La emoción nos mueve, entrenamos nuestra mente »
20/09/2018 por Lidia Román Jiménez

Un cerebro que cuidar desde la concepción de la vida

 

Desde hace tiempo conocemos que para el cuidado de la salud es necesario mantener nuestro cuerpo en condiciones óptimas con una buena alimentación completa, variada y ejercicio físico. Pero, ¿qué ocurre con nuestro cerebro? ¿Somos conscientes de lo vital de sus cuidados? ¿Tenemos en cuenta aspectos que pueden dañarlo o que afectan a su desarrollo? La consideración de atenciones concretas desde niños, el conocimiento de su estructura y la clara visión del poder de las emociones en nuestros aprendizajes, nos moverán a un futuro prometedor. Entrenar la mente para comprender e identificar las emociones, tanto propias como ajenas, proporcionará individuos más competentes que construyan, consecuentemente, una sociedad más valiosa. Somos seres principalmente emocionales en su desarrollo que debemos potenciar sentimientos positivos para una buena formación de la persona. Nuestra atención está estrechamente vinculada a lo que nos emociona. Aprendemos aquello que nos produce pasión.  Provoquemos, por tanto, emociones útiles.

Palabras clave

Cerebro, emoción, hábitos, entrenamiento, aprendizaje.


For time we know that for the care of the health it is necessary to support our body in ideal conditions with a good complete, varied supply and physical exercise. But, what does happen with our brain? Are we conscious of the vital thing of his elegant ones? Do we bear in mind aspects that can damage it or that concern his development? The consideration of concrete attentions from children, the knowledge of his structure and the clear vision of the power of the emotions in our learnings, will move us to a promising future. To train the mind to understand and to identify the emotions, both own and foreign, it will provide individuals more competent that they construct, consistently, a more valuable company. We are principally emotional beings in his development that we must promote positive feelings for a good formation of the person. Our attention is narrowly linked to what thrills us. We learn that one that produces passion to us. Let's provoke, therefore, useful emotions.

Keywords

Brain, emotion, habits, training, learning.


1. Introducción

Resulta generalmente obvio que, para el cuidado de nuestra salud, es importante llevar una dieta saludable y realizar ejercicio físico. Actualmente, se empieza a transmitir lo valioso de conocer y comprender al órgano por excelencia: el cerebro. Aún así, todavía existe gran falta de información sobre éste, lo que dificulta, en gran medida, las labores de atención, educación y formación hacia los seres humanos, en especial, en la primera etapa de la vida donde el desarrollo del órgano es muy relevante.  Es el más importante en nuestra evolución y debemos ser conscientes que no podemos reemplazarlo, de ahí la importancia de sus cuidados. Del mismo modo, saber que las emociones son las que nos posibilitan los auténticos aprendizajes y lo transcendente que puede llegar a ser tener unas buenas costumbres para el adecuado mantenimiento del cerebro, siendo capaces de entrenar la mente. Por estos motivos, en este artículo se expondrán, de un modo básico, cómo es el cerebro, cuándo debemos empezar a cuidarlo, buenos hábitos para una adecuada atención del mismo evitando aquello que sea perjudicial, el papel de las emociones y de qué modo podemos entrenar nuestra mente para obtener, en definitiva, mejores resultados en el desarrollo de la persona.

2. El cerebro

Es un órgano sensible que responde a la estimulación. El cerebro se desarrolla gracias a una base genética influida y modificada por el entorno.

Álvaro Bilbao, doctor en psicología de la salud y neuropsicólogo, en su ponencia impartida en el congreso realizado en Madrid (27 y 28 de mayo de 2017) “Buscando la excelencia educativa. Educación de 0 a 3 años. Experiencias significativas” que organizó AMEI-WAECE y cuyo título fue “Cómo funciona el cerebro del niño” expone en relación a su estructura, que los seres humanos tenemos tres cerebros en uno.

