Hacia una sociedad no sexista »
11/06/2020 por María Fernández Campillo

Una educación basada en la coeducación

 

En nuestra sociedad, la diferenciación sexista afecta tanto a hombre como a mujeres, siendo sin embargo la mujer la más afectada en este campo. Se necesita hacer frente a estas desigualdades, las cuales vienen promovidas por una sociedad que estereotipa a los niños y niñas desde que son pequeños (“Los niños son fuertes y las niñas dulces y delicadas”). La finalidad de este artículo, es promocionar información sobre los términos referidos a este tema, exponer los factores que influyen en la diferenciación de los sexos, y facilitar una serie de pautas referidas a la intervención del maestro en las aulas para que no se den dichas desigualdades, así como proporcionar pautas de intervención a la escuela y a la familia.

Palabras clave

Género, estereotipo, igualdad, coeducación, respeto.


In our society, sexist differentiation affects both men and women, but women are the most affected in this field. These inequalities need to be addressed, which are promoted by a society that stereotypes children from an early age (" Boys are strong and girls sweet and delicate "). The purpose of this article is to provide information on the terms referred to this subject, to explain the factors that influence gender differentiation, and to provide a series of guidelines regarding teacher intervention in the classroom to avoid such inequalities, as well as to provide guidelines for intervention to the school and the family.

Keywords

Gender, stereotype, equality, co-education, respect.


1. Los estereotipos

Antes de definir lo que son los estereotipos, debemos partir de los conceptos de “sexo biológico”, y “género”. Según el estudio elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) (2012), el término “sexo”, hace referencia a las diferencias biológicas entre los hombres y las mujeres. En cuanto al “género”, Valdemoros y Goicoechea (2012), lo definen como “aquello que se aprende dentro de la cultura en la que nos educamos y que condiciona los valores y las creencias que se tienen, asignándonos roles diferentes según seamos mujeres y hombres y dando lugar a estereotipos”. De aquí se desprende el término “identidad de género”, que, según el estudio mencionado anteriormente, se define como “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del propio cuerpo.

En cuanto al término “estereotipo”, su definición actual es la siguiente: “Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable” (RAE, 2014). En este artículo nos centraremos en los estereotipos relacionados con el género.

Según Macrae, Milne y Bodenhausen (1944), los estereotipos funcionan como “atajos” de información a través de los cuales las personas intentan comprender el mundo que les rodea. En este caso, los estereotipos tienen una connotación positiva. Sin embargo, según Myers (1991), se ha aplicado el nombre de estereotipos a aquellas creencias y opiniones que dan origen al prejuicio, entendiendo éste como una actitud negativa hacia un grupo y hacia sus miembros. En cuanto a los estereotipos de género, suelen estar relacionados con aspectos negativos (especialmente hacia la mujer).

Cada sociedad y cada época histórica tienen unas expectativas y unos roles asignados a uno y otro sexo. Existen profesiones ligadas al sexo, al igual que comportamientos, actitudes, formas de vestir, de hablar… Algunos de estos estereotipos son conocidos, mientras que otros no se detectan tan fácilmente. Estos estereotipos marcan aspectos tan importantes como la forma de pensar de las personas desde las edades más tempranas, su forma de relacionarse, de actuar o de hablar. Afectan a ambos sexos, y promueven la diferenciación y la desigualdad, ponen etiquetas. No tienen en cuenta la individualidad de la persona, la diversidad real existente, y suelen provocar el aislamiento de quien se sale de los estereotipos establecidos.

Partiendo de estos términos, y referido al tema a tratar, Maccoby (1996), acuñó uno más, el de “tipificación sexual”. Éste se refiere a que tanto los rasgos como las características de las personas, desde la infancia, están sometidas a una clasificación que los divide en masculino o femenino. Aquí se evidencia el peso e influencia que tiene la sociedad en cuanto a la formación de ideas, valores.

