrastan con el menor interés que suponen los museos históricos en la sociedad, en los que desciende el número de visitantes (Ministerio de Cultura y Deporte); si bien no es comparable con los datos recogidos por la principal pinacoteca de España, el Museo del Prado, que asciende año a año en visitas.

Mientras tanto, en el ocio de rápido consumo, como el literario y audiovisual; las series, los libros y las películas históricas se convierten en top ventas o en las series más vistas, como el caso de la serie The Crown (Carro, 2020), que se convirtió en una de las series más vistas en el mundo con 21 millones de visualizaciones.

*Conviene diferenciar entre la historia, en minúscula, como el recuerdo colectivo del pasado y la Historia, con mayúscula, como la materia de estudio que recoge los hechos de un tiempo pretérito.

3. ¿Qué pasa con la h/Historia?

Tras observar las estadísticas, se percibe que el problema es la asignatura de Historia, no la historia en sí misma. Así, entre los encuestados se aprecia el principal problema: los profesores no son capaces de motivar a los estudiantes. El problema se encuentra en la metodología, que no es capaz de apasionar a los estudiantes, ya que, si una serie con un contenido similar sí lo es, ¿qué se está haciendo mal?

Dar clases magistrales sigue siendo la tónica en la educación; si bien es cierto que, aunque es una materia eminentemente teórica la que nos ocupa, es posible cambiar la forma de aprendizaje. Las metodologías activas deberían ser las herramientas en las que basarse para realizar un desarrollo motivacional del aula.

Hoy en día no es difícil encontrarse con profesaurus: aquellos profesores que leen el libro, recitan la lección y hacen copiar apuntes a los alumnos. Se encuentran anclados a formas de enseñanza clásicas. El motivo de este anclaje en formas educativas clásicas se puede encontrar en que muchos docentes se resisten al cambio; Lomba y Rosa (2017) indican que algunos lo hacen por estar acomodados y otros tantos por no ser capaces de cambiar la metodología acuciando a su edad.

Sin duda, estos profesaurus son aquellos que menos motivan a los alumnos, ya que solo fomentan el aprendizaje memorístico (Sáez, 2018).

Se está buscando cambiar el paradigma educativo globalizando la educación, es decir, buscando una enseñanza enriquecedora capaz de romper las fronteras. Esto solo se puede conseguir dejando atrás las metodologías más clásicas y a través de las metodologías activas. Estas, en su mayor o menor medida, buscan la motivación de los estudiantes para vertebrar su formación y hacer que se implique en ella.

Para poder ver que es aquello que suscita el interés de los estudiantes, que les mueve y remueve la consciencia, es imprescindible hacer un paseo por los distintos tipos de motivación existentes, pues no todos los estudiantes son iguales y habrá que saber despertar interés a todos ellos.

Los distintos tipos de motivación serán:

  • Extrínseca: aquella en la que se necesita algún tipo de incentivo, suelen utilizarse como forma de gratificar una buena conducta. Por ejemplo, “si apruebo, me comprarán un móvil nuevo” o “si suspendo, me castigarán”.
  • Intrínseca: no se necesita ningún estímulo adicional para llevar a cabo una tarea, se disfruta llevando a cabo una tarea.

Valero (1989), entiende que el ideal en la formación se alcanza a través de la motivación intrínseca, donde, se elimina la presión sobre el alumno. Si bien, esta premisa es cierta, ¿cómo podemos conseguir que los estudiantes disfruten llevando a cabo una tarea?

Se pregunta a los encuestados (Otero, 2020), cómo podría mejorar su motivación en clase, destaca una respuesta: mayor participación de los alumnos en el aula.

Para poder dotarlos de mayor protagonismo en clase es necesario quitárselo al profesor, nos encontramos aquí con dos puntos estratégicos: cambiar los roles del docente y del alumno. Esta será la clave metodológica, válida para cualquier materia y etapa educativa.  Por su parte, el profesor deja de ser una audioguía que recita apuntes y pasa a convertirse en un moderador que indica los pasos a seguir en la programación.

El cambio del rol del alumno es el más importante: pasa de ser el receptor del mensaje y se convierte emisor de este, convirtiéndose en coprotagonista (junto a sus compañeros) del aula.

Supone, modificar las programaciones en el aula, y convertir las actividades en el eje vertebrador del currículo; entonces, ¿cuándo se enseña la teoría?

4. Metodologías en el aula

Hablar de un solo método o estrategia a seguir en el aula es imposible; hay que programar para cada aula, entender a cada alumno y así, modificar dicha programación. Esta diversidad educativa en las aulas viene dada por los distintos tipos de aprendizaje que puede haber, Sáez (2018) diferencia entre:

  • Aprendizaje explícito: posee la intencionalidad del aprendizaje.
  • Aprendizaje implícito: distintos estímulos no intencionales lo desarrollan.