El cerebro completo parte de un cerebro primitivo y más interno que contiene cinco funciones básicas (protección, nutrición, regulación de la temperatura corporal, descanso y reproducción). La segunda parte del cerebro sería el cerebro emocional, se ha desarrollado para contribuir a nuestra supervivencia. Tiene que ver, fundamentalmente, con la motivación y con la memoria. Contribuye a que recordemos aquellas cosas que nos proporcionan placer y que evitemos aquellas que nos provocan malestar. Cuántas veces nos habrá ocurrido que de una manera casi inconsciente hemos acelerado el paso para reencontrarnos con alguien que nos hace sentir bien o, por lo contrario, nos hemos vuelto, sin motivo aparente, para evitar a aquellas que nos transfieren sentimientos negativos. Es un ejemplo del proceso de actuación, de esta parte cerebral, bastante clarificador.  

Por último, más externo, se encuentra la parte racional. Es la que todos identificamos como el cerebro. Es gris y aunque en el nacimiento es liso, a medida que aprendemos se van creando conexiones, las cuales le darán un aspecto rugoso. Esta parte, a la que también denominamos corteza cerebral, está dividida en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. El hemisferio izquierdo dirige los movimientos de la mano derecha y es el preponderante en la mayoría de los individuos, sus funciones son establecer reglas y sistemas, el pensamiento lógico, reflexivo, el lenguaje, la ciencia y la razón. Tiene un carácter racional y lógico. Por otro lado, el hemisferio derecho coordina los movimientos de la mano izquierda (conexión cruzada) se dedica a dar sentido a las partes, pensamiento intuitivo, la creatividad, lo emotivo y lo relacionado con las artes. Es la zona más artística, intuitiva y emocional. A pesar de esta “separación”, para un desarrollo cerebral pleno del ser humano son necesarias las funciones de ambos. Por ejemplo, cuando dibujamos o pintamos necesitamos ser creativos, tener una buena visión de conjunto; del mismo modo, necesitamos dirigir adecuadamente cada uno de los trazos. En definitiva, todo suma ya que no olvidemos que el cerebro cuando actúa comprende mejor, es lo que en neurociencia se denomina “cognición corporizada”. Nuestro cerebro aprende de forma multisensorial integrando los diferentes canales. 

Ilustración 1. Tres cerebros en uno

La neurociencia cada vez otorga mayor importancia a la parte emocional, destacándola como la parte del cerebro más determinante en nuestra vida y a la que debemos dar una especial atención. Razón y emoción están entrelazadas y, en determinados momentos, la parte emocional “gana la batalla” en nuestra toma de decisiones.

La evolución del ser humano ha quedado “escrita” en un cerebro que no ha ido modificándose en algo diferente de lo que fue, sino que se ha actualizado, adquiriendo nuevas destrezas y herramientas, sumándose a las que ya poseía. De ahí la estructura de nuestro cerebro, que va desde el interior más primitivo, pasando por la parte emocional y, por último, la más externa racional.

Por ello la educación, para ser efectiva, tiene que tener en cuenta toda la estructura. Conocer en qué momentos cada una tiene su protagonismo, con el fin de comprender al individuo y saber cómo generar las conexiones más útiles y óptimas. Nacemos con un cerebro primitivo “encendido”, luego se va activando el emocional y en sus interrelaciones se van construyendo las múltiples conexiones en la corteza cerebral. Cuando interactuamos con un niño tenemos que ser conscientes con qué parte “estamos dialogando” para saber proceder y educar en consecuencia, logrando así una adecuada comunicación y un fructífero aprendizaje.

3. Cuándo empezamos a cuidarlo

El desarrollo del cerebro humano es un proceso complejo y regulado que precisa de una cuidadosa atención, especialmente durante los primeros años de vida. La estimulación apropiada de los niños en el transcurso de su crecimiento y maduración, así como la construcción de un ambiente saludable y gratamente afectivo, son cruciales para lograr, al máximo, todo el potencial de cada individuo.

La implicación activa de los padres, educadores y la comunidad, en la estimulación apropiada durante todo el período de desarrollo de los pequeños, son los cimientos para un cerebro sano.

Cuanto más pequeños mayores serán los cuidados que se deben prestar, ya que este órgano se encuentra en el inicio de su construcción. El doctor Álvaro Izquierdo, coordinador académico de posgrado de neuropediatría y el profesor en neurofisiología y neurodesarrollo Jairo Zuluaga Gómez exponen, en la entrevista realizada en “Estación Salud. Medicina a tiempo.” (2016), que aproximadamente el 25% de todas las capacidades del ser humano se adquieren en los primeros seis meses de vida. El 50% en torno a los dos años, el 90% se obtiene sobre el desarrollo de la parte motora entre los cinco o seis años y en relación al área del lenguaje, entre los siete u ocho años.