Así, como explicábamos anteriormente, los hombres deben ser “fuertes, decisivos y autónomos”, mientras que las mujeres deben ser “calladas, tranquilas, sumisas y dependientes”. Hacen evidente la diferenciación entre grupos de personas, que deben comportarse acorde a un conjunto de características que se les ha asociado.

La escuela (y el hogar familiar antes que ella) debe educar en igualdad. Ya desde la etapa de la Educación Infantil, podemos combatir los principios contrarios a la igualdad entre la mujer y el hombre, y promover el respeto por las diferencias de género y de ideas, evitando discriminaciones, tanto hacia un sexo como al otro.

2. Factores que influyen en la formación de estereotipos. Lo visible y lo invisible

Según Serbin y Sprafkin (1986), los niños y niñas se comportan de forma sexualmente estereotipada porque ello les ayuda a tener más clara su identidad sexual. Sim embargo, es evidente que su entorno y la educación influyen de manera notoria en la formación de estos estereotipos. Por ello resulta de extrema importancia empezar la educación por la igualdad en la Educación Infantil.

En cuanto a los factores que influyen en el desarrollo de los estereotipos sexistas, nosotros nos vamos a centrar en aquellos relacionados con: la sociedad, los medios de comunicación, los juguetes, y el lenguaje.

2.1. La sociedad

Según la teoría del aprendizaje social de Bandura (1983), las personas juegan un papel muy activo a la hora de generar información, que luego es procesada. Toda esta información es recibida a través de la observación. Así los niños y las niñas aprenden conductas de comportamiento que observan de la sociedad siguiendo un modelo de conducta. También lo expresan así Echevarría y Pinedo (1997), que exponen que el contenido de los estereotipos de género tiene su origen en las “observaciones” que hace la gente de las actividades realizadas por hombres y mujeres, actividades determinadas en primer lugar por los roles sociales asignados a ellas.

Es por ello, que desde pequeños se les debe enseñar conductas relacionadas con la igualdad, siendo el género un concepto para diferenciar hombre de mujer, con diferentes órganos sexuales, y no una palabra para etiquetar a un género y otro. Los adultos debemos ser conscientes de que constituimos modelos de conducta para nuestros niños, y de que ellos imitarán nuestras palabras, gestos y comportamientos.

Vivimos en una sociedad que nos bombardea constantemente con mensajes que acentúan los estereotipos. Sin embargo, estos mensajes no se manifiestan siembre de forma evidente.

2.2. Los medios de comunicación. La publicidad

Los medios de comunicación ofrecen una amplia gama de conductas a imitar, y no todas ellas son positivas. Debemos ser muy cuidadosos a la hora de seleccionar los recursos audiovisuales que queramos enseñar a los pequeños, y analizar su contenido antes de presentarlo, procurando que estén exentos de discriminaciones de cualquier tipo, a no ser que queramos utilizarlas para hacer una reflexión con ellos.

En cuanto a la televisión, elemento al que nuestros jóvenes de hoy en día están muy apegados por su carácter adictivo, es un medio de comunicación que transmite mucha información de carácter cultural, pero que también es transmisor de conductas estereotipadas. Esto ocurre en ciertos programas, o películas, que cuanto más ven los niños más los desensibiliza de dichas situaciones. 

Debemos hacer una especial mención de la publicidad. La publicidad forma parte de nuestro universo socio-cultual, y es imposible de ignorar, puesto que forma parte de nuestro entorno cotidiano. Ésta influye mucho a los niños de corta edad, debido a la ausencia de espíritu crítico, lo que hace necesaria la orientación con respecto al mundo publicitario.

Los estereotipos de género suelen estar muy marcados en los anuncios publicitarios. El Consejo Audiovisual de Andalucía organizó en Sevilla una serie de ponencias y debates referidos a la regulación ética de la publicidad, y se obtuvieron una serie de conclusiones en cuanto a estos estereotipos.

