Análisis y reflexión sobre su favorecimiento o retraso en el desarrollo del niño »
26/04/2017 por Virginia Jiménez Morro

Deberes y tareas escolares

 

Cuando el niño o la niña llega a la educación secundaria obligatoria, lo hace cansado, sin ganas de ir al instituto, desmotivado. Comienza a faltar a clase, aumentando así los porcentajes de absentismo escolar en nuestro país. ¿A qué es debido esto? La mayoría de vosotros estaréis pensando en que hay una lógica en esta cuestión  y un punto de origen y, cada cual, podrá verlo desde una perspectiva diferente. Existen varios aspectos pero, posiblemente, uno de los que más intervienen y que afectan en este sentido es el tema de las tareas escolares o deberes para casa. Si desde la etapa de infantil, la cual no es obligatoria, ya estamos enviando deberes a los más pequeños ¿no es motivo suficiente para que después de nueve años en la escuela el pre - adolescente tenga derecho a quejarse, a desmotivarse y a tener solamente ganas de divertirse? A lo largo del presente artículo trataremos de reflexionar sobre ello.


Palabras clave

Deberes, tareas, educación, infantil, escuela


When the children are studying at high school, they are tired, they do not feel like studying and they are not motivated. They start to be absent and the percentage of truancy is higher. Why is happening this? Most of you should be thinking that there is a logic of this and a origin and, each one, could see it from a different point of view. Several aspects exist but, possibly, one of those that more influence in this topic are the school tasks. If from the pre-school education, which is voluntary, the children are sent school tasks, ¿is not this a reason enough for that after nine years at school the pre-adolescent have the right to complain, to discourage and to only have desire of amusing themselves? Along the present article we will try to think about it.


Keywords

Homework, tasks, education, early years, school


1. Ventajas y desventajas

Por supuesto que existe una opinión en todo criterio según el punto de vista del que se mire, pero sí es cierto que, para una multitud de personas, como pedagogos, docentes o los propios padres y madres, las tareas escolares poseen una serie de ventajas y desventajas que pueden favorecer o no el desarrollo y crecimiento de los infantes.

Según Sonia García, secretaria de comunicación del sindicato independiente de la escuela pública ANPE,  gracias a las tareas los escolares adquieren un hábito y responsabilidad determinada para su futura época universitaria, les ayudan a comprender lo que significa el “esfuerzo personal” al que se tendrán que enfrentar en su vida, son favorables para adquirir disciplina y aprender a distribuir el tiempo personal pudiendo avanzar así en el estudio. Por otra parte, les ayudan a reforzar los contenidos pero estos quehaceres deben ser enviados acorde con su edad y existiendo una coordinación adecuada entre el equipo docente para que no se produzca una sobrecarga de los mismos, sobre todo, en edades tempranas.

El doctor en Educación y académico de la Universidad de Santiago de Chile Jaime Retamal, expone una clara afirmación en cuanto se refiere a que “los estudiantes necesitan ocupar su mente y su energía en otro tipo de cosas que no sean las tareas de la escuela, las cuales, no deben ocupar más de treinta minutos al día y deberían ser, en su mayoría, tareas motivadoras, que presenten desafíos, entretenidas y que favorezcan la curiosidad y la motivación por aprender”. Está claro que esto sería lo más adecuado, pero a veces, el maestro se encuentra con falta de tiempo en las clases para impartir los contenidos programados, falta de tiempo para atender a todas y cada una de las necesidades presentes en su grupo-clase y no hablar ya de las situaciones impredecibles que pueden aparecer en el día a día.

Sin embargo, para Eva Bailén, madre de tres hijos y promotora de la campaña “Por unos deberes escolares justos”, existen varios aspectos que, desde su punto de vista, el hecho de estar toda la tarde sentado frente a la mesa sin levantar la mirada del cuaderno realizando las tareas escolares, las cuales en determinados momentos están basadas en el mero hecho de copiar un texto, no favorece demasiado ni al rendimiento escolar de sus hijos ni al propio niño. Para esta madre, los deberes son como horas extra en el trabajo, no pueden disfrutar del tiempo libre, del fin de semana o de sus vacaciones. Muchos de ellos carecen de valor pedagógico, frustran al niño ya que no pueden jugar y se sienten agotados llegando a odiar tanto a los deberes como al colegio. Además, provocan tensión familiar e impiden que se eduquen en otras materias. No duda en que llevan al abandono escolar ni cree que produzcan buenos hábitos ya que se vuelven independientes e inseguros. Y, por supuesto, atentan contra el artículo 13 de la convención de los Derechos del Niño.

