Programa de formación para el profesorado »
11/06/2020 por Ana Isabel Del Campo Isaba

Programa Laguntza contra el acoso escolar

 

El presente artículo pretende dar visibilidad al Programa Laguntza, como programa  de intervención y prevención contra el acoso escolar.  Dicho programa surgió ante la necesidad de materializar todas las intervenciones, que desde el año 2005  abordaba la Asesoría de Convivencia junto con Inspección Educativa en la Comunidad Foral de Navarra, para hacer frente a este fenómeno.

Palabras clave

Acoso escolar, programas, prevención, intervención, convivencia positiva


This article aims to give visibility to the Laguntza Program, as an intervention and prevention program against bullying. This program arose from the need to materialize all the interventions, which since 2005 addressed the Coexistence Counseling together with Educational Inspection in the Foral Community of Navarra, to deal with this phenomenon.

Keywords

Bullying, programs, prevention, intervention, positive coexistence


1. Introducción

El acoso escolar o bullying se refiere a las situaciones de maltrato físico,  psicológico o verbal entre menores que se produce de forma reiterada tanto en el aula como a través de las redes sociales. Este último llamado ciberacoso o ciberbullying. En la actualidad los centros escolares han de enfrentarse, cada curso escolar, a este fenómeno cada vez  más frecuente. Según un informe de Save the Children de 2015, en España un 9.3% de los estudiantes considera que ha sufrido acoso en los últimos dos meses y un 6.9% se considera víctima de ciberacoso. En la encuesta realizada para el informe se preguntaba a los niños por situaciones concretas de violencia en el entorno escolar, que no tienen por qué ser casos de acoso pero que pueden llegar a serlo, y son igualmente preocupantes. Seis de cada 10 niños reconocían que alguien les había insultado en los últimos meses, de los cuales un 22,6% afirmaba que había sido de manera frecuente y más de un tercio a través del móvil o Internet. Casi un 30% de los niños afirmaba haber recibido golpes físicos, un 6,3% de manera frecuente.

Ante este hecho, tanto las Administraciones Educativas como las Comunidades Educativas, deben actuar en consecuencia con el fin de solucionar dicha situación y favorecer un clima de convivencia escolar positivo. A través del artículo abordaremos la conceptualización del acoso escolar, sus tipos, factores de riesgo y protección. Desarrollando, posteriormente la intervención frente a este fenómeno.  Centrando nuestra atención en el programa creado desde la Asesoría de Convivencia, del Departamento de Educación de Gobierno de Navarra, en colaboración con el profesor de Psicología José María Avilés. El “Programa Laguntza” surge como un programa de intervención preventivo ante esta realidad. Este principio preventivo podemos verlo como  la acción educativa que se anticipa a la aparición de problemas, y es el que  impregna los proyectos educativos. De tal forma que intervenimos en aquellos factores de riesgo antes de que aparezcan. Para ello el planteamiento de la acción preventiva debe tener en cuenta las diferencias individuales del alumnado, así como las condiciones personales y particulares que surgen  de la interacción entre iguales y su entorno físico y social.

2. Conceptualización, tipos de acoso escolar, factores de riesgo, y de protección

Olweus (2004), define el acoso escolar como una conducta de persecución  física y/o psicológica que realiza el alumno/a contra otro u otra, al que elige como víctima de repetidos ataques. Está acción, negativa e intencionada, sitúa a las víctimas en situaciones de las que difícilmente pueden salir por su propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca efectos negativos en las víctimas: descenso de la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos; lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes. 

Collel y Escudé (2006) remarcan que el acoso escolar no son confrontaciones esporádicas violentas sino que, se trata de un proceso más complejo que conlleva la ruptura de las igualdades en las relaciones entre compañeros/as, y la reestructuración de estas relaciones bajo un esquema de dominio-sumisión que perdura en el tiempo.

