Beneficios de una adecuada gestión emocional en los individuos »
20/09/2018 por Marta de la Fuente Miravalles

Importancia de la educación emocional en las aulas

 

Con frecuencia hay un aspecto que en la escuela se suele dejar a un lado y que es muy significativo en los niños, el tema emocional. Los niños tienen que saber distinguir los diferentes tipos de emociones y ser conscientes de su significado, causas y aquello que les puede provocar, para que de esta manera lleguen a ser capaces de gestionar sus emociones.

Con el control y la gestión de sus emociones, se pueden establecer mejores relaciones sociales, experiencias más satisfactorias, evitar que las emociones negativassuperen a los individuos, mejorar su auto concepto y autoestima, etc. De esta manera, lo que se pretende es que el niño alcance un desarrollo emocional a través de una correcta educación emocional y conseguir el desarrollo integral del niño, su bienestar y felicidad.

Palabras clave

Educación emocional, inteligencia emocional, emociones, escuela.


Often there is an aspect that in the school is in the habit of leaving aside and that is very significant in the children, the emotional topic. The children have to be able to distinguish the different types of emotions and be conscious of his meaning, reasons and that one that can provoke them, in order that hereby they manage to be capable of managing his emotions. With the control and the management of his emotions, better social relations, more satisfactory experiences can be established, prevent the negative emotions from overcoming the individuals, to improve his autoconcept and autoesteem, etc. Hereby, which is claimed is that the child reaches an emotional development across a correct emotional education and to obtain the integral development of the child, his well-being and happiness

Keywords

Emotional education, emotional Intelligence, emotions, school.


1. Introducción

Son diferentes emociones las que los alumnos experimentan durante las clases en la jornada escolar. Emociones como el miedo, alegría, tristeza, vergüenza y satisfacción, entre muchas otras, derivadas de las situaciones y actividades que ocurren en el aula, y en el cual, cada uno de los alumnos que están presentes perciben y sienten, provocando múltiples reacciones en ellos.

Sin embargo, y pese a que esto es algo inevitable, este tema adquiere poca importancia a lo largo de la formación académica de los alumnos, teniendo, por el contrario, una trascendencia y repercusión realmente importante.

Además, esta carencia emocional que se aprecia, no solo existe en las aulas, sino en la vida diaria. Tanto niños, como adolescentes y adultos no saben controlar ni gestionar sus emociones, actuando en muchas ocasiones por impulsos, y donde muchos de los problemas derivan de una mala educación emocional. Por otra parte, son cada día más las empresas que buscan gente con habilidades sociales, otorgando una mayor importancia al trabajo en equipo, colaborativo, cooperativo, al dialogo, capacidad de resolución de problemas, positivismo, etc., y no únicamente a la formación que la persona posee.

Los maestros, en nuestro deber de fomentar el desarrollo integral del alumno, tenemos que trabajar una educación emocional adecuada, y de esta manera conseguir nuestro objetivo, alcanzando los alumnos un mayor bienestar y salud física y mental.

2. ¿Qué son las emociones y qué funciones tienen?

A lo largo de la historia se han ido proponiendo diferentes definiciones de emoción, desde diferentes aportaciones. Para Wenger, Jones y Jones (1962), “casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla”. (Citado en Chóliz, 2005:3).

Cuando se habla de emociones, nos referimos a aquellas reacciones espontáneas que ocurren en nuestro interior dando respuesta a estímulos tanto internos como externos, exteriorizándose a través del cuerpo.

Existen emociones positivas, resultando agradables y produciendo bienestar, apreciadas tras el logro de una meta u objetivo, como son la alegría, humor, amor, felicidad, confianza, etc., y emociones negativas, que por el contrario, resultan desagradables y producen malestar, experimentadas ante la pérdida, frustración, fallo o amenaza, siendo algunas de estas la ira, el miedo, la ansiedad, la tristeza o la vergüenza.

Es importante que los alumnos diferencien los tipos de emociones que existen, en qué consiste cada una de ellas, cómo se producen y por qué, para que, de esta manera logren reconocerlas en cada momento y consigan un control apropiado a las diferentes circunstancias.