Estos a su vez pueden ser:

  • Multimedia: cuando se usan los estímulos visuales y auditivos.
  • E-learning: se utiliza aquello aprendido en la web.
  • Aprendizaje basado en la tecnología: enfocado al soporte pedagógico de las tecnologías.
  • Aprendizaje por rutina o memorístico: basado en la repetición de conceptos y textos.
  • Aprendizaje significativo: se contrapone al memorístico y busca el enlace de distintos conocimientos.
  • Aprendizaje tangencial: en él se encuadra el autoaprendizaje por motivación propia.
  • Aprendizaje activo: el alumno busca y se hace responsable de su propio aprendizaje.
  • Aprendizaje sincrónico: ocurre cuando dos o más personas se comunican de forma proactiva con la intención de aprender.
  • Aprendizaje formal: referido a la comunicación clásica entre profesor y alumno.
  • Aprendizaje asincrónico: tras llevarse a cabo la enseñanza de un tema, este se reserva para que el alumno pueda utilizarla cuando en el momento que quiera. Las asignaturas teóricas poseen una ventaja: pueden ser estudiadas en casa.

Se observa que con diversos tipos de aprendizajes y diversos tipos de alumnos es imposible hablar de una sola metodología las aulas. No obstante, una de las que aglutina más tipos de aprendizaje distintos, por permitir al docente hacer uso de otras tantas metodologías en la programación es la clase invertida o flipped classroom.

En ella, los profesores ponen a disposición de los alumnos la parte curricular teórica mediante vídeos grabados por el docente (tal y como hicieron los creadores de esta metodología, Bergmann y Sams) para que estén a disposición de los alumnos siempre que quieran. Es un híbrido entre las clases presenciales y a distancia, por ello, este modelo combina con teorías constructivistas, permitiendo que el tiempo destinado a las clases puede ser empleado en distintos proyectos y centrarse en el alumno como individuo.

El poder disponer de las horas de clase lectivas para desarrollar distintos tipos de tareas, supone la completa implicación del alumno en su formación, lo que permitirá desarrollar un aprendizaje significativo.

Una vez se dispone de más tiempo en clase, se ha de buscar cómo invertirlo, una metodología apropiada sería el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP): este sistema se basa en formular una pregunta que los alumnos deben contestar tras la investigación del tema, así, se fortalece el aprendizaje activo y el constructivista, permite realizar trabajos colaborativos y los debates.

No obstante, este tiempo en el aula puede estar destinado a proyectos, debates, preguntas o visionado de documentos audiovisuales que, sin duda, enriquecerán al alumnado y permitirá abordar a los distintos tipos de estudiantes haciendo hincapié en cada alumno como individuo, desarrollando la colaboración y el pensamiento crítico.

El flipped classroom da rienda suelta al manjar de las actividades, uso de TIC y participación en el aula; en principio parece una panacea para sortear los problemas a los que acucian los encuestados.

4. Esto no es suficiente

No basta con disponer de alumnos dispuestos a ver un vídeo en su domicilio, supone que todos ellos disponen de Internet y de tecnologías suficientes para poder visionarlos.

La crisis sanitaria de la COVID-2019 arrojó datos desalentadores: un artículo de El Diario sugiere que el 40% de los estudiantes no tenían Internet al comienzo de la pandemia. Por tanto, no tenían acceso a la docencia a distancia y traducido a un aula supone que casi la mitad de la clase no podría visionar los vídeos.

Existe una opción intermedia, una modificación del aula invertida en la que pueden existir o no los vídeos, en los que el material teórico puede ser un blog, apuntes o simplemente el libro; pero, se busca el ideal educativo, por lo tanto, grabar las clases teóricas y poner a disposición el material físico para los estudiantes que no puedan acceder a dichas clases grabadas parece una opción aceptable.

Conclusiones

Entre los docentes, parece inaceptable la idea de no usar metodologías activas, pero, lo cierto es que en ciertas asignaturas es muy común, en la encuesta realizada (Otero,2020) un 73,1% de los profesores leían el libro o solo hablaban ellos sin hacer partícipes a la clase.

El estudio se ha basado en la asignatura de Historia, por ser una materia que a priori, no parece estar diseñada para las metodologías activas; aun así, las ideas vertidas son extrapolables a cualquier otra materia.

Lo que sí parece claro, es que, en cualquier materia que se trabaje, las metodologías deben ser entendidas como instrumentos vivos y manejables, que deben adaptarse al aula y no al revés, de tal forma que, si algún componente falla (como la falta de acceso a Internet) se pueda solventar y moldear sin perder la esencia.

Sin duda, estos instrumentos vivos son un inconveniente para los profesaurus, que deben adaptarse a los cambios educativos; las metodologías activas hace tiempo dejaron de ser “nuevas metodologías”.

Referencias

Libros

  • Álvarez Marañón, G. (2012): El arte de presentar. Barcelona: Gestión 2000.
  • Sáez, J. M. (2018): Estilos de aprendizaje y métodos de enseñanza. Edición digital: UNED.
  • Sanz, P., Molero, J.M., Rodríguez, D. (2017): La historia en el aula: Innovación docente y enseñanza de la historia en la educación secundaria. Lleida: Milenio. Pp. 18.
  • Valero, J. M. (1989): La escuela que yo quiero. México D.F.: Progreso. Pp. 25 – 37.

Revistas

  • Lomba, L. & Rosa, M. (2017). “Dificultades de los docentes en los procesos de cambios en las escuelas”. Revista de Estudios e Investigación en Psicología y Educación. Vol. 5.

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