Como podemos ver, ambas definiciones hacen referencia a la relación  entre dos alumnos/as, en el que uno ejerce abuso de poder sobre el otro. De aquí se desprenden los protagonistas del acoso escolar.  El acosador, como la persona que ejerce acciones violentas o intimidatorias sobre la víctima en el entorno escolar. Caracterizándose por su impulsividad y necesidad de dominio, buscando a través de sus acciones el reconocimiento y la atención del grupo. Pueden presentar síntomas de ansiedad e inseguridad pero intentan no demostrarlo ya que, tienen la necesidad de ejercer control sobre los demás. Es habitual que el agresor tenga el apoyo de un grupo que sigue su conducta violenta. Como consecuencia, aprenden un modelo de

relación basado en la exclusión y menosprecio a los demás (Merayo 2013).

La  víctima, segundo protagonista,  podemos definirla como la  persona que sufre la agresión de forma reiterada por parte de un alumno/a o, un grupo de alumnos/as. Según Sullivan, Clearly y Sullivan (2005) se pueden describir tres tipos de víctimas: Pasiva, aquella que tiene un carácter sumiso y vulnerable, pocas habilidades comunicativas y presenta aislamiento y miedo en la escuela. Normalmente no pertenece a ningún grupo y no tiene vínculos de amistad con otros estudiantes. Provocadora, en este caso la víctima manifiesta comportamientos inmaduros e inapropiados. Además, entiende la provocación como una manera de relacionarse con los demás, lo que contribuye a irritar a los demás alumnos que tienden a agredirle. Acosador, se presenta cuando es víctima de acoso de alguien con más poder y,  a la vez se convierte en agresor de los más jóvenes del grupo. Puede ser acosado por sus iguales o alumnos más mayores y, en algunos casos puede ser agresor en la escuela y víctima en casa. Los espectadores, también serán protagonistas, como aquellos compañeros que presencian las situaciones de intimidación. Nos encontramos con espectadores pasivos que no intervienen y normalizan la agresión. Esta actitud pasiva de los espectadores está condicionada por no convertirse ellos en víctima.  Podemos hablar también de los espectadores activos que, o bien, refuerzan  la agresión  apoyándola porque son amigos del agresor, o defensores que ayudan a la víctima en algunas ocasiones.

Debemos tener en cuenta el factor tiempo como determinante del acoso escolar. En el sentido que son acciones que se prolongan en el tiempo no son un hecho puntual y, sobre las que habrá que intervenir desde un primer momento evitando que se convierta en algo sistemático.

En cuanto a la consecuencias, en ambas definiciones solo quedan reflejadas las relativas a la víctima, refiriéndose a un estado psicoafectivo negativo, afectando en su desarrollo, reflejado en un bajo rendimiento escolar que provoca fracaso y dificultades escolares, generando un alto nivel de ansiedad, fobia escolar, déficit de autoestima, cuadros depresivos, e incluso intentos de suicidio. La actitud de indefensión es tal, que es incapaz de controlar por sí solo las situaciones de acoso.  Podemos decir, que también existen consecuencias en la conducta del agresor. En primer lugar, lograr objetivos mediante el acoso es un aprendizaje incorrecto, que puede conllevar al desarrollo de conductas delictivas. Así como, extrapolar el éxito de sus acciones a otros ámbitos de su vida, como la familia, el trabajo, la pareja,  generalizando una conducta agresiva pudiéndose adquirir el perfil de un maltratador en potencia. Y por último, la consecuencia en los espectadores es la falta de empatía (Comité Español Unicef 2018).