Se tiende a pensar que las emociones negativas son malas, pero no es un significado correcto. Bisquerra (2000:91-92) refiriéndose al uso de los adjetivos “positivo” y “negativo”, afirma que es importante tener presente que referirnos a emociones negativas no significa que sean emociones malas. En muchas ocasiones se fija de manera errónea una relación entre negativo y malo y, por otro lado, positivo y bueno, llegando a pensar que se es malo porque se tienen emociones malas, derivando, a veces, en un complejo de culpabilidad. Es fundamental tener presente que es inevitable experimentar emociones negativas ante obstáculos que se presentan en nuestro camino, pero no hay que confundirlo con la maldad de la persona. Esta maldad solo se atribuye al comportamiento subsecuente a la emoción, pero no a la emoción en sí.

Lazarus (1991) establece, dos tipos más de emociones (citado en Bisquerra, 2000):

  • Emociones bordeline: son emociones ambiguas, que dependiendo del contexto pueden llegar a ser positivas o negativas, según las circunstancias, como por ejemplo: la sorpresa, la esperanza o la compasión.
  • No emociones: consideradas en muchas ocasiones como emociones por sus implicaciones que tienen con ellas, pero sin llegar a serlo. Este autor, por ejemplo, engloba la depresión en esta categoría, ya que piensa que no es una emoción, sino el producto que surge tras el agrupamiento de diferentes emociones negativas.

Según León (2014), Darwin, en 1873, fue el primero que otorgó la importancia a las emociones, estableciendo dos funciones:

  • Facilitar la adaptación del organismo al medio y, por tanto, su supervivencia al reaccionar éste de manera adecuada ante las situaciones de emergencia, como por ejemplo lucha o huida.
  • Medio de comunicación de las futuras intenciones a otros animales mediante la expresión de la conducta emocional.

Por otra parte, hay otros autores que hacen referencia a otra clasificación acerca de las funciones de las emociones; para Reeve (1994), existen tres funciones principales:

  • Funciones adaptativas: Como ya hemos citado anteriormente, Darwin fue el primero en hablar de la adaptación del hombre al medio natural. Por tanto consisten en la capacidad que tiene el ser humano para adaptarse a su entorno, teniendo en cuenta las condiciones que lo rodean y focalizando su comportamiento hacia la consecución de objetivos concretos.
  • Funciones sociales: Controlar la conducta de los demás, facilitar la comunicación entre personas, etc. Dependiendo la emoción que se muestre puede llevar a favorecer las relaciones sociales, como por ejemplo a través de la felicidad o por el contrario, pueden generar discrepancias o altercados mediante por ejemplo, la ira. Es un proceso adaptativo, por lo que la expresión de algunas emociones pueden alterar los vínculos sociales y desestructurar grupos sociales (Chóliz, 2005).
  • Funciones motivacionales: Emoción y motivación son términos que están íntimamente relacionados, donde en todas las experiencias están presentes ambas. Por una parte, una conducta motivada puede producir reacciones emocionales, pero por otra parte, la emoción en sí misma, es lo que puede manifestar diferentes comportamientos.

3. Inteligencia emocional

Goleman (1996) divulgó y popularizó el concepto de Inteligencia Emocional a través de  su libro “Inteligencia Emocional”.

Para Goleman (1996:75), la Inteligencia Emocional representa “la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el engaño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último, la capacidad de empatizar y confiar en los demás”.

A través de este autor, se aprecia que no existe una relación directa entre Cociente Intelectual y el Cociente Emocional, sino que se complementan, manifestándose en las interrelaciones que se producen. Aquellos que tienen mayor cociente intelectual, pero sin embargo menos cociente emocional, pueden lograr el mismo objetivo  o fin que aquellos que, por el contrario, tienen menor cociente intelectual pero mayor control de la inteligencia emocional. Es decir, el éxito de una persona no solamente está condicionado por su cociente intelectual, sino que también está determinado por la capacidad que el individuo tiene para reconocer y determinar su estado emocional y actuar de la manera más apropiada.