Es interesante destacar que, durante la etapa prenatal, hay una gran cantidad de factores que intervienen de manera determinante en la maduración cerebral. Por ello, un buen cuidado de la gestante en relación a su nutrición, su actividad física y, sobre todo, a su bienestar emocional, se vuelve definitivo en la construcción de mejores cerebros.

Por otra parte, para la vida futura, son los progenitores, en especial la madre, los que tienen un papel decisivo en sus primeras estimulaciones. Más globalmente, desde los cero a los cinco o seis años tiene lugar la esencia del desarrollo de la persona. La estimulación y las experiencias amorosas son fundamentales. Una vez nace el bebé, lo mejor que puede haber para el cuidado y desarrollo es el cariño y el juego, es decir, el AMOR vivenciado. Pero un juego basado en el contacto, en la acción, en lo natural, no en la tecnología que, hoy en día, está ocupando quizás, demasiado lugar, llegando incluso a reemplazar las vivencias reales y más humanas, tanto por falta de tiempo, de conocimientos o por comodidad. Como cualquier instrumento, es vital saber cuándo y cómo usarlo para aprovechar su potencial.

“Mis hijos, por supuesto, tendrán un ordenador algún día. Pero, antes de que llegue ese día, tienen libros”.

BILL GATES

En relación a la estimulación, no siempre más será mejor; es necesario apreciar el proceso y los ritmos naturales. Respetar los momentos de descanso es vital para el óptimo desarrollo del cerebro. Hay que estimular al bebé cuando esté despierto y dispuesto.

Por todo lo revelado, el cuidado del cerebro debe comenzar incluso antes del nacimiento, desde el principio de la vida, teniendo en cuenta que los primeros seis años tienen una gran relevancia y, sin olvidar, que siempre es posible empezar, aunque antes mejor que después.

Ilustración 2. Feto de siete meses.

4. Buenos hábitos para cuidar el cerebro

“Un cerebro que se desarrolla bajo presión, corriendo para saltar etapas, puede perder por el camino parte de su esencia.” Afirma Álvaro Bilbao, doctor en psicología y neuropsicólogo, en su obra “El cerebro del niño explicado a los padres” (2015) (p. 20).

Se puede decir que sobre el 90% de los ciudadanos no sabemos cuidar nuestro cerebro. Si nos imaginamos complicadas y caras terapias, o someter al órgano a grandes exposiciones de estímulos sin descanso, estamos muy equivocados. Todo se sustenta en algo mucho más sencillo y natural.

¿Alguna vez nos hemos parado a reflexionar sobre qué estamos haciendo con los más pequeños? Si consideramos que las jornadas laborales de un adulto deben estar en torno a las ocho horas diarias, por qué sometemos a los niños a largas e interminables jornadas. Dentro de toda esa rutina apenas hay lugar para el juego, siendo clave en el fundamento del desarrollo intelectual y emocional. El cerebro del niño aprende jugando. El juego abre su mente más que ninguna otra actividad. Una actividad lúdica de tacto real y relaciones humanas serán las que le provoquen dicho desarrollo.

Ilustración 3. El juego importa

Por todo ello, los buenos hábitos para cuidar el cerebro se basan en algo tan natural y práctico como:

  • Realizar ejercicio físico a menudo, oxigenando así nuestro órgano y generando sustancias químicas que nos producen bienestar, tales como la serotonina, que influye notablemente en nuestro estado de ánimo.
  • Tener una nutrición neuro-saludable basada en la ingesta de frutas, verduras y pescado fundamentalmente.
  • Respetar el sueño/descanso para que nuestro cerebro pueda tener una reparación neuronal óptima. Cuando el niño no duerme bien, no aprende bien, provocando incluso síntomas de hiperactividad, irritabilidad o baja tolerancia a la frustración.
  • Buscar momentos para la socialización, potenciando así conexiones adecuadas. No debemos olvidar que somos naturalmente sociales y necesitamos la sensación de pertenencia a un grupo que nos aporte y en el que aportemos.
  • Mantener actitudes positivas y evitar el estrés, ya que éste produce cortisol, una hormona que al aumentar sus niveles provoca la destrucción de tejidos, dañando nuestro cerebro.