Esta madre, al igual que muchos padres y madres del país, sufre las consecuencias de la “poca coordinación entre los docentes para la asignación de las tareas a sus hijos” que acaban por ser un “castigo” para toda la familia. Por un lado, porque se sienten culpables de no poder disfrutar de ellos desarrollando otras actividades de ocio y tiempo libre en las que puedan compartir sus emociones y relacionarse en familia de forma agradable y armónica. Por otro lado, porque, en la mayoría de las ocasiones, se ven en la obligación de tener que ayudarles y estar sentados con ellos durante todo el proceso de realización.

Para José María Toro, maestro, escritor, formador y conferenciante, el docente no debe de hacer responsable a los padres y madres de los deberes que se envían desde la escuela ya que es éste el que los manda y el niño el encargado de llevarlos a cabo. La familia sirve de guía, apoyo y motivación, debe preguntar al niño cuando llega de la escuela e interesarse en cómo se sienten sus hijos y qué han hecho en la misma. De esta manera, el niño captará el interés generado y le ayudará a favorecer un ambiente de reciprocidad entre familia y escuela. Si tras preguntar no hacen lo que desde el colegio les han asignado, no es necesario estresarse ni generar un ambiente conflictivo. Simplemente con la oración “mañana te las apañas tú con tu maestro” ya provocará una rápida aceptación de sus obligaciones que en la mayoría de los casos suele dar buenos  resultados. No hay que decir que, para este maestro,  los deberes deberían de ser un trabajo razonable, que no prohíban o impidan llevar una vida fuera del aula con la familia y amigos y, decididamente, que sean algo distinto a lo que den en clase ya que en ella dedican su tiempo a actividades relacionales y experiencias vivenciales.

2. ¿Jugar o trabajar?

Ante esta cuestión planteada a un grupo de padres y madres la respuesta es clara y concisa. Los niños deben jugar. Está claro que en la etapa de educación infantil la principal actividad del niño por excelencia es el juego. Todo gira alrededor de él. Cada palabra nueva en su vocabulario es aprendida mediante el juego, cada aprendizaje y conocimiento es adquirido por éste  ya que es en lo que basan los pequeños su día a día.

Además, el juego no es solamente una actividad de goce y disfrute sino que es una herramienta socializadora que le va a ser de gran utilidad en su vida futura. A través del mismo el niño experimenta con otros iguales, intercambian opiniones, expresan emociones y sentimientos y, lo más fundamental de todo es que resuelven los posibles conflictos que puedan surgir de manera que aprende a negociar con la otra persona, a llegar a un acuerdo y a un fin común. Por lo tanto, se están desarrollando tanto las capacidades cognitivas como las habilidades sociales, las cuales son de gran importancia en tanto que favorecen determinadas competencias clave que la normativa vigente nos propone que se fomenten en los alumnos para prepararles para su vida adulta. Aquellas que influyen en este sentido son la lingüística, mediante la cual puede expresarse y comunicarse oralmente en distintos contextos; el sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor, mediante el cual podrá actuar de forma creativa e imaginativa, aprendiendo a tener iniciativa e interés tanto en su vida social como profesional. Y, por supuesto, las competencias sociales y cívicas, donde el niño comprende los códigos de conducta, la no discriminación o los conceptos de democracia y justicia.

Si nos referimos al juego en cuanto trabajo, en el caso de los cursos más pequeños como puede ser el segundo ciclo de la educación infantil o el primer curso de primaria, las tareas o deberes deben de estar acompañadas de un gran componente lúdico, no siendo necesario el hecho de  que tengan que estar basadas en lo que hayan estudiado ese día en clase sino que pueden basarse en tareas de la vida cotidiana, que no requieran demasiado tiempo ni esfuerzo y , a través de las cuales, el niño aprenda y refuerce contenidos que esté aprendiendo.  En este caso se hace referencia al hecho de elaborar una receta de cocina con la que refuerzan las matemáticas y los hábitos de vida saludable, o la representación de un cuento o una canción que fomente la expresión oral, la creatividad o la imaginación, entre otros.