A continuación clasificaremos los tipos de acoso escolar, más frecuentes (Urra 2018):

  • Físico: uno o varios agresores propinan al acosado golpes, empujones e incluso palizas.
  • Verbal: insultos, apodos, amenazas, burlas que conlleven menospreciar, y discriminar al acosado.
  • Psicológico: amenazas, chantajes, intimidación… con ello obligándole a hacer algo que no desea.
  • Exclusión social: pretenden aislar socialmente a la víctima. El agresor busca su marginación del grupo.
  • Acoso sexual: plantea poner en riesgo la integridad sexual de la víctima y se entiende como cualquier acción u omisión que amenaza de poner en riesgo o lesionar la libertad, seguridad, integridad y desarrollo psicosexual de la víctima.
  • Ciberbullying: Acoso indirecto y anónimo a través de la tecnología y las redes sociales. Graban agresiones físicas y las difunden por las redes o suplantan la identidad del acosado en las redes para publicar falsedades.

Los factores de riesgo a tener en cuenta en las conductas de acoso escolar y ciberacoso, hacen referencia a la comunidad educativa, el entorno social y cultural. Si analizamos el contexto escolar, la falta de planes de convivencia y prevención del bullying y ciberbulliyng, así como un clima escolar que no favorezca unas relaciones positivas plantean factores de riesgo. A nivel personal podemos destacar en cuanto a riesgos que pueden propiciar ser la víctima: la vulnerabilidad de la persona, la diferencia de rasgos físicos respecto a los demás, y la asunción de roles de sumisión. Por el contrario el perfil del acosador puede responder: a una personalidad irritable, bajo autocontrol, ausencia de empatía, tendencia a las conductas violentas y amenazantes, y la asunción de un rol de líder en un grupo de iguales que comparten características psicológicas parecidas. La familia va a favorecer el riesgo de acoso, cuando se presente una comunicación escasa entre los miembros de la familia, por sobreprotección familiar, desestructuración, ambientes hostiles, disciplina ruda y punitiva. En cuanto a factores de riesgo sociales, el éxito académico, la falta de habilidades y competencias sociales, la escasez de amistades, la pertenencia a un colectivo minoritario (discapacidad, inmigración, homosexualidad…) van a ser determinantes. Por otro lado, los riesgos cultures determinados por el individualismo, competitividad, y el refuerzo de conductas violentas. Por último, con mayor incidencia en el ciberacoso, el uso sin control y supervisión de internet, y la falta de adquisición de competencias digitales.

Los factores de protección en el contexto escolar serán promover un clima escolar positivo, tener un marco de actuación para afrontar el acoso escolar, crear planes de convivencia, y establecer buenas relaciones entre alumno, familia y escuela. A nivel personal del alumno, habrá que potenciar el desarrollo personal trabajando a nivel emocional: capacidades de autocontrol, empatía cognitiva y afectiva, asertividad, e integración social. En relación con lo familiar, establecer pautas de aprendizaje democráticas en el seno familiar,  así como normas de supervisión parental tanto de conductas, como de internet, redes sociales… En relación al entorno social y cultural, habrá que fomentar un sentimiento de pertenencia a un grupo favoreciendo una red de apoyo de iguales, además de establecer estrategias de resolución pacífica de conflictos y potenciar valores colectivistas. Resaltando, como factor de protección,  la importancia del desarrollo correcto de una competencia digital (Urra 2018).

3. Intervención frente al acoso escolar

Desde las instituciones gubernamentales, tanto a nivel mundial, europeo, estatal como autonómico, así como instancias no gubernamentales, UNICEF, asociaciones que luchan contra el acoso escolar, como Asociación No al Acoso Escolar, Levante contra el Bullying, etcétera, hacen hincapié en la necesidad de sensibilizar, concienciar y dotar de herramientas a las instituciones escolares, y al cuerpo docente. Pero no menos importante es involucrar tanto al alumnado como a las familias  en este proceso de erradicación de este fenómeno.

Para ello, desde las administraciones educativas deben desarrollar políticas de actuación educativas de prevención de la violencia escolar. Este marco político servirá de guía para que los centros escolares pongan en marcha planes de convivencia y protocolos de actuación frente a un caso de acoso escolar, como la incorporación al proyecto educativo de programas de intervención preventivos.