En cuanto a los estereotipos femeninos, la mujer suele aparecer como la responsable exclusiva del cuidado del hogar, y especialmente del cuidado de los hijos. También aparece como una mujer capaz, que trabaja fuera de casa pero que no por ello descuida sus quehaceres en casa y con su familia. Suele ser dependiente del hombre, y ocupar puestos de trabajo de escasa responsabilidad. Además, se la presenta como una persona incapaz de controlar sus emociones, y muy inseguras de su físico, que en los anuncios siempre se puede mejorar. Por último, se exhibe su cuerpo con mucha frecuencia, considerándolo como premio al consumir ciertos productos, o relacionando juventud y belleza con el éxito. En cuanto a las niñas, éstas suelen reproducir los roles de cuidado del hogar y de los hijos (limpiando o cuidando de muñecas).

En cuanto a los estereotipos masculinos, el hombre suele mostrarse como un buen profesional, un buen trabajador, mientras que en lo que se refiere al hogar, lo muestran como alguien torpe, que necesita de la ayuda de la mujer. Es el cabeza de familia y el sustento económico, independiente, seguro de sí mismo, y con control emocional. Se le aplauden los comportamientos relacionados con el cuidado o el cariño hacia los hijos, mientras que en la mujer se dan por supuestos. En cuanto a los niños, éstos se comportan de manera desorganizada, desobediente y despreocupada, y se desvinculan de la responsabilidad del cuidado del hogar.

Sí es cierto que se ha avanzado mucho en la cuestión publicitaria en cuanto a los estereotipos, y que se ha cambiado el formato de algunos anuncios, pero todavía queda mucho que hacer.

2.3. Los juguetes

También relacionados con la publicidad, los juguetes para niños y niñas han teniendo siempre un marcado carácter estereotipado.

Así, juguetes como las muñecas (princesas y bebés que cuidar), las cocinitas, las casitas, o incluso productos de maquillaje, son los juguetes que asociamos a las niñas, mientras que a los niños se les relaciona con juguetes de acción, de lógica, estrategia, o videojuegos de estas características. Se asocia a las niñas también el color rosa, tanto para sus juguetes como para sus muebles, y a los niños, el color azul o celeste.

Ocurre lo mismo en otro tipo de recursos lúdicos, como los cuentos o libros de texto.

Los niños nacen sin etiquetas, pero poco a poco, conforme van relacionándose con su mundo social a medida que su nivel psicoevolutivo se lo permite, perciben las conductas del medio que los estereotipa, siendo incluso corregidos por los adultos cuando se salen de lo socialmente establecido o aceptado, según Martínez (2005). Esta misma autora señala que, aunque esta concepción de juguetes etiquetados “para niño o para niña” parezca ya antigua, la sociedad sigue comprando los mismos productos para uno y otro sexo.

Los propios padres son los que tienden a regalar a los niños desde que nacen juguetes designados por la sociedad para niños o para niñas. Según el estudio Actitud en niños y adultos sobre los estereotipos de género en juguetes infantiles (2009), los niños y niñas de entre 3 y 7 años relacionan los juguetes con uno u otro género, siendo esto causa de la influencia de la familia, la escuela y los medios de comunicación.

2.4. El lenguaje

Según Abranches y Carvalho (1999), el lenguaje está marcado por la historia y las estructuras de poder. El lenguaje arrastra por ello a lo largo de la historia de la humanidad múltiples expresiones sexistas en aquellas sociedades en las que se da una diferencia social entre los sexos. Podemos decir entonces que la lengua está sujeta a la cultura. La teoría sociocultural del desarrollo cognitivo de Vygotsky enfatiza la influencia que tienen las personas y la cultura que rodean al niño sobre su desarrollo, y le da un importante papel al lenguaje en la construcción del pensamiento. Por tanto, el lenguaje tiene una importancia innegable en lo que se refiere al desarrollo del pensamiento del infante. Marcará su vida, y cómo se desenvuelva en los diferentes entornos sociales.

