La crisis económica en España: empeoramiento del aprendizaje del alumnado »
19/09/2017 por Laura Arbeloa Rubio

Optimismo, la base para el éxito escolar

 

La investigación documental que a continuación se detalla surge de una realidad educativa que está presente en todos los centros, en menor o mayor medida: la afectación de la crisis económica en las familias españolas y en el Sistema Educativo, y en consecuencia, en el rendimiento del alumnado. Tras esta necesidad, se propone una respuesta o análisis, desde los centros educativos junto con el Departamento de Orientación, de los efectos positivos del optimismo en toda la comunidad educativa.

De esta manera, no sólo se tratan los aspectos fundamentales de la crisis económica y sus repercusiones en el mundo académico, económico y social, sino también, de cómo el optimismo en las familias y desde los centros educativos, donde juega un papel determinante el profesorado, influyen en la diversidad del alumnado, mejorando su rendimiento académico e incluso su futura integración laboral, sin olvidar la estabilidad emocional, base para el éxito escolar.


Palabras clave

Optimismo; rendimiento académico; recortes educativos; crisis económica; motivación.


The following investigation research arises from an educational reality that is present in every center, to a greater or lesser extent: the economic crisis affecting Spanish families and the educational system, and consequently, the students’ performance. Following this need, a response or analysis is proposed, from the educational centers together with the Department of Orientation, relating the positive repercussion of fomenting optimism in the entire educational community.

This way, not only the fundamental aspects of the economic crisis and its consequences on the academic, economic and social world are addressed, but also how optimism in families and schools, with a determining role played by teachers, can improve the students’ academic performance and even their future labor integration, regarding emotional stability as the basis for academic success.


Keywords

Optimism; academic performance; educational cuts; economic crisis; motivation.


1. Introducción

La crisis económica está afectando, entre otros, al Sistema Educativo con diversos recortes, y en la estabilidad emocional y laboral de las familias, aumentado entre los niños/as y adolescentes, los trastornos emocionales, absentismo escolar y el bajo rendimiento académico.

Desde los centros educativos, especialmente de Infantil, Primaria y Secundaria, debido a que los alumnos se encuentran en una edad más vulnerable, se puede intervenir en toda la comunidad, para proporcionar estrategias y hacer frente a las adversidades con una actitud positiva. Muchas veces, las familias y profesores, no son conscientes de que son dos modelos claves para los niños/as, y que sus actitudes y expectativas influyen en el aprendizaje de los alumnos/as o hijos/as.

2. Crisis económica: crisis mundial vs la crisis en España (2008-2017)

La crisis económica comienza a nivel mundial, siendo España uno de los países más perjudicados, donde hasta la actualidad (2017), todavía no ha recuperado los valores previos a la crisis.

2.1. Crisis económica mundial

La crisis económica mundial, comenzó en 2008 y se originó en los Estados Unidos. Entre los principales factores causantes de la crisis, estarían los altos precios de las materias primas, la sobrevalorización del producto, una crisis alimentaria mundial y energética, una elevada inflación planetaria y la amenaza de una recesión en todo el mundo, así como una crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados.

Esta crisis ha sido señalada por muchos especialistas internacionales como la «crisis de los países desarrollados», ya que sus consecuencias se observan fundamentalmente, en los países más ricos del mundo. Por tanto, no se trata de una crisis planetaria como muchos han querido decir, sino que, como dice Eduardo Punset (2011: 34): “son crisis específicas generadas por los sistemas financieros de algunos países con relación al resto. Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia no crecen en absoluto y son los que de verdad están en crisis”.

La crisis económica, evidencia un profundo desajuste del sistema imperante. Hay fragilidad en el ordenamiento económico mundial, se deteriora la confianza en el sistema financiero, se pierden empleos, hay problemas en la seguridad social, la dinámica consumista es perniciosa, las monedas de las grandes economías se degradan, los déficit macroeconómicos se profundizan.