En este sentido, la mayoría de los docentes que imparten sus clases en la etapa de infantil, comienzan desde muy temprano, sobre los cuatro ó cinco años, a realizar la enseñanza y aprendizaje de la lectoescritura y la grafomotricidad. Según las leyes que rigen esta etapa, debe realizarse una “iniciación a la lectura y escritura”, la cual, en la mayoría de los casos, acaba siendo un aprendizaje casi perfecto de las mismas. Esto así porque el profesional de la educación infantil se siente estresado por la necesidad que tienen sus compañeros de oficio en la etapa de primaria de que el niño llegue sabiendo, medianamente, a leer un texto corto y a escribir, al menos, una oración sencilla.  Por lo tanto, ya a la edad de tres años, el alumno comienza a llevar, de forma esporádica alguna ficha de pre - escritura sin saber aún cómo coger el lápiz, ni mucho menos, sin haber definido su mano de la lateralidad dominante; ésta última, según Palacios, se va adquiriendo entre los tres y seis años. A los cuatro años, las tareas, basadas en fichas de lectura y escritura de las vocales y consonantes que van aprendiendo, son cada vez más numerosas e incluso diariamente deberán realizar, al menos, una de ellas porque “son beneficiosas para su aprendizaje”. Y qué decir del fin de semana. El infante llega cargado con su minúscula maletita y su carpeta de tareas en la que, además de la ficha diaria de pre – escritura, tendrá que comenzar a escribir sílabas compuestas por aquellas vocales y consonantes que haya aprendido y conocido en su día a día. Para un niño que tenga una cierta madurez psicomotriz puede que no sea demasiado complicado ni estresante comenzar a escribir sus primeras letras y palabras; de hecho, puede favorecer el desarrollo de su motricidad fina, su capacidad de atención e incluso su autoestima si los trazos van saliendo “como le gusta a la seño”. Pero ¿qué ocurre con aquellos niños cuya motricidad fina no está aún demasiado desarrollada y su escritura no es clara ni precisa? El sentimiento de frustración que genera en el individuo, la disminución de su autoestima y el rechazo a este tipo de actividades generado por el estrés que le causan son algunos de los síntomas que genera el hecho de querer adelantarnos al proceso normal de maduración de los niños y, por lo tanto, a unas repercusiones negativas en la vida escolar futura de los mismos. Si ya terminamos el recorrido y análisis de esta etapa, a los cinco años, el niño llega a casa con un libro de lectura que debe leer cada día para “no perder el hilo” y vaya mejorando diariamente en su hábito lector. Está claro que la lectura es muy beneficiosa para las personas ya que es fuente de conocimiento y cultura, pero ¿es necesaria a tan temprana edad? ¿No sería mejor que me contaran el cuento y potenciar mi imaginación a estar atento a cómo se lee cada sílaba y palabra escrita? A raíz de este tema a debatir es razonable decir que, no solamente se está ocupando tiempo de juego en el aprendizaje de la lectura sino que también,  desde pequeños, van adquiriendo el hábito de trabajo que tendrán que sobrellevar durante casi, con suerte, veinte años más.

Según Paul Robert, director del colegio Nelson Mandela, en Clarensac, en la región de Languedoc-Rosellón, antes de los siete años se pretende despertar otras aptitudes y habilidades en los niños así como su curiosidad. A partir de esta edad comenzarán su aprendizaje lector. Lo mismo ocurre en el sistema educativo de Finlandia, en el que los profesores tienen su propio lema basado en que hay mucho que aprender antes que aprender a leer ya que ellos “enseñan a pensar”. ¿Ocurre lo mismo con las tareas escolares? ¿Debería el sistema educativo español replantearse el hecho de mandar tareas desde temprana edad que resten tiempo de juego a los más pequeños? ¿Quiénes deben de mantener el equilibrio entre las tareas y el ocio, la escuela o la familia? ¿Realmente es beneficioso trabajar antes que jugar cuando somos tan niños? Ciertamente, la respuesta a éstos y  otros  muchos interrogantes basarán su respuesta en argumentaciones realizadas desde diversos puntos de vista que, desgraciadamente, tienen muy difícil el hecho de ponerse en común.

3. ¿Origen del absentismo escolar?

No se puede confirmar al cien por cien que el origen del absentismo escolar sea la carga laboral que llevan los jóvenes y niños a casa tras su jornada escolar. Pero si les hiciéramos una encuesta, seguramente un porcentaje de ellos hiciera referencia a la abundancia de tareas escolares y a la desmotivación causada por ellas ya que, como hemos mencionado anteriormente, algunos de los deberes están basados en la copia de un texto o la memorización del mismo para “escupirlo” (como dicen muchos jóvenes) en el examen y no tener ni idea de lo que han memorizado a los diez minutos de haber terminado su examen.