Los componentes que constituyen la inteligencia emocional son:

  • Conciencia de uno mismo: conocer e identificar así como entender las diferentes emociones que un individuo posee y cómo le afectan. Puntos fuertes y débiles, necesidades, motivaciones, etc. La principal característica es la confianza en uno mismo y la capacidad de crítica.
  • Autoregulación: Control de las emociones y sentimientos en las diferentes circunstancias. Capacidad de pensar antes de actuar para que, de esta manera, podamos manejar nuestras reacciones de forma apropiada en los diferentes contextos que se puedan dar. Aquellas personas que tienen autorregulación confían más en sí mismas y están más abiertas a posibles cambios.
  • Motivación: Tendencias emocionales que guían y facilitan el logro de objetivos. Pasión por trabajar por razones ajenas al dinero y estatus y tendencia a lograr metas con energía y persistencia. Existe optimismo cuando hay fracaso y gran impulso hacia el logro.
  • Empatía: Habilidad para tener conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás, expresados tanto de forma verbal como no verbal. Ser capaz de ponerse en el lugar de otras personas y así poder entenderlas y tratarlas conforme a sus reacciones emocionales.
  • Habilidades sociales: Capacidad para manejar las emociones de los demás e influir en ellos, es decir, inducir respuestas deseables en otras personas pero no entendidas como capacidades de control sobre el individuo. Habilidad para crear y mantener relaciones, reconocer conflictos y solucionarlos, percibir los estados de ánimos en los demás, etc. No se trata de una cuestión de cantidad, sino de calidad. Normalmente, aquellas personas que poseen habilidades sociales son más efectivas para liderar el cambio, para persuadir o para liderar.

En la sociedad han surgido una serie de problemas, como son la ansiedad, miedo, depresión, violencia, etc., a los que nos tenemos que enfrentar diariamente y en muchas ocasiones sin los recursos suficientes, especialmente en la población más joven, y también dándose más en hombres que mujeres, según un estudio realizado por Sánchez, Fernández – Berrocal, Montañés y Latorre (2008). Esto es debido al “analfabetismo emocional” que existe, provocando efectos negativos sobre las personas y la sociedad. De este modo, surge una necesidad educativa que lleve a una mejora de la Inteligencia Emocional, donde seamos capaces de conocer y controlar nuestras emociones y sentimientos y, de esta manera, actuar de forma adecuada, en función de las circunstancias. Además, aquellos que tienen una estabilidad emocional adecuada tienen mejor autoestima y previenen algunas enfermedades, ya que se ha demostrado que algunas emociones negativas tienen un efecto directo y perjudicial para la salud.

El nivel de inteligencia emocional que una persona posee está relacionado con las diferentes experiencias personales e interpersonales por las que ha pasado a lo largo de su vida. Es considerada como el factor más importante que interviene en la persona, puesto que tiene que ver tanto con el éxito en las relaciones personales, así como en el rendimiento del trabajo. Con una buena inteligencia emocional se puede actuar mejor en el mundo laboral, puesto que en estos trabajos, no solo se busca personas con conocimiento, sino también con otras cualidades personales, interviniendo de esta manera la inteligencia emocional como parte de las relaciones sociales. Por tanto, se puede observar como la inteligencia emocional influye en todos los ámbitos de la vida.

4. ¿Cómo adquirir Inteligencia emocional? Educación emocional.

La dimensión emocional tiene gran importancia en el individuo para, de este modo, conseguir un desarrollo integral de la persona y no plenamente cognitivo, como se viene dando hasta ahora. De esta forma, el desarrollo emocional se establece como complemento indispensable al desarrollo cognitivo.

Según Bisquerra (2000:243), la educación emocional se entiende como “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Para ello se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social”.

Siguiendo a este autor, la educación emocional es un modelo educativo que surge de las necesidades sociales no atendidas en las materias académicas ordinarias. Es continuo y permanente porque está presente a lo largo de todo el currículo académico y en la formación permanente a lo largo de toda la vida. A través de la educación emocional se intenta disminuir y prevenir la vulnerabilidad de las personas a determinados estados, como la impulsividad, ira, violencia, etc. Existen trabajaos que avalan esta información, como viene a ser el trabajo realizado por Ambrona, López y Márquez (2012) sobre la eficacia de un programa de educación emocional breve para incrementan la competencia emocional en niños de Educación Primaria.

En definitiva, es la capacidad de las personas acerca de sus propias emociones y de las del resto, para de esta manera, poder regular sus comportamientos en las diferentes situaciones que pueden darse y actuar de forma adecuada, para prevenir diferentes trastornos psicológicos presentes en la sociedad; maximizando las tendencias constructivistas y minimizando las destructivas, y así conseguir un desarrollo integral de la persona y un bienestar tanto personal como social.