Pero la crisis también es profundamente social y humana. La violencia delictiva crece en todos los países, aunque esto es una percepción engañosa (Eduardo Punset, 2011).  El uso de armas, el consumo de drogas y licor, dañan el comportamiento social. Muchos padecen enfermedades, hambre, desnutrición y guerras,  la ola de emigrantes aumenta en busca de oportunidades, la publicidad satura e impone una frenética inclinación al consumo, la conciencia humana se debate entre el deterioro de identidad y la urgente necesidad de refugio y ayuda ante el estrés contemporáneo y postmodernista. Se desmitifican instituciones, se rompen paradigmas, hay crisis de valores, el comportamiento humano se modifica y busca con ansiedad salidas espirituales y explicaciones razonables a su problemática.

2.2. La crisis económica en España (2008-2016)

El comienzo de la crisis mundial supuso para España la explosión de problemas tales como, el final de la burbuja inmobiliaria, la crisis bancaria de 2010 y el aumento del desempleo, entrañando a su vez, un aumento de la pobreza infantil. 

2.2.1 Consecuencias en los españoles y familias

En la sociedad española está afectando en especial, el fuerte crecimiento de la tasa de desempleo, siendo la principal preocupación de los españoles, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (Vasco, A. 2015).

Según el instituto nacional de estadística (INE, 2016) el paro ha aumentado considerablemente desde el año 2008 hasta el 2012 y ha ido remontando en los últimos años, como se puede observar en la siguiente gráfica.

Evolución de la tasa de empleo en España (gráfico 1):

Fuente: Encuesta de Población Activa, Instituto Nacional de Estadística (INE, 2016)

Sin embargo, a pesar de la mejora, durante el 2008 un gran número de empresas presentaron expedientes de regulación de empleo (EREs), y en la actualidad aumenta el trabajo temporal y/o por horas, registrándose una peor calidad en el empleo y una mayor precariedad laboral. Los datos estadísticos muestran un aumento de la desigualdad en el poder adquisitivo, siendo los salarios más bajos desde 1992. Es por ello, según el Instituto de Juventud, que los datos del paro juvenil, también han bajado, pudiendo ser otro de los motivos, el abandono del país de miles de jóvenes (Triviño, B. 2016).

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en el informe publicado sobre la desigualdad infantil en los países ricos (2016), España es el quinto país más desigual de la Unión Europea, y la falta de equidad no ha parado de crecer.

Estos datos reducen la calidad de vida de las familias,  incidiendo en el consumo interno. Se deteriora la salud mental de los desempleados y sus familias. Se alarga el período de emancipación y por tanto, disminuye la natalidad. Se dispara la exclusión social, aumentan los desahucios, los impagos de facturas básicas incrementándose el número de pobres energéticos. Y de lo más preocupante, es que uno de cada cinco españoles está en riesgo de pobreza, el 22%, según el INE (2016).

2.2.2. Consecuencias en los niños españoles

La crisis agudiza la pobreza más extrema, en aquellos colectivos más frágiles y vulnerables, especialmente los niños. El informe de UNICEF, mencionado anteriormente, coloca a España en la cola de la Unión Europea en ingresos y satisfacción vital (los niños españoles no destacan por su felicidad). Señala que, un 36% de los menores españoles, vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Siendo el riesgo de pobreza infantil de España del 29,6%, una de las más altas de Europa (INE, 2016).

El perfil de la pobreza infantil en España, corresponde a niños que no disponen de ropa adecuada, no comen correctamente, donde el 17% de los menores con dificultades económicas sufre de obesidad infantil, el doble que los menores sin dificultades (la Vanguardia, 2011). Tampoco gozan de espacio para hacer los deberes ni jugar en sus casas, y no acuden a actividades extra escolares ni de ocio por la falta de recursos de sus padres.