Por otro lado, López y Encabo (2008) afirman que “en las estructuras lingüísticas no existe sexismo per se, sino que este aparece en la utilización que realizamos del lenguaje”. No se trata entonces, de las palabras que usamos, sino de la actitud y de la intención con que el hablante las reproduce.

Es necesario hacer reflexionar a los pequeños sobre ciertas expresiones estereotipadas que se pueden reproducir sin tener conciencia de ello (cuando repiten por ejemplo algo que han oído en la televisión o en casa), para conseguir que todos y todas crezcan en igualdad de oportunidades. El lenguaje se aprende y puede ser modificado.

3. El hogar

Como hemos mencionado anteriormente, los estereotipos de género son aprendidos por los niños del medio social en el que se encuentran.

La familia constituye el grupo primario de socialización, ya que, como considera Bronfenbrenner con su teoría ecológica (1979), la familia es el microsistema social más directo que influye en los niños. De este grupo se desprenden los primeros aprendizajes necesarios para desenvolverse en la sociedad en la que van a vivir los pequeños.

El hogar es el primer lugar donde debemos centrarnos para conseguir la igualdad de oportunidades, ya que es donde comienza el aprendizaje de los niños y niñas que en el futuro adoptarán los comportamientos que observen en casa en el resto de ámbitos.

Es necesario que los padres reflexionen sobre su propia experiencia, sus estereotipos ya adquiridos, para no transmitirlos a sus hijos. Los maestros, desde la escuela, debemos concienciarles de la enorme influencia que tienen sobre sus hijos, proporcionarles información sobre los estereotipos de género, y advertirles sobre las formas en las que pueden estar transmitiéndolos sin saberlo o no percatarse.

Escuela y familia deben colaborar juntos para aunar criterios y evitar discrepancias que puedan confundir al niño. Según Fariña (2009), las discrepancias pueden desestructurar el desarrollo del pequeño, negándole el alcanzar la autoestima o la imagen nítida de sí mismo, perjudicando así mismo a la sociedad donde vivirá. El objetivo será educar a nuestros pequeños evitando los prejuicios, y fomentando la igualdad y la libertad de elección (sobre su propia sexualidad, su forma de jugar, los trabajos a los que aspiren…).

Según la Guía didáctica sobre coeducación, “Vivir en igualdad” (2012), para conseguir alcanzar este objetivo, los padres o tutores deberán proporcionar a sus hijos juguetes neutros, o dejar que los niños elijan con cuáles quieren jugar, dándoles a conocer todas las opciones. Además, deberán restringir a sus hijos las películas, cortos o dibujos estereotipados, a no ser que los acompañen de una reflexión después de visualizarlos, realizando preguntas a los niños sobre ellos. Se debe proceder del mismo modo con los cuentos, o revistas, que deben transmitir valores de igualdad. Tendrán que cuidar sus actitudes en el hogar, sus relaciones entre los miembros de la familia, y establecer fluidos canales de comunicación.

Es muy interesante en el hogar, trabajar la igualdad en cuanto a las tareas del hogar, siempre muy ligadas a la mujer en nuestra sociedad. Desde pequeños, niños y niñas deben compartir la responsabilidad de realizar dichas tareas, entender el esfuerzo que supone hacerlas, lo importante que es ayudar en la casa, sin hacer distinción de géneros y lo necesario que es respetar el trabajo de otros, dando además la importancia que merece al trabajo doméstico, que no suele estar valorado en la sociedad en la que vivimos.

Así mismo es necesario educar a los pequeños en la igualdad de oportunidades en cuanto a lo laboral (un niño puede ser maestro, si lo desea, y una niña puede ser empresaria).

En cuanto al lenguaje, los niños que ya hayan entrado en contacto con otros entornos sociales, como la escuela y sus iguales, pueden adquirir un lenguaje estereotipado (“No me quiero poner ropa de este color porque José dice que es de niña”, o “No juego al fútbol porque es de chicos”). Esto no siempre es malo, pues nos servirá para detenernos sobre dichas oraciones y hacer reflexionar a los pequeños sobre lo que están diciendo. Ellos pueden, además, compartir estas reflexiones con los compañeros que portan el lenguaje estereotipado.