Según la legislación vigente, los centros educativos tienen la obligación de elaborar un plan de convivencia que contemple la prevención y la intervención ante posibles casos de acoso.  La Ley Orgánica de Educación (LOE), en su artículo 121, señala que el Proyecto Educativo de Centro recogerá, entre otros apartados, el Plan de Convivencia de Centro. Así como,  la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa (en adelante, LOMCE) modifica, entre otros, la redacción de los párrafos k y l del artículo 1 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (en adelante, LOE) en los siguientes términos: “k) La educación para la prevención de conflictos y la resolución pacífica de los mismos, así como para la no violencia en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, y en especial en el del acoso escolar”. Y apartado, “l) el desarrollo, en la escuela, de los valores que fomenten la igualdad entre hombres y mujeres, así como la prevención de la violencia de género.” La propia Ley establece, además, que todos los centros deberán elaborar un Plan de Convivencia cuya normativa ha de ser desarrollada por las diferentes Comunidades Autónomas (CC.AA) y facilitada a los centros educativos que, en el marco de su autonomía, pueden elaborar sus propias normas de organización y funcionamiento. Este Plan se ha de incorporar a la Programación General Anual y debe recoger todas las actividades que se programen con el fin de fomentar un buen clima de convivencia dentro del centro escolar, la concreción de los derechos y deberes de los alumnos/as, las medidas correctoras aplicables en caso de su incumplimiento y, la realización de actuaciones para la resolución pacífica de conflictos, con especial atención a las actuaciones de prevención de la violencia de género, igualdad y no discriminación. En su elaboración coordinado por el equipo directivo,  podrán intervenir todos los sectores de la comunidad educativa: Comisión de Coordinación Pedagógica, Equipos de ciclo o Departamentos didácticos, personal laboral, Asociaciones de Padres y Madres, Junta de Delegados del alumnado (Plan estratégico de convivencia, 2017).

Completando el Plan de Convivencia, cada Comunidad Autónoma desarrollará su protocolo de actuación. Considerado como el conjunto de pasos y procedimientos que se ponen en marcha para intervenir ante una situación de acoso escolar.  Nos permiten recabar información para determinar si la situación se califica de acoso escolar o no. En caso afirmativo, tomar medidas para intervenir y acabar con dicha situación. En este caso es la dirección del centro quien decide si se debe poner en marcha los protocolos de actuación y, los responsables de llevarlos a cabo profesores, miembros del equipo directivo, psicólogos u orientadores del centro. Según la Confederación Española de Altas Capacidades Intelectuales, un buen protocolo de actuación debe tener las tres “A”:

  • Averiguar, recabar información sobre las conductas de acoso bien mediante alguien externo al centro, o a través de una persona de confianza de los alumnos.
  • Acordar, objetivos concretos a corto plazo donde se implique toda la comunidad educativa.
  • Actuar mediante acciones que garanticen la seguridad de la víctima, que la atiendan, que frenen a los agresores, que haya un posición del grupo de “tolerancia cero” al acoso escolar, que informe a la familia del acosado y se implique a la familia del agresor (Urra 2018).

Otra forma de dotar de herramientas al centro escolar frente al acoso escolar, es el desarrollo de un programa de intervención, estructurándolos en torno a dos objetivos: disminución de los actos violentos y la mejora de las relaciones interpersonales en los centros a través del respeto y unos principios democráticos. Del Rey y Ortega, 2001, distinguen las siguiente clasificación:  Programas de innovación y cambio en la organización escolar, Programas para la formación de profesorado, Propuestas de actividades para desarrollar en el aula, Estrategias de actuación específica contra la violencia escolar.

 A continuación desarrollaremos el Programa Laguntza como ejemplo de este tipo de intervención.                     