El desarrollo de la educación emocional viene dado a través de la competencia emocional, considerándose la herramienta para educar las emociones, siendo el enlace entre la inteligencia emocional y la educación emocional. Diferentes autores han establecido los componentes de la competencia emocional. A partir de Bisquerra (2003), el GROP (Grup de Recerca en Orientación Psicopedagógica) de la Universitat de Barcelona, contribuye al desarrollo de las competencias emocionales, creando un modelo utilizado con éxito en el sector educativo. Dicho modelo está compuesto por las siguientes competencias.

  • Conciencia emocional. Es la más importante ya que es el primer paso y base en la adquisición del resto de competencias emocionales. Nos permite conocer nuestras emociones así como la de los demás y los efectos que producen en las acciones. Aquellos que tienen un mayor dominio de la conciencia emocional son capaces de reconocerlas en cada momento y por qué es debido, cómo afectan en su rendimiento y comprenden las conexiones existentes entre sus sentimientos. Además son conscientes de la emoción que vivencian cuando se relacionan con otra persona, ya sea positiva o negativa, y esto influye tanto en el propio comportamiento como en el de la otra persona.
  • Regulación emocional. Respuesta adecuada de las emociones en las diferentes circunstancias. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento. A través de la regulación emocional se aprecia como un sentimiento interno puede no expresarse de forma externa y como nuestras emociones pueden impactar en otras personas. Incluye habilidades de afrontamiento, competencia para generar emociones positivas, regulación de la impulsividad, tolerancia a la frustración, entre otras.
  • Autonomía emocional. Incluye características relacionadas con la autogestión y percepción personal, entre las que se encuentran la autoestima, automotivación, actitud positiva, responsabilidad, autoeficacia emocional, análisis crítico de la sociedad y capacidad para afrontar las situaciones adversas que se puedan presentar.

Se desarrolla a través de diferentes tipos de relaciones, distinguiéndose relaciones primarias, siendo aquellas que se mantienen con los padres; secundarias, manteniéndose con otras personas relevantes e importantes como pueden ser amigos, familiares o profesores; y por último terciarias, dadas con objetos de bienestar, gusto y poder.

  • Competencia social. Implica la capacidad para relacionarse adecuada y positivamente con el resto de personas. Conlleva dominar las habilidades sociales, respeto por los demás, comunicación receptiva, compartir emociones, cooperación,prevención y solución de problemas y capacidad para gestionar situaciones emocionales. Dentro de la competencia social, destaca la asertividad.
  • Competencias para la vida y el bienestar. Capacidad para afrontar satisfactoriamente retos de la vida relacionados con asuntos privados, sociales, familiares, de trabajo, etc., y así favorecer una organización de nuestra vida y una convivencia social sana, permitiendo situaciones de bienestar. Encontramos incluidas la identificación de problemas, fijación de objetivos positivos y relistas, solución de conflictos, entre otros.

En un estudio de Nóbrefa (2014), acerca de la Inteligencia Emocional, se manifiesta como las personas según van creciendo van desarrollando progresivamente su nivel de competencia emocional. Aquellas personas que tienen la competencia emocional bien desarrollada son propensas a tener mayores situaciones de éxito y ser más sanos, enfrentando la vida de forma positiva (Goleman, 1996). Si se carecen de los elementos mínimos para identificar tanto nuestras emociones como las de los demás, es más probable que existan situaciones de riesgo social y, por tanto, con mayor posibilidad de llegar a ser alcohólicos, delincuentes, etc., afectando también a la salud, ya que además de problemas psicológicos, tienen bajas defensas en el sistema inmunitario. Debido a todo lo anterior, se destaca la necesidad de adquirir las competencias emocionales, para así adquirir una educación de las emociones y por consiguiente incrementar nuestra inteligencia emocional.

5. Formas de trabajar el desarrollo emocional en la escuela.

Existen diferentes maneras de trabajar con los alumnos la Educación Emocional para así conseguir en ellos la Inteligencia Emocional, y con ello su bienestar y felicidad. A continuación, se muestran tres formas.