Amor, cariño, actividad física, buena alimentación, estimulación adecuada a la edad y ritmos vitales, así como el descanso cuidan el cerebro, destacando que todo ello se recibe y se aprende en la familia, sin olvidar educadores y la comunidad.

5. El papel de las emociones en el aprendizaje

“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”

Antoine de Saint-Exupéry (1946), El principito (p. 72).  

Ilustración 4. Interpretación pintada por Auxiliadora Castillo García

Poderosas son las emociones en el ser humano llevando al individuo a motivar sus acciones y a lograr sus metas, sean cuales sean.

Por este motivo, en relación a aquellos fines que producen beneficios en el individuo, es indispensable que la emoción los promueva, ya que es lo que posibilitará mantener nuestra atención y esfuerzo a lo largo del tiempo. Es importante señalar que no hay emociones buenas ni malas, más bien podemos hablar de agradables y las que no lo son, lo crucial es conocerlas y saber gestionarlas en cada momento. El miedo, la tristeza o la rabia son emociones que tienen el propósito de defendernos de un peligro, asimilar una pérdida o reconocer algo que no nos gusta. Por otra parte, el afecto o la alegría nos acercan a otros y nos ayudan a identificar aquello que nos hace falta.

Daniel Goleman (1995) en su libro Inteligencia Emocional afirma que: “Nuestros sentimientos, nuestras aspiraciones y nuestros anhelos más profundos constituyen puntos de referencia ineludibles y nuestra especie debe gran parte su existencia a la decisiva influencia de las emociones en los asuntos humanos.” (p. 36).

Las decisiones que tomamos y lo que llevamos a cabo están directamente relacionadas con nuestros sentimientos y con nuestros pensamientos, teniendo mayor peso lo primero que lo segundo. El papel de las emociones en el aprendizaje es tan fundamental que únicamente aprenderemos, es decir, adquiriremos conocimientos memorizándolos y usándolos en el momento preciso, siempre que éstos hayan sido capaces de movernos por dentro.

Todos estos argumentos nos llevan a plantearnos que el aprendizaje de las emociones debe ser emprendido lo antes posible, con el fin de que el individuo sepa interpretarlas y procurarlas en cada momento. De tal manera, que gracias a la buena gestión de las mismas se produzcan buenas conexiones para que se construyan, en definitiva, mejores cerebros.

6. Entrenar la mente

Es manifiesto, en la actualidad, hablar de la plasticidad cerebral. El cerebro es un órgano asombrosamente plástico en el que el proceso de aprendizaje es un continuo. Por este motivo, es posible entrenar nuestra mente para que sea capaz de poner el foco en aquello que nos hace crecer positivamente,

Estamos programados para sobrevivir. Por esta razón, solemos centrarnos en aquello que nos hace sentir amenazados. La buena noticia es que es posible “educar” nuestro órgano enseñándolo a centrarse en lo positivo y haciéndonos personas más resilientes. Esto no significa desproveernos de las emociones que nos mantienen seguros como especie, sino controlarlas para que no nos hagan sentir amenazados ante situaciones que no sean de peligro real.

Elsa Punset (2016), escritora y filósofa española, expone en su obra “El libro de las pequeñas revoluciones” que los seres humanos somos muy táctiles y necesitamos del contacto físico, de ahí la importancia de los abrazos de al menos seis segundos donde la química del cerebro cumple su función haciéndonos sentir bien. El humano adulto tiene tendencia a ponerse en lo peor, provocando estrés. El motivo es muy básico: al cerebro no le importa que seas feliz, le importa que sobrevivas. De este modo tiende a atender cualquier situación que perciba como amenazante para “evitar” otra desagradable.  Por ello, habla de la importancia de entrenar la mente en positivo con buenos hábitos.