4. El Programa Laguntza

Hoy en día existen muchos programas y diversos, como pueden ser: El programa Olweus cuyo objetivo principal radica en cambiar la recompensa al comportamiento del acosador dentro y fuera de la escuela. El método KIVA, que se centra en intentar que los alumnos testigos no participen indirectamente en él. Con el fin de que el acosador pierda el reconocimiento para proseguir con su actitud. Podemos encontrar el Programa Zero, basado en la premisa “Tolerancia Cero” contra el Bullying. En este programa, un profesor con autoridad habla en privado con la persona acosada, y pone en conocimiento de los padres lo que está ocurriendo. El mismo proceso se lleva a cabo con los padres del acosador, estableciendo las pautas para un cambio de conducta y el compromiso de los padres para llevarlo a cabo. Otro programa interesante es el programa TEI, Tutoría Entre Iguales, en el que se establece que el alumnado ofrecerá apoyos y ayuda en caso de que se produzca el acoso. Los tutores siempre serán dos cursos mayores que sus tutorados. El programa Taldeka recoge una serie de estrategias, recursos y propuestas de resolución de conflictos, cuyos apoyos principales son el diálogo, la participación democrática o la comunicación afectiva.

Sin embargo, nuestro artículo quiere dar a conocer el Programa Laguntza, desarrollado en la Comunidad Foral de Navarra.  El programa Laguntza surge ante la necesidad de dar una respuesta global a la problemática del acoso escolar, dando continuidad a la labor que desde el año 2005 aborda la Asesoría de Convivencia en la intervención de este fenómeno. Llevando a cabo funciones de orientación y asesoramiento a profesores, alumnado y familias en temas relacionados con el acoso escolar. Su puesta en marcha comienza en el curso 2016-2017, en siete centros en una primera fase piloto. Según el informe sobre el sistema educativo de Navarra, 2018, el  programa se ha implementado en  17 centros escolares. Además recoge la alta relevancia y consideración entre el profesorado, como lo demuestran no solo las valoraciones positivas de las diferentes actividades realizadas, sino también la elevada asistencia y participación del profesorado en todas ellas.

El objetivo principal del programa es la prevención e intervención en materia de acoso escolar, así como potenciar la toma de conciencia ante este fenómeno. El desarrollo del programa se  basa en un Programa para Formación del Profesorado. Para ello, se desarrollarán actividades de presentación y difusión general del programa, y un seminario de habilitación de profesorado para aquellos centros que lo implementen, de al menos dos profesores. Posteriormente, seguirán participando, en el centro, de actividades tipo informativo para sensibilizar al cuerpo docente  o al claustro facilitando la reflexión sobre la puesta en marcha del programa. Seguido de un curso de introducción cuyos contenidos versarán sobre el tipo de acoso, actuaciones y contenido educativos a desarrollar en los diferentes cursos escolares. Y por último, sesiones informativas con grupos docentes que ya han trabajado durante algún curso con el programa. 

Siguiendo el hilo de los diferentes programas propuestos, supondrá un programa de innovación y cambio en la organización, puesto que los centros escolares que estén interesados en su ejecución deberán constituir el Equipo Laguntza, o Comisión de Convivencia con el fin de recopilar , seleccionar y poner a disposición del resto de compañeros recursos on-line y materia digital especialmente relacionado con la convivencia, acoso, transexualidad, violencia de género, drogas, suicidio, abuso sexual, entre otras. Así mismo, este equipo será el referente para coordinar las diferentes actuaciones,  difusión del programa, y medidas curriculares, organizativas y, del Plan de Acción Tutorial. Otra función, de este equipo, será ofrecer apoyo y orientación a las personas que la dirección haya designado para intervenir en un caso real de acoso. Además de fomentar el uso de estrategias de actuación específica contra la violencia escolar, entre las que plasma, la ayuda entre iguales, equipos de mediación, alumno ayudante.

En cuanto a actividades para desarrollar en el aula, plantea diferentes formas de abordar el tema,  desde actuaciones en los espacios del centro, actuaciones desde el Plan de Acción Tutorial, actuaciones curriculares mediante el uso de materiales relacionados con la convivencia, trabajos en clase. Favoreciendo un aprendizaje cooperativo con el fin de crear un clima positivo desde la educación socioemocional y en valores.  Está dinámica puede trasladarse a actuaciones en áreas concretas que completan el currículo escolar.

No podemos olvidarnos que en esta labor educativa deben estar implicados otros ámbitos como el familiar, social, sanitario, que queda recogido en actuaciones sobre el contexto. Como por ejemplo: a nivel familiar crear un círculo de familias que hablen de temas de convivencia, o profesorado conjuntamente con la Asociación de Padres y Madres  evaluar el clima de convivencia, o instar al Ayuntamiento mejoras en el centro escolar que nos ayuden a fomentar un clima de convivencia positivo…

Las fases de desarrollo del programa comenzarán con un proceso de detección de necesidades del centro que nos permitan establecer puntos susceptibles de ser trabajados como objetivos de la intervención. Desarrollando el proceso anteriormente descrito que desgrana el contenido del programa. Finalizando con una evaluación de las actuaciones y las mejoras detectadas. Para ello utilizaremos el “Análisis de la situación de partida” para entender en qué medida hemos avanzado hacia el objetivo del programa, “cero casos de bullying” (extraído del Programa Laguntza 2016).

Conclusiones

A lo largo del artículo hemos destacado la importancia de la prevención ante este fenómeno, así como la implicación desde instancias gubernamentales, centros escolares, familias, asociaciones, alumnado, de la concienciación para hacer frente al acoso escolar evitando la normalización de esta situación. Y todo ello con un fin común: la protección del menor en su infancia y adolescencia. Creando un clima de convivencia positivo en el entorno escolar extrapolándolo a los entornos con los que interactúa. Buscando que su máxima preocupación sea el desarrollo de sus capacidades físicas, cognitivas y sociales. Por todo ello a través de la educación  conseguimos llevar a cabo esa labor preventiva. 

A través de la acción educativa y la función docente se realizarán acciones formativas permanentes, se elaborarán procedimientos de actuación y prevención. Así como, la movilización de recursos comunitarios y la colaboración con otras instituciones de forma coordinada.  El conocimiento que nos proporcionan las investigaciones y publicaciones sobre los diferentes tipos de acoso escolar, como sus factores de riesgo y protección, nos permite plantear esas acciones formativas que dote a los alumnos de herramientas para hacer frente a estas situaciones. Estas herramientas  deben favorecer que el alumnado tenga conocimiento de los riesgos, así como de medidas de protección. Para ello es importante crear un ambiente de relaciones interpersonales seguras, en un entorno protector, con el fin de fomentar la participación del alumnado. Estas premisas quedan reflejadas en el Programa Laguntza como hemos visto en su desarrollo: prevención, formación, colaboración, protección, y participación. Fruto del trabajo realizado durante muchos años, principalmente de la Asesoría de Convivencia, del Departamento de Educación de Navarra, cuyo objetivo principal es “cero casos de Bullying”.

 

Referencias

Libros:

  • Olweus, D. (2004): Conductas de acoso y amenazas entre escolares. Madrid. Ediciones Morata.
  • Sullivan, K., Clearly, M., y Sullivan, G. (2005). Bullying en la enseñanza secundaria: el acoso escolar. Cómo se presenta y cómo afrontarlo. Barcelona. CEAC Ediciones.
  • Urra, J. (2018): La huella del silencio. Estrategias de prevención y afrontamientos del Acoso Escolar. Madrid. Ediciones Morata.

Revistas:

  • Collel, J. y Escudé, C. (2006): “El acoso escolar: un enfoque psicopatológico”. Anuario de Psicología Clínica y de Salud, nº 2 (pág. 9-14),
  • Del Rey, R. y Ortega, R. (2001): “Programas para la prevención de la violencia escolar en España: La respuesta de las Comunidades Autónomas”. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, nº 41, (pág. 133-145).

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