Para Tomatis (1996) “Los padres suelen quejarse de que los maestros exigen un esfuerzo demasiado grande a los niños”; y es que, sin lugar a duda, no tienen vida social ya que pasan todo su tiempo fuera de la escuela estudiando y haciendo sus tareas. Es por ello que genera antipatía al alumnado hacia la escuela, provocando estrés y ansiedad si no las acaban ya que reconocen que su maestro o profesor les va a poner una “mala nota” si las llevan sin finalizar. Y si hay examen o un trabajo que realizar para entregar, la noche anterior no se duerme ni se descansa ya que hay que repasar para obtener la máxima calificación o hay que terminar el proyecto de trabajo que tanto esfuerzo  ha requerido para que luego acabe en el rincón de la clase o incluso en la papelera. ¿Es este el tipo de tareas que favorecen el aprendizaje?

No es de extrañar que la Organización Mundial para la Salud y la ONU estén realizando solicitudes para eliminar esta carga laboral en cualquier sistema educativo del mundo. Para Avanzini (1982), el fracaso escolar, relacionado con el absentismo escolar, puede ser consecuencia de la inadecuación de los programas formativos que el alumnado necesita y el abuso de los programas memorísticos. Sí es cierto que el sistema educativo español está viviendo un momento de evolución gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación que están ofreciendo otras formas de aprendizaje fuera de lo que venía siendo el lápiz y el papel, incluso en las aulas la enseñanza se está llevando a cabo con multitud de recursos tecnológicos acordes con la actual sociedad como pizarras digitales, tablets, internet y aplicaciones diversas que facilitan y generan conocimiento. Gracias a ellas, muchos docentes innovadores y defensores de esta nueva forma de enseñar apoyan las tareas en las que tienen que utilizar el ordenador u otro recurso informático que aporta al alumnado una cierta simpatía hacia las mismas y un gusto por su elaboración. A los asistentes a nuestras escuelas se les hace más ameno buscar en Google, investigar, analizar, comparar, reflexionar y sacar sus propias conclusiones porque de esta manera sienten realmente que están aprendiendo y su autoestima y motivación están en los niveles más altos. Así pues, las tareas y deberes escolares ejercen gran influencia en la asistencia o no a clase y, de ellas puede depender, que el aprendiz la tome como lugar agradable de aprendizaje y socialización. 

Conclusiones

En esta sociedad cargada de tanta diversidad nunca va a “llover a gusto todos” y las opiniones y dudas sobre las tareas escolares y todo lo que ello conlleva siempre va a ser tema de debate entre las personas involucradas. El alumnado de hoy día desde muy pequeño está sobrecargado de trabajo y casi no goza de tiempo libre para realizar determinadas actividades que pueden favorecer un desarrollo pleno de su personalidad en ámbitos como el físico, afectivo, el social o el intelectual.

Se aprecia un esfuerzo por parte de familias y docentes, sobre todo de éstos últimos, para llegar a un acuerdo ya que al fin y al cabo los que pagan las consecuencias son los niños y niñas que asisten a la escuela y es su infancia y juventud la que se ve perjudicada por una no adecuada gestión u organización. Para muchos puede que no sea ésta última la causa de que los escolares pasen la tarde sentados frente al libro, y para otros la opinión variará, pero lo que sí está claro es que debemos pensar en ellos, en los niños, jóvenes y estudiantes, que pasan su vida entre lápices, libros y letras, muchas letras, sin experimentar, sin descubrir o analizar, realizando tareas inefectivas, sin llegar a obtener un correcto aprendizaje porque las fórmulas memorísticas no sirven de nada ya que  se olvidan al instante; pero que, sin embargo, pueden llegar a recordar el nombre de todos los jugadores de fútbol que aparecen en los cromos de su álbum y en qué equipo juegan. Y esto, con sólo una pizca de motivación, se puede conseguir. Pensemos en ello.

Referencias

Libros:

  • Avanzini, G. (1982): El fracaso escolar. Barcelona. Editorial Herder.
  • Palacios, J., Marchesi, A., Coll, C. (2004): “Desarrollo psicológico y Educación I. Psicología evolutiva”. Madrid. Editorial Alianza.
  • Tomatis, A. (1996): “El fracaso escolar”. Barcelona. Plaza & Janés.

Links:

Normativa:

  • Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa. Publicada en el BOE número 295, de 10 de diciembre de 2013, páginas 97858 a 97921. Sección I. Disposiciones generales.