Ella propone rutinas tan simples como apuntar o pensar, al final del día, algunas cosas positivas que te hayan sucedido, incluso detalles pequeños en los cuales tu cerebro no acostumbra a pararse. De este modo, ejercitas tu cerebro para que observe, se detenga y se recree en aspectos positivos del día a día. También, gestionar las emociones simplemente a través del cuerpo. Todos los gestos faciales envían señales a nuestro cerebro. Masajear nuestro ceño, sonreír, aunque no tengas ganas, o las llamadas poses poderosas, como elevar nuestros brazos durante dos minutos como si hubiéramos ganado una carrera, por ejemplo, bajan las hormonas del estrés y suben las que provocan asertividad.

Por otra parte, mencionar el “mindfulness”, la atención consciente o la atención plena como una práctica que nos ayuda a concentrarnos en el momento presente. Son ejercicios valiosos a cualquier edad que posibilitarán calma, concentración y vivencia de toda aquella experiencia presente, a través de la respiración y movimientos sencillos que guiarán nuestros pensamientos y nos provocarán mayor consciencia y control corporal. En definitiva, aprendemos con todo el cuerpo. Por esta razón, calmarlo o activarlo en los momentos precisos, gracias al control mental, contribuirá a nuestro bienestar general.

Ilustración 5. Consciencia plena

Si cuidamos el cuerpo para estar en forma realizando ejercicio físico, si mantenemos hábitos de higiene y una alimentación saludable, del mismo modo, podemos y debemos ejercitar nuestra mente para lograr, sin duda, ser más felices.

“La ciencia no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas pocas palabras bondadosas.”

SIGMUND FREUD. Médico neurólogo austríaco y padre del psicoanálisis (1856-1939)

Conclusiones

Es maravilloso pensar el camino que se abre ante el conocimiento de un órgano que se ha ido descubriendo gracias a los avances en neurociencia. Los progresos técnicos y humanos han hecho posible que seamos conscientes de su estructura y funcionamiento. Ser conocedor de ello, por el esfuerzo de otros muchos, nos regala la posibilidad de trabajar, sea cual sea nuestro rol, en beneficio de un aprendizaje mejor y de más calidad. Padres, educadores y comunidad tenemos la responsabilidad de formarnos con el fin de contribuir al desarrollo pleno, sano y eficiente del cerebro. Entender la parte primitiva, la emocional y la racional, conocer en qué momento de la niñez van desarrollándose, aplicar los cuidados necesarios desde el comienzo de la vida, saber el protagonismo que tienen las emociones en nuestras elecciones, la capacidad de entrenar nuestra mente para ser más felices y, sobre todo, siendo conscientes que siempre existe la posibilidad de modular nuestro cerebro, nos proporcionará, inequívocamente, un presente mejor.

Análogamente, sin olvidar la siguiente cita recogida por Ávaro Bilbao (2015), en su libro “El cerebro del niño explicado a los padres” (p. 137):

“La infancia es el jardín en el que jugaremos de mayores”.

ANÓNIMO

Referencias

Libros

  • Bilbao, A. (2015): El cerebro del niño explicado a los padres. Cómo ayudar a tu hijo a desarrollar su potencial intelectual y emocional. Barcelona: Plataforma Editorial.
  • De Saint-Exupéry, A. (1953): El principito. Barcelona: Pub. y Ed. Salamandra, S.A.
  • Goleman, D. (1995): Inteligencia Emocional. Barcelona: Editorial Kairós, S.A.
  • Punset, E. (2016): El libro de las pequeñas revoluciones. 250 rutinas exprés para mejorar tu día a día. Barcelona: Ediciones Destino.

Links

  • Bilbao A., doctor en psicología de la salud y neuropsicólogo, ponencia impartida en el congreso realizado en Madrid (27 y 28 de mayo de 2017) “Buscando la excelencia educativa. Educación de 0 a 3 años. Experiencias significativas” que organizó AMEI-WAECE y cuyo título fue “Cómo funciona el cerebro del niño”. Consultado julio de 2018 en https://www.youtube.com/watch?v=9C0HXssDHzo.
  • Estación Salud. Medicina a tiempo. Hospital Universitario Nacional de Colombia. Entrevista al doctor Álvaro Izquierdo, coordinador académico posgrado de neuropediatría, y al profesor de neurofisiología y neurodesarrollo Jairo Zuluaga Gómez (2016): Desarrollo del cerebro en los niños. Consultado 15-07-2018 en https://www.youtube.com/watch?v=nE6aCn9qRls.