Esta situación puede desencadenar problemas psicológicos y fracaso escolar, generando una espiral de exclusión social. El 30 por ciento de los hijos de familias que subsisten con menos de 640 euros al mes no consigue el graduado escolar, según destaca el informe de UNICEF. En España, el abandono temprano de la educación, según el INE (2015), es bastante peor en comparación con la media europea (gráfico 2).

Un informe de la Fundación Adsis (2013), una entidad sin ánimo de lucro que trabaja con jóvenes en riesgo de exclusión, ha demostrado que la falta de recursos económicos en una familia, afecta al rendimiento académico de sus hijos. Para su investigación esta Organización No Gubernamental (ONG), ha realizado una encuesta a 2.970 chicos de 24 institutos públicos de Educación Secundaria Obligatoria de toda España. Los resultados revelaron que no todos tienen las mismas oportunidades: el 18,4% de estos jóvenes sufre carencias económicas severas, lo que afecta a su futuro educativo. Su desempeño académico es un 24% más bajo que el del resto de los estudiantes. Además, tienen menos preparación para el mundo global y digital que les espera, ya que son chicos que dan menos importancia al dominio de idiomas y a la informática que el resto de los estudiantes.

Pero las consecuencias de la crisis, también afectan en la estabilidad emocional. La investigación anterior, también destaca cómo estos jóvenes en riesgo de exclusión, se sienten menos valorados y apoyados por su entorno que el resto de los estudiantes. Perciben que tienen menos apoyo por parte de los profesores y tutores para sacar sus estudios adelante. Siendo más pesimistas respecto al futuro, con bajas expectativas de éxito.

También se sienten menos valorados por sus padres, con una pobre red de relaciones afectivas. Oscar Incarbone (2012), Coordinador Internacional de la Comisión permanente de Recreación de los Centros de Planificación y Educación Familiar (CPEF), en su artículo “Los niños y la crisis”, enfoca muy bien esta situación: “los  niños y adolescentes miran preocupados cómo sus padres se empobrecen y se angustian, se desequilibran y se desorientan, se estresan y se enferman. Lo más preocupante es comprobar que los niños asisten al derrumbe social y moral de sus padres, quienes se encuentran inmersos en los avatares de una crisis que no pueden controlar, víctimas del desempleo y la expulsión de la sociedad productiva, agobiados por las deudas y sin saber cómo salir, ni cómo avizorar un futuro, que preocupados por construir el futuro de sus hijos los están matando en el presente”.

2.2.3. Consecuencias en los centros educativos públicos

Desde el ámbito educativo, la actual Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, de la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), destaca la importancia de la equidad e inclusión en los centros educativos. Entre el alumnado con necesidades específicas de atención educativa, se encuentra la atención al alumnado con dificultades personales o de historia escolar, donde en este caso, estarían los alumnos con posibilidad de exclusión social debido a problemas económicos.

Al parecer tras la crisis económica, con los recortes educativos en los profesores y ayudas, la calidad de la atención a la diversidad se ha visto afectada en la práctica educativa de los centros escolares públicos.

También la enseñanza pública ha perdido centenares de comedores escolares y de rutas de transporte, lo que ha perjudicado especialmente a los alumnos de zonas rurales, así como becas y ayudas para material y libros de texto, que ahora se ha recuperado parcialmente, aunque para los padres de forma insuficiente (Molina, A. 2015).

3. Optimismo y éxito escolar

En época de crisis, el ser humano se siente triste, desanimado y decaído. Entra en una espiral de ir perdiendo las cosas importantes de la vida, como es el trabajo, y no tener fuerzas para seguir buscando otro nuevo. Las mejores herramientas para afrontar las consecuencias de la crisis económica es ser una persona optimista, con humor y creatividad. La risa es una de las maneras más fáciles, rápidas y económicas de generar sensaciones positivas (agencia de noticias internacional, EFE, 2012).