  • Expresión corporal. La expresión corporal surge a partir de los años sesenta, orientada a preparar al niño no solamente para expresarse y emitir y recibir mensajes a través del cuerpo, sino que además consiste en la interiorización, autoconocimiento y aceptación del propio cuerpo y la del resto de compañeros, llegando a conseguir una persona autónoma y crítica, para así lograr un desarrollo integral de la persona (Cáceres, 2010).

El individuo, a través de la expresión corporal, es capaz de conocer mejor su cuerpo, sus emociones y sentimientos, y de esta manera, consigue un mejor control de su propio cuerpo para así poder expresarse y comunicarse de una manera correcta y adecuada.

  • Comunicación verbal. También denominada consciente y racional. La comunicación verbal se puede realizar de dos formas diferentes: por una parte la oral, que se parte de signos orales y del lenguaje o palabras habladas. Por otra parte, la comunicación escrita, en donde se emplea la representación gráfica de signos. Aunque la forma más común de comunicarnos es a través del lenguaje articulado, mediante sonidos, palabras, frases y oraciones; también hay otros modos, como por ejemplo, los gritos, llantos, risas, logotipos, siglas, etc.

Para que una comunicación sea adecuada y correcta, la comunicación verbal no debe actuar sola, sino que ha de ser acompañada por una comunicación no verbal, representada por gestos, movimientos, posturas, etc.

  • Comunicación no verbal, inconsciente y emocional, siendo más rápida. Tiene gran importancia en la vida diaria de las personas, ya que se emiten y reciben mensajes constantemente, aportándonos y ofreciéndonos mucha más información de la que podemos pensar. Controlar y tener conocimiento acerca de la comunicación no verbal es importante para expresar correctamente lo que se desea y de esta manera evitar malentendidos. Pons (2015) destaca que la primera impresión que una persona nos causa tarda solamente siete segundos, dependiendo el 93% de la información que comunicamos del lenguaje corporal, sin tener nada que ver con lo que decimos.

Conclusiones

Una inadecuada gestión de las emociones puede provocar en muchas ocasiones malas relaciones sociales, problemas de salud y problemas psicológicos, repercutiendo en la vida de las personas, limitando de esta manera la felicidad y el desarrollo integral del individuo.

Mediante una correcta educación emocional se pretende que las personas adquieran un mayor conocimiento acerca de nuestras propias emociones y saber regularlas, incrementar el umbral de tolerancia a la frustración, tener la habilidad para generar emociones positivas y motivarse, y lograr una actitud positiva ante la vida.

A través de la escuela y de la familia se tiene que conseguir que los escolares tengan una mayor autoestima, optimismo, empatía, capacidad de superación, etc., ya que el desarrollo emocional se produce especialmente desde el nacimiento hasta la pubertad, convirtiéndose este periodo en el más adecuado para la educación emocional y así conseguir un desarrollo adecuado de la inteligencia emocional y poderperdurar el resto de la vida y conseguir personas más felices y saludables.

Referencias

Libros

  • Bisquerra, R (2000).Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.
  • Goleman, D. (1996). Barcelona: Kairós.
  • Reeve, J. M (1994). Motivación y emoción. Madrid: MacGraw – Hill.
  • Pons, C. (2015). Comunicación no verbal. Barcelona: Kairós

Revistas

  • Ambrona, T., López – Pérez, B., & Márquez – González, M. (2012). “Eficacia de un programa de educación emocional breve para incrementar la competencia emocional de los niños de Educación Primaria.” Revista española de Orientación y Psicopedagogía, Vol. 23 (pág. 39-49).
  • Cáceres, M.A. (2010). “La expresión corporal, el gesto, y el movimiento en la edad infantil.” Revista digital para profesionales de la enseñanza, Vol. 9 (pág. 1-7).
  • Nóbrega, N., & Franco, G. (2014). “Inteligencia Emocional: La comprensión emocional y las relaciones entre pares en el jardín de la infancia.” INFAD Revista de Psicología, Vol. 5 (pág. 167-176).
  • Sánchez, M.A., Fernández-Berrocal, P., Montañés, J., & Latorre, J.M. (2008). “¿Es la inteligencia emocional una cuestión de género? Socialización de las competencias emocionales en hombres y mujeres y sus implicaciones”. Revista Electrónica de Investigación Psicoeducativa, Vol. 6 (pág. 455-474).

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