4. La escuela

Aunque en los últimos años se ha avanzado mucho en lo que se refiere a la igualdad de los sexos, aún es evidente que falta mucho camino por recorrer, especialmente en lo que se refiere al reconocimiento de los derechos de la mujer. La familia y la escuela son los entornos más próximos al niño, y los encargados de su educación. Los maestros debemos aprovechar la temprana edad de los alumnos para inculcarles valores de igualdad, respeto y valoración, así como la condena de conductas discriminatorias hacia cualquiera de los sexos.

¿Cómo podemos hacerlo?

4.1. El centro

En lo que se refiere a los estereotipos, debemos tener claro, que no se trata sólo de realizar actividades, establecer objetivos y contenidos, y seleccionar los recursos y los criterios de evaluación, si no que nuestra actuación va más allá. Es necesario tener en cuenta el currículo oculto. Según Maceira, el currículo oculto “consiste en aprendizajes (valores, actitudes, conocimientos, destrezas, significados, habilidades, supuestos) no explícitos y/o no intencionales que se dan en el contexto escolar”. Nos referiríamos no sólo a él currículo establecido, sino también al ambiente escolar, al lenguaje verbal y no verbal, las actividades extraescolares, normas y políticas institucionales…

La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa, expone en su artículo 1 como principios, “el desarrollo, en la escuela, de los valores que fomenten la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, así como la prevención de la violencia de género”. Además, en su artículo 127, sobre las competencias del consejo escolar, expone que éste debe “proponer medidas e iniciativas que favorezcan la convivencia en el centro, la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de trato y la no discriminación”.

Así mismo, debemos acudir al término de “coeducación”. Para Baena y Ruiz (2009) es un proceso de socialización humana centrado en las alumnas/os, considerados como grupos con igualdad de derechos y oportunidades. Se basa en la ideología de la igualdad, a la que añade la libertad y la solidaridad. Es necesario que las propuestas pedagógicas se basen en este concepto para garantizar una igualdad entre ambos sexos.

Según el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades en su publicación Educación en Igualdad, propuesta metodológica sobre coeducación (2015), sería necesario implantar un Plan de Igualdad en los centros, concibiéndolo como “el documento en el que se plasman el diagnóstico de situación, los principios orientadores, los objetivos, las actuaciones concretas y las herramientas de evaluación a través de los que se van a fomentar la educación en igualdad de mujeres y hombres en el centro educativo”. Este plan consta de tres fases: diagnóstico de igualdad en el centro, diseño e implementación del Plan de Igualdad, y seguimiento y evaluación del Plan de Igualdad. En esta misma publicación, añaden herramientas para analizar los elementos del Plan de Igualdad, y una serie de estrategias a seguir para conseguir esta educación en igualdad.

4.2. Relación escuela-familia

Como se ha mencionado anteriormente, la escuela debe colaborar estrechamente con la familia, especialmente en lo relacionado con los valores y actitudes. Los maestros deberán trabajar conjuntamente con las familias para romper estereotipos.

Como bien se expone en la Guía de Coeducación Síntesis sobre la Educación para la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres, “La familia, como agente de socialización, puede ser parte activa e impulsora de los postulados de la coeducación. Su participación, de forma coordinada con el centro, en el proceso educativo de los niños y las niñas ha de velar por la coherencia y reforzamiento mutuo de los valores y ejemplos desarrollados en ambos espacios de socialización, la escuela y el hogar”.

Para ello, la escuela debe informar a las familias sobre los planes que se lleven a cabo en el centro relacionados con la educación en la igualdad y en la no discriminación, y puede actuar como guía de las actuaciones que se pueden llevar a cabo en el mismo hogar del pequeño para promover estos valores. Como añade la Guía anteriormente mencionada, debemos “Concienciar al alumnado y sus familias de las ventajas de la coeducación como mejor modo para prevenir situaciones de desigualdad y violencia”.