Además, la creatividad, ayuda a desplegar diferentes ideas o caminos en el objetivo de afrontar y resolver un problema de la vida diaria. Finalmente, si se pone un poco de optimismo a la vida, se alcanza un grado de felicidad y de bienestar que repercute de manera positiva en la salud. “La única cosa sobre la que todos podemos tener control potencial en tiempos difíciles es el contenido y la atmósfera de nuestro mundo interior” (Vaughan, S.C, 2004). Eduard Punset (2011), recalca que cualquier tiempo pasado fue peor, que tenemos que aprender a ver el lado positivo.

3.1. Conceptos

Lionel Tigre (1979), definió el optimismo como un estado de ánimo positivo, y como la disposición general de esperar del entorno físico y social, algo agradable que sea motivo de placer y fuente de beneficio para uno mismo.

Por otro lado, la persona optimista, es una “Persona dichosa que se siente a gusto en su propia piel y que tiene tendencia a pensar, sentir y esperar que el futuro le proporcione bienestar, y experiencias favorables y gratificantes” (Tierno, B. 2007).

3.2. Optimismo: herencia o aprendizaje

Hay optimistas natos y criados en el mejor ambiente posible para que se activen los pensamientos y conductas más positivas; y también hay optimistas por aprendizaje. No obstante, el optimismo, por mucho que pueda ser el rasgo fundamental en algunas personas, siempre necesita el ejercicio de la “musculación positiva” porque sino esa actividad se pierde con facilidad. Ya en 1991, Seligman, introdujo la idea del optimismo aprendido para indicar que se puede aprender a través de la experiencia personal.

Esto se puede ver con mayor claridad, en los resultados obtenidos, en un estudio con adolescentes de una escuela taller de la provincia de Zaragoza. Una de las conclusiones a las que se llegó, fue que se puede reeducar y remodelar a los alumnos hacia un optimismo más real, adecuado a sus características personales y por tanto más adaptativo (Blasco, A.C. 2008).

Pero también, es posible recuperar el optimismo y la ilusión en la edad madura. “Cualquier experiencia positiva que induzca al pesimista a cambiar de actitud puede hacer el milagro de iniciar el proceso de cambio de actitud” (Tierno, B. 2007).

3.3. Necesidad de referentes familiares en el aprendizaje del optimismo

El optimismo o pesimismo de los padres, se contagia y se transmite a los hijos como por vasos comunicantes. La crisis económica con lleva pesimismo, donde el referente más pesimista de la familia, es el que impone y arrastra a los demás miembros hacia la actitud más pesimista.

Por suerte, la actitud pesimista no es irreversible, por lo que si a la figura fuerte de la familia se le educa hacia el optimismo, es muy fácil que el niño o adolescente se fije en un modelo tan atractivo, atraído por su seguridad, fuerza y simpatía (Muñoz, C. 2007). En este caso, será fácil el cambio del niño hacia una actitud optimista y tan determinante, como para servirle de referente y entrenarle en el aprendizaje del optimismo.

3.4. Efectos del optimismo: éxito escolar

Anolli, L (2007: 55-98), describe los siguientes efectos del optimismo. El optimismo tiene efectos muy beneficiosos en la salud,  alarga la vida y ayuda a: prevenir las enfermedades cardíacas, afrontar las enfermedades tumorales, controlar el estrés, reforzar el sistema inmunitario, superar los sucesos traumáticos, afrontar el pánico y la depresión. También tiene efectos en la mente humana: bienestar psicológico, apertura mental, aspiraciones y satisfacción, mayor felicidad, control de las emociones y autoeficacia. Así como en la vida social, “lo peor es pararse y lo mejor formar parte de la manada”, (Punset, 2011), y en la escuela, influenciando especialmente en el rendimiento académico.

Vallés, A. (1998), afirma en su estudio, cómo la capacidad percibida influye significativamente en el autoconcepto académico. Este mismo autor, baraja como favorecedores de un enfoque profundo de aprendizaje, la concepción de la inteligencia como variable modificable a través del esfuerzo, y la obtención de resultados a causas internas del sujeto. Como por ejemplo, superar un examen, se debe atribuir a la motivación o el propio esfuerzo del alumno, y no por causas externas como puede ser la suerte.

Asimismo, un enfoque profundo, favorece un mayor rendimiento académico y por tanto, un autoconcepto más alto.

El optimismo, tiene una relación muy importante con el éxito escolar. En una investigación realizada en 2003 en varias escuelas de enseñanza media superior, pero que puede extrapolarse a enseñanzas inferiores, Sara Nonis y David Wright (2003), de la Universidad de Arkansas, comprobaron que en igualdad de condiciones los estudiantes más optimistas, obtenían mejores resultados escolares que sus compañeros menos optimistas. El optimismo, junto con la motivación hacia el estudio y el éxito, promueve las competencias intelectuales individuales a mantenerlas hacia el éxito escolar, hacia una imagen más positiva de uno mismo, así como hacia una mejor integración social.

Los efectos del optimismo, se prolongan a lo largo de los años. Utilizando un diseño longitudinal, se ha encontrado que los estudiantes más optimistas, al cabo de 19 años, mostraban una mayor satisfacción laboral, así como una menor propensión a permanecer desempleados (Diener, Nickerson y Lucas, 2002). Los optimistas son más persistentes en sus esfuerzos académicos, y tienen mayor probabilidad de conseguir mejores puestos laborales con posterioridad (Carver, Scheier y Segerstrom, 2010).

Conclusiones

La principal meta que se puede establecer, ante las consecuencias de una crisis económica, desde el ámbito educativo, es la educación del optimismo en toda la comunidad. Ya que lleva por caminos de mayor felicidad y bienestar, y ayuda a construir una generación más confiada, más sonriente y más positiva.

Optimismo en los educadores principales: familias y maestros/as

El buen educador tiene la responsabilidad moral de educarse y de educar a los demás para el optimismo. Esa responsabilidad, proviene del hecho de que su propio optimismo o pesimismo y las actitudes que tenga ante sí, los demás y la realidad en general, no sólo influirán en su propia vida, sino sobre las mentes de todos y cada uno de sus educandos. Sólo al educarse puede el maestro/a, el padre o la madre, educar a su alumno o hijo (Marujo, H. A., Neto, L.M. y Perloiro, María, F. 2003).

Ya en 1995, Seligman, se sitúa de acuerdo a una educación asertiva o democrática y propone una serie de ideas para potenciar el optimismo:

1. En situaciones de conflicto, tras la discusión, evaluar los sentimientos, a qué consecuencias puede llegar y buscar soluciones a la situación.

2. Observar al niño en los juegos y ofrecerle oportunidades de decisión.

3. Ofrecer situaciones en las que se puedan responsabilizar en función de sus posibilidades.

4. Jugar externalizando y proporcionando situaciones negativas (de frustración) y positivas (de satisfacción y orgullo).

El papel del profesor en los alumnos

La escuela inclusiva se construye con la colaboración de la comunidad educativa, en el funcionamiento cotidiano, y en la toma de decisiones que dirigen su funcionamiento. El papel del profesor es atender a todos y cada uno de los alumnos, pues ya un alumno en sí es diverso.

Aunque en ocasiones resulta imprescindible una intervención estructurada o específica, para atender necesidades individuales o grupales que requieran una mayor especialización, lo cierto es que el profesor, con la actitud y comportamiento diario, se convierte en un agente generador de optimismo imprescindible.

Una educación responsable, requiere que los docentes proporcionen a los alumnos modelos que les permitan afrontar los problemas, estableciendo estilos emocionales convenientes.  Los niños han de aprender a juzgarse adecuadamente, y eso se puede enseñar.

Martin Seligman (1998), propuso un método para incrementar el optimismo. Consiste en detectar y luego rebatir los pensamientos pesimistas, basado en el modelo del estilo atributivo y aplicando las  técnicas de la terapia cognitiva. Las creencias que tenemos sobre el funcionamiento de las cosas, son ideas previas que pueden ser refutadas. Una vez asumido esto, se ha de poner en práctica el rebatimiento. El aprendizaje del optimismo se ha de fundamentar en la veracidad, es decir, se ha de mostrar la incorrección de las ideas previas. La realidad, nos ha de facilitar pruebas que contradigan nuestros pensamientos distorsionados, y  hemos de aprender a discutir con nosotros mismos.

Diversos estudios demuestran que los niños en edad escolar, utilizan el mismo estilo explicativo que sus profesores cuando se critican a sí mismos (Seligman, 1999). Esto explica, la importancia del análisis del optimismo del propio docente. El profesor, manifestando actitudes adecuadas que lo muestren como referente válido, ha de percibir los estados emocionales de sus alumnos. Y ante la aparición de resultados académicos negativos, ha de fomentar el  propio convencimiento del alumno de que existen formas de resolver los problemas que surgen.

El optimismo también guarda una estrecha relación con la autoestima y autoconcepto, con una visión positiva sobre uno mismo y la propia capacidad. En este sentido, se pueden aplicar diferentes intervenciones en el aula, por ejemplo, las contestaciones verbales positivas y equitativas tras un trabajo realizado por el alumno/a. Esto remarca la importancia de las expectativas que tiene el profesor sobre los alumnos, el conocido efecto Pigmalión: las expectativas del profesor sobre el alumno pueden condicionar su comportamiento hacia él y afectar su evolución académica. Al tener, el profesor, grandes expectativas sobre el alumno, se esforzará más para que el aprendizaje sea más productivo, y también el alumno puede percibir, a través de la actitud del profesor, su posibilidad de mejora.

Los investigadores, Robert Rosental y Leonor Jacobson (1968), en una escuela de Primaria y de enseñanza Secundaria, dijeron a los profesores qué alumnos tenían más potencial académico, pero esta selección del alumnado fue al azar. Resultó que, tras un año, observaron que estas expectativas infundadas habían influido en 4 factores: los profesores extienden un clima más cálido en los alumnos que se espera más de ellos; enseñan más materia a los niños que tienen más expectativas (“factor imput”); los niños tienen más oportunidades de respuesta si el profesor espera algo de ellos; y cuanto más se espera, más se le refuerza positivamente para conseguir un buen resultado (“efecto feedback”).

Fomentar el optimismo entre los niños, implica hacerle responsable de su comportamiento. En base a una atribución adecuada a las situaciones adversas, se le debe enseñar a que distinga lo externo de lo interno, para que no se «culpe» de aquello que no está bajo su control. Pero sí que se responsabilice de aquello que sí lo está, en vista a favorecer la acción, un mayor control sobre su conducta y resultados más positivos.

La idea es que el error, forma parte del proceso de aprendizaje y que hay que sumirlo como algo natural, favorecer la autoestima no implica ocultar los errores. En este sentido, Seligman (1999), apunta que no debemos confundir optimismo con la evitación de la culpa. El autor insiste en la necesidad de que el niño aprenda a asumir las consecuencias de sus acciones con una responsabilidad realista.

El aprendizaje del optimismo realista, constituye un instrumento motivador muy importante, que ayuda al alumno a alcanzar los objetivos que se ha fijado. Según Snyder (2002), "los estudiantes con un alto nivel de expectativas, se proponen objetivos elevados y saben lo que deben hacer para alcanzarlos. El único factor responsable del distinto rendimiento académico de estudiantes con similar aptitud intelectual parece ser su nivel de expectativas". 

Goleman (1996), añade que, el optimismo y la esperanza, impiden caer en la apatía, la desesperación o la depresión, frente a las adversidades. Y lo sintetiza de la siguiente forma: "Es la combinación entre talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al éxito". Esta última actitud, es lo que llama "inteligencia emocional", que resumiendo, la define como la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales, y la capacidad de empatía y confianza en los demás.

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