La misma Guía expone algunas pautas de actuación para avanzar en la educación para la igualdad: no reproducir roles sexistas (como por ejemplo en lo relativo a las tareas del hogar, ya mencionadas anteriormente), reforzar la idea de tolerancia cero ante la violencia género, apoyar a los hijos en cuanto a sus elecciones relativas a estudios o materias optativas, fomentar el respeto hacia las diferencias y promover el diálogo para la resolución de conflictos, y trabajar en el plano afectivo para corregir modelos sexistas (niñas delicadas, niños agresivos).

4.3. El maestro

En cuanto a los maestros, debemos partir de un profesorado sensibilizado ante la discriminación. En el “Proyecto de intervención coeducativa con el alumnado de educación infantil y primeros ciclos de primaria” (2009), aparecen una serie de propuestas para los maestros respecto a la educación en igualdad. La más importante es el análisis de la actitud del profesorado, el cual puede transmitir estereotipos de género sin ser consciente. Se debe analizar su forma de tratar al alumnado, su tono de voz al dirigirse a uno u otro sexo, sus comentarios hacia los pequeños y con el resto de maestros…

También se hace hincapié en este proyecto en el lenguaje que utiliza el maestro a la hora de dirigirse a los niños, factor que como se ha mencionado con anterioridad, influye de manera significativa en la construcción de estereotipos.

En cuanto a lo que se refiere a los materiales, la LOE expone en su artículo 112 (medios materiales y humanos), que “Corresponde a las Administraciones educativas dotar a los centros públicos de los medios materiales y humanos necesarios para ofrecer una educación de calidad y garantizar la igualdad de oportunidades en la educación”. Así mismo, respecto a los libros de texto y demás materiales curriculares, en la disposición adicional cuarta, se expone que “La edición y adopción de los libros de texto y demás materiales… deberán adaptarse al rigor científico adecuado a las edades de los alumnos y al currículo aprobado por cada Administración educativa. Asimismo, deberán reflejar y fomentar el respeto a los principios, valores, libertades, derechos y deberes constitucionales, así como a los principios y valores recogidos en la presente Ley y en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”.

Los juguetes a usar en el aula deben ser analizados y seleccionados siguiendo criterios no sexistas. Además, los maestros deben procurar que todos los niños jueguen con todos los juguetes (mediante la rotación de rincones, por ejemplo).

Los maestros deberán estar en contacto continuo con la familia, pudiendo así recoger información sobre el entorno del pequeño en cuanto al hogar se refiere, y teniendo así la familia acceso a pautas para educar en igualdad.

Como actuaciones específicas podemos mencionar las siguientes: trabajar en el aula la expresión de sentimientos (no es “cosa de niñas”, los niños también pueden llorar), participación de ambos sexos en juegos que tradicionalmente se asocian a un sexo (que las niñas jueguen al fútbol, y los niños a las casitas), podemos realizar visualizaciones críticas y comentarios críticos con los niños mayores en cuanto a los estereotipos que podemos encontrar en la publicidad, haciéndoles reflexionar sobre estos aspectos, en las películas o cuentos, procurar agrupaciones mixtas, ejecución de roles masculinos y femeninos, fomentar la utilización de la comunicación oral como vehículo para la expresión de ideas y sentimientos, o llevar a cabo la lectura de cuentos que resalten valores igualitarios.

Conclusiones

Podemos entonces extraer una idea clave a partir de toda la información expuesta. La familia tiene un papel clave en la transmisión de valores, ya que está en contacto con el niño desde su nacimiento.  Su colaboración con la escuela será imprescindible para educar a los pequeños en base a unos principios de igualdad, evitando discriminaciones de cualquier tipo, fomentando valores como la empatía, el respeto, la tolerancia, y la valoración de la diversidad de opiniones. Para conseguir todo ello, la comunicación será una herramienta clave.

 

Referencias

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Legislación

  • Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación.
